♥ Wed Nov Fuegos De Otoño♥ Jackie Black


(Enriqueta) #141

ESTA SUPER LA WED


(Vivian Rodriguez) #142

— ¡Pero ni siquiera conozco a tu familia, Fer! ¿Qué es lo que te hace pensar que ellos me recibirán con los brazos abiertos?

Ella le volvió la espalda, exasperada, sintiéndose inexplicablemente irritada por primera vez desde que habían ordenado su relación amorosa.Él se aproximó a ella y la rodeó cariñosamente con sus brazos.

— Porque ya les he hablado sobre ti,Lu —dijo él, mirándola a los ojos inquisitivamente, preguntándose obviamente, qué era lo que estaba sucediendo con ella— y ellos están ansiosos por verte. Estarían dispuestos a darle la bienvenida a quienquiera que haya logrado sacarme de mi auto exilio, pero eso tampoco durará mucho tiempo. Te querrán desde el primer momento que te vean y la gratitud, pronto habrá de transformarse en genuino afecto.

Lu, se sintió preocupada y un tanto disgustada por no encontrar un medio viable para expresar sus sentimientos. No pudo hacer otra cosa más que enterrar su cabeza en el hombro de Fer y llorar desesperadamente. Durante un rato, él la estrechó con fuerza y luego le alzó la cabeza.

— ¿Qué hay de malo, cariño? —preguntó con ternura—. ¿Qué es lo que realmente está mal?

— ¡Fer, no lo sé! —se lamentó frustrada, aunque él no pudiera solucionarlo, a menos que ella se lo explicase.

— Seguramente que sí —la apresuró con suavidad, al tiempo que masajeaba su espalda con cálidas manos y la observaba con amor en los ojos—. Dímelo —dijo él simplemente.

Luego de inspirar profundamente, ella se dio cuenta de que podía hacerlo.

— Tengo miedo, Fer —susurró—. Mientras estuvimos aquí, todo fue maravilloso. Pero muy pronto deberemos iniciar una vida nueva, en ambientes distintos y la vida que he llevado hasta este momento es tan distinta de la que me espera... Tengo miedo de no poder adaptarme a ella. Temo que no te sientas la misma persona cuando vuelvas a tus antiguas actividades. Creo que no soy más que una cobarde. —ella bajó la cabeza, sintiéndose avergonzada por sus temores, pero al mismo tiempo aliviada, por haber logrado contárselos.

—Lu... —Para su tranquilidad, la voz de él no se oía impaciente, ni indulgente ni tampoco condescendiente. Parecía la voz de un hombre enamorado que aceptaba a su amada y también sus temores como legítimos.— Créeme. Te adaptarás y yo no cambiaré. Claro que hay que reconocer que todo será distinto de lo que tú estabas acostumbrada. Ambos tendremos que ceder en algunos aspectos pero lo importante es que nos amamos. Y no permitiremos que el otro decaiga. Ten fe en mí y en ti misma. Mientras estemos juntos, todo saldrá bien.

— De acuerdo, Fer —murmuró ella contra su pecho—. Tiraré mi pasado por la borda y te seguiré. De todas maneras, no tengo alternativa: te amo demasiado.

Fer se aferró a ella con fuerza y su voz sonaba cual un agradable aliciente.

— Es la verdad, cariño, créeme. Con amor, podemos conquistar al mundo.


(Vivian Rodriguez) #143

SUBIENDO CHICAS


(Maria Mendoza Lameda) #144

Que de apoyen, juntos lograran superar todos los obstáculos que se le presenten, espero cap amiga, amo la web


(Enriqueta) #145

ESTA MAGNIFICA


(Vivian Rodriguez) #146

~:heart:~ Capítulo 11 ~:heart:~
Aquél era el último sábado antes que Fer y Lu se marcharan a la ciudad de Jefferson. Por ello, ambas parejas decidieron pasar el día en la ciudad de Kansas, combinando el placer con la diversión: pensaban elegir el papel para las paredes, la pintura y los demás accesorios para la casa pero sin que tal actividad constituyera una obligación, sino un alegre entretenimiento.

Comenzaron el día en el famoso Plaza, un centro de compras al estilo español, característico por ser el primero de su clase en el país. Caminar en él era sumamente agradable puesto que se podía disfrutar de la belleza de sus fuentes y estatuas y de la arquitectura española. Tanto a Lu como a Alice les habían prometido que hacia el final de la tarde, darían un paseo en un carruaje tirado por caballos, para que pudieran ver la zona en más detalle y sin cansancio de pies. Alice se lamentaba que hubieran hecho ese paseo con tanta anticipación a Navidad. Le aseguró a Lu que realmente valía la pena ver todas las decoraciones y las luces típicas de esos festejos adornando el centro de compras.

— No te preocupes, Alice, la traeré otra vez —prometió sonriente—. Yo ya lo he visto y no me gustaría que ella se lo perdiese.

Luego de haber atacado las tiendas del Plaza, ordenando una variada cantidad de artículos para la casa, se dirigieron hacia otro complejo de compras, llamado Crown Center, en el cual el aspecto cambiaba notoriamente; se trataba de un estilo griego que caracterizaba los petit restaurantes que el centro de compras ofrecía a sus visitantes.

Luego de haberse deleitado con las exquisiteces que saborearon con las grandes variedades de comida ofrecidas en el petit restaurante, recorrieron el complejo de tiendas principal, el cual contaba con un hotel, un centro de convenciones, diversas tiendas y restaurantes y una enorme fuente, ubicada en medio del hall que estaba a la entrada del edificio.

Cenaron en un elegante restaurante, situado en el último piso de un hotel del Plaza, el cual ofrecía un espectáculo musical con una banda típica. Lu se sintió halagada cuando Fer se acercó a ellos y les pidió que ejecutaran una canción muy romántica en su honor Fer se unió al coro, expresando con su mirada, el verdadero amor que sentía por ella al pronunciar cada palabra de la letra de la canción. Las cuatro ventanas del restaurante vislumbraban una vista panorámica del iluminado Plaza. Poco después, mientras disfrutaban del prometido paseo en carruaje, Lu se acurrucó junto a Fer para disfrutar de la calidez física y emocional que se desprendía de su cuerpo.

Todo aquel día y su noche resultaron algo para recordar siempre y Lu tenía en mente rememorarlos a menudo, con todos los detalles, aunque omitiendo algunos. No deseaba recordar a ninguna cajera ni a cualquier otra persona que hubiera visto en la calle, observando a Fer con gran intensidad, cual si hubiesen estado seguros de conocerlo pero no de dónde. Esos incidentes le habían traído a la memoria el pasado de él y una aguda preocupación acerca de su futuro. Sin embargo, la joven disipó sus pensamientos puesto que no quería que nada estropease el día y la noche perfectos del cual tanto había disfrutado.

John y Alice acompañaron a la otra pareja hasta la casa de Fer. Al llegar allí, Fer los invitó a tomar una copa antes que se fueran a dormir. John y Alice no dejaban de bostezar de cansancio y habrían deseado rechazar la invitación, pero ante la insistencia de Fer por querer retribuirles en cierto modo su hospitalidad de los últimos días para con él, tuvieron que aceptar.Alice fue la primera en hacerlo.

— De acuerdo, pero por favor, ni se te ocurra ofrecerme nada para comer. Me tomará meses bajar los kilogramos que he aumentado en un solo día.

John le dio unas cariñosas palmadas y murmuró alentándola:

—No te preocupes por la gordura, cariño —la bromeó afectuosamente—. Dentro de un par de meses nadie sabrá si los kilos son tuyos o del pequeño.

Alice hizo una mueca de disgusto pero Fer y Lu rieron como John.

— Eso es cierto, Alice —se unió Lu a la burla de John—. Aprovecha la oportunidad mientras puedas. Siempre puedes poner la excusa de que comes por dos.

— Sí pero cuando el bebé decida salir de aquí adentro, aún me veré como si fuésemos dos personas en una —protestó mientras salía del automóvil y se encaminaba con los demás, hacia el interior de la casa.


(Enriqueta) #147

ESTA FANTASTICA LA WED


(Maria Mendoza Lameda) #148

Que bello Fer, le está demostrando a Lu de todas las maneras posibles que la ama, siguela amiga, amo la web.


(Vivian Rodriguez) #149

Todos bebieron sus copas y Lu podía asegurar, por la actitud de Fer, que él deseaba estar a solas con ella, a pesar de haber insistido en que John y Alice los acompañaran. La muchacha se preguntaba si aquel deseo tendría algo que ver con su breve intromisión en una de las joyerías del centro de compras y con el pequeño bulto que ella había notado en su bolsillo, cuando se acurrucó contra él en el carruaje.
John y Alice debieron de haber presentido algo de eso, ya que después de haber bebido una sola copa, comenzaron a hacer los preparativos para marcharse.

— Llevaré a Lu más tarde —dijo Fer.

Nadie opuso objeciones, puesto que ya era costumbre, que Lu pasara la mayor parte de la noche en casa de él. No obstante, trataban de mantener discreción, haciendo que Lu regresara a casa de John y Alice antes del amanecer, por mucho que les costara despedirse.

—Bien —dijo John mientras ayudaba a su esposa a ponerse el abrigo.

Lu dio un respingo al escuchar la campanilla del teléfono. Era la primera vez que Fer recibía una llamada telefónica desde que lo había conocido y ella habría deseado de todo corazón que no hubiese sucedido justo aquella noche, cuando ella estaba ansiosa por recibir la supuesta sortija de compromiso. Hasta el momento, no se había dado cuenta de que necesitaba la confirmación de Fer como su futura esposa, pero sí era imprescindible y no quería que nadie interfiriese en el acontecimiento.

— ¿Sí? —contestó, casi ladrando.

Lu soltó una risita de placer al comprobar que él estaba tan ansioso por liberarse del resto del mundo en ese momento como lo estaba ella. Sin embargo, su actitud cambió rápidamente al ver la de Fer.

— ¡Oh, por Dios! —El rostro de él se tornó gris.— ¿Cuándo? —preguntó nervioso y luego se dedicó a escuchar con gran atención, antes de volver a hablar con una voz fría y entrecortada—. Estaré allí tan pronto como pueda, Bill. Dile a papá... —Se detuvo para inspirar y tratar de calmarse.— No tiene importancia —dijo él con tono ronco—. Dios mediante, se lo diré yo mismo. Adiós.

Lu corrió hacia él al ver que había colocado el auricular en la horquilla y permaneció tieso, junto al teléfono, con la cabeza gacha y los hombros caídos.

— ¿Qué sucede, cariño? —preguntó ansiosa, y su voz expresaba todo el amor que sentía hacia él.

Él se irguió y apoyó sus manos sobre las de ella, que estaban sobre sus hombros.

— Mi padre ha sufrido un ataque al corazón —dijo amargamente—. Debo ir a la ciudad de Jefferson lo más pronto posible.

— ¡Fer!...—gritó acompañando el dolor de su amor, al tiempo que lo abrazaba. Permanecieron así durante un largo rato y luego él se apartó

—Debo irme, cariño —murmuró ausente—. Cada segundo tiene una importancia vital.

—Por supuesto —acordó, deseando que él le pidiera que lo acompañase, pero al mismo tempo comprendiendo que estaba preocupado por la salud de su padre—. ¿Quieres que te ayude a empacar?

Él meneó la cabeza y se dirigió a tomar una chaqueta.

—Tengo ropa en Jefferson —balbuceó—. Quiero irme ya.

Ya estaba casi en la puerta cuando recordó que había mas personas en la habitación. Miró a John y a Alice con una vaga expresión. John se aproximó a él y apretó su hombro, como muestra de amistad sin decir ni una palabra. Alice expresó exactamente lo mismo con sólo mirarlo. Luego, Fer dirigió su mirada a Lu, quien corrió a besar sus labios y a tomarle el rostro entre sus manos.

—Ten mucho cuidado al conducir —dijo ella con voz estrangulada y lágrimas brillando sobre sus pestañas—. Rezaré por tu padre.

Fer asintió con la cabeza, diciendo con sus ojos lo que no podía con sus labios y luego se marchó. Lu se quedó parada en la puerta, aún abierta contemplándolo mientras se subía a su Jeep, encendía el motor y saludaba con tristeza. Luego, lo vio también, desaparecer en la oscuridad de la noche...
John se le aproximó por la espalda y la tomó por el hombro, tratando de reconfortarla.
— Vamos a casa, hermanita —dijo suavemente—. No hay nada que puedas hacer aquí.

— ¡Oh, John! —gimió abandonándose en los brazos de su hermano, suplicándole aliento—. Debería estar con él. Tiempo nada tiene que ver. Él había estado en lo cierto. Y si ella lo hubiese escuchado, habría tenido todo el derecho de estar junto a él en ese momento, viajando con él para aliviar su pena, mientras Fer conducía deseando lo mejor pero temiendo lo peor.

En cambio, ella se quedó allí, sin siquiera tener la seguridad de una sortija de compromiso en su dedo que le indicase que pertenecía a Fer Bold... y que él le pertenecía a ella.


(Enriqueta) #150

QUE LU VALLA A DARLE SU APOYO Y CONOSCA LA FAMILIA DE FER


(Vivian Rodriguez) #151

GRACIAS QUETA POR COMENTAR


(Maria Mendoza Lameda) #152

Que Lu vaya, el la necesita en estos momentos, siguela amiga.


(Vivian Rodriguez) #153

YO LA SIGO ENTRE UN RATO ES QUE VENGO DEL HOSPITAL


(Vivian Rodriguez) #154

~:heart:~ Capítulo 12 ~:heart:~
Era casi de mañana, luego de una fatigosa noche de dar vueltas y vueltas en la cama. Con poquísimos momentos de sueño, Lu emergió de las profundidades de su cansancio. Así logró descansar a medias, con ese estado mental en el cual a veces se reposa y de inmediato, el cerebro comienza a funcionar con devastadora eficiencia. Esa vez, sus pensamientos no fueron para nada piadosos al encaminarse al tema del padre de Fer, preocupándola también por el mismo Fer... por si había logrado llegar bien a Jefferson... a tiempo... y también por el lugar que ella misma ocupaba en la vida de él.

Sólo había tratado con él durante un mes escaso, en el cual Fer se había tornado tan importante, que ella abandonó su carrera... luego de haber luchado tanto para conseguir el cargo que tenía... y se dedicó de lleno a él, sin más ni más. Y aún en ese momento, enfrentada con su primera separación, miles de temores la acosaban, temores de los cuales no conocía su naturaleza. Pero... ¿era verdad eso de que no conocía su naturaleza?, reflexionaba, mientras se sentaba en la cama, con los codos apoyados sobre sus rodillas, sosteniéndose con ambas manos la cabeza.

Su temor más persistente era el que Fer sólo hubiese necesitado de ella temporalmente. Que ella hubiera llegado a su vida en el preciso instante en que él había decidido escapar de su exilio auto impuesto y estaba listo para tomar la vida nuevamente en sus manos. ¿Acaso sería eso más reconfortante para la vida que una mera relación entre un hombre y una mujer? Pero una vez que Fer volviera a estar inmerso en su viejo hábitat, ¿sentiría lo mismo hacia ella que con respecto a la mujer que ocupaba su sitio anteriormente?

Lu meneó la cabeza violentamente, deseando haber podido subir a ese Jeep con él la noche anterior, llevando consigo sólo la ropa que tenía puesta. La ropa y los artículos de toilette podrían comprarse allá. En cambio, el amor de Fer no, y ella se sentía como si lo hubiese abandonado justo en el momento en que él más necesitaba de su compañía.

Suspiró profundamente, mientras con sus brazos formaba una cómoda almohada para apoyar el mentón. Se quedó con la mirada fija, en blanco... Su segundo temor, apenas menos intenso, martillaba su cabeza y la bombardeaba una duda: ahora que Fer estaba de regreso en el seno familiar, sin duda, cumpliendo con las obligaciones de su padre que sin querer, lo pondrían nuevamente en escena, ¿podría revivir su pasión por la vida política? ¿Se podría resistir Fer a ella si eso ocurriese? ¿Debía resistirse a ella cuando era un hombre tan prometedor y con tantas cosas para ofrecer? Y si Fer no se resistía, ¿podría ella, Lu Wren, penetrar en ese mundo con el corazón abierto a la política, tal como lo había hecho Lila, que, por otra parte, era lo que él se merecía de su esposa?

Lu soltó un gemido de preocupación mientras se levantaba de la cama y se encaminaba hacia el cuarto de baño para tomar una ducha. Todo lo que sabía de sí era que, básicamente, era una persona a quien le gustaba mantener la privacidad de su vida. Además, la idea de casarse no involucraba en absoluto, el tener que compartir a su marido con un infinito número de extraños. Claro que ella tampoco era una pegajosa, pero, sin embargo... quería ser la primera, la más importante para él. Por eso no se sentía segura de poder ser feliz si se la relegaba al último lugar, hecho que seguramente acontecería si la carrera de Fer fuese más importante que su familia. Y tampoco podía soportar la idea de privarlo a él de algo tan importante, por sus propias razones egoístas.

Media hora más tarde, con todo su bagaje de dudas y temores, Lu bajó las escaleras, para enfrentar a John y a Alice en la mesa del desayuno, quienes tenían la misma expresión de desazón que ella. Ambos la contemplaban con muda compasión y Lu era consciente de que sus ojeras y su posición cansada revelaban cómo se sentía interiormente. Sólo guardaba la esperanza de que no adivinasen todas las razones que alimentaban su abatimiento.

Se esforzó por enderezar los hombros y dibujar una fingida sonrisa sobre sus labios. Intercambió los acostumbrados "buenos días" y luego rechazó la taza de café que Alice le había ofrecido.

— Tengo algo que hacer primero, Alice —dijo ella tranquilamente—. Quiero ir a casa de Fer para asegurarme que Joe tenga el alimento y el agua suficientes. No hay nadie que lo cuide ahora que él no está allí.

—Tráelo aquí —ofreció su hermano generosamente—. A menos que creas que es conveniente dejarlo en casa de Fer para que la vigile.

Ella sonrió cálidamente a su hermano por la gentileza que había tenido y por sus dulces intenciones.

— Gracias, John —respondió—. Quizás deba traerlo. Si cierro bien las puertas con cerrojo, no creo que haya necesidad de un perro guardián que la vigile. Me imagino que Joe se debe de sentir muy solo sin nadie que lo mime. —Luego, deliberadamente, miró a Alice como pidiéndole también su autorización.— ¿Te importaría, Alice? —preguntó un tanto ansiosa.

— Por supuesto que no —respondió su cuñada con énfasis—. Adoro los perros, y John y yo hemos estado planeando conseguir uno para nuestro pequeño.


(Maria Mendoza Lameda) #155

Que Lu aleje esos pensamientos de la cabeza Fer la ama, que confíe en el y en su amor, me encanta amiga, siguela.


(Vivian Rodriguez) #156

CHICAS LA WED SE ESTA TERMINANDO PERO TERMINA MAL YO VOY A HACER ALGO LE VOY A PONER MI TOQUE PORQUE DE VERDAD QUE TERMINO MAL


(Vivian Rodriguez) #157

Abrazó y besó a ambos rápidamente y condujo su automóvil hasta la casa de Fer. Antes de buscar a Joe, entró a la casa para cerrar todas las ventanas y puertas cuidadosamente, para evitar que se entrometieran en ella. Pero al llegar a la habitación de Fer, se derrumbó contra el marco de la puerta, cerrando los ojos para no ver el lecho donde tantas horas había pasado junto a él, explorándose el uno al otro.

Durante unos momentos se preguntó si volverían a hacer el amor otra vez. Se encaminó hacia la cama y se sentó en el borde, dando un puñetazo a la almohada que él usaba, al acolchado que tantas veces había apartado con sus piernas mientras hacían el amor. Sonrió lánguidamente al recordar las alborotadas sábanas y frazadas que ella alisaba y también lo incómoda que se sentía ante la evidencia de haber hecho el amor tan salvajemente. ¿Volvería a hacer esa cama después de destruir las impecables sábanas con tanto placer?

Meneó la cabeza y apartó su mano de la cama, ocultándola sobre su falda. Cerró los ojos contra las lágrimas que insistían en salir para bañar sus mejillas. Luego oyó un ladrido prolongado, el cual sólo podía pertenecer a Joe, que estaba afuera. Se enjugó las lágrimas recordando el motivo que la había llevado allí. Se levantó de la cama y observó, a través de la ventana, al pobre Joe, que se veía tan triste como ella.

— Aguarda un minutito, Joe —gritó ella.

Joe estaba tan ansioso por tener compañía que cuando la joven se acercó a él, casi la arrojó al suelo. Lu recuperó el equilibrio y rió por los extraños sonidos que el perro emitía, similares a los de un niño llorando por su padre.

— Está bien, Joe, sé cómo te sientes —lo consolaba ella, al tiempo que se agachaba para rascarle las orejas y estrechar su inmensa cabezota contra su pecho—. Yo también lo extraño.

Ella lo acarició y lo mimó tanto como pudo, hasta que el animal se echó hacia atrás, en su habitual muestra de alegría. Extendió todo su cuerpo, panza arriba para permitir un mejor acceso a la mano de la muchacha, quien se sintió aliviada al comprobar que Joe la aceptaba como a una perfecta reemplazante de Fer. Esa actitud mitigó los temores y dudas de Lu.

— Seré una buena esposa para Fer —susurró ferozmente en los oídos de su acompañante—. No voy a perderlo por nada en el mundo y haré lo que sea necesario para su bien... y en último término, para el mío.

Luego de haber ofrecido a Joe una breve siesta, se dirigió al interior de la casa para encender una lámpara y cerrar las puertas. Invitó a Joe a subir a su auto y se encaminó a casa de su hermano. John la estaba esperando en la puerta y el corazón de Lu se aceleró al deducir, por la expresión de John, que él tenía noticias para ella.

—Fer llamó mientras estuviste fuera —le informó, un segundo después que ella saliera del auto.

—¿Sí? —gritó ansiosa, con evidente frustración por haberse perdido la oportunidad de escucharlo—. ¿Qué dijo? ¿Está bien su padre? ¿Volverá a llamar? ¿Le...?

—¡Eh! —se apartó de ella, manteniendo en alto sus dos manos como para escudarse de la balacera de preguntas que su hermana le estaba formulando—. Si me das tiempo podré contarte todo.

— Bueno, hazlo de una vez —gruñó, tratando de arrancarle las respuestas.

—De acuerdo —dijo con una sonrisa—. Su padre está resistiendo y por el momento no existe peligro inmediato. Fer está bien y quiere que vayas a la ciudad de Jefferson. Pero primero quiere que lo llames para que pueda explicarte cómo llegar.

Lu le echó los brazos al cuello y John no dejaba de reír y quejarse en burlona agonía.

—¡Gracias John! —dijo ella, medio riendo, medio llorando, al enterarse de que Fer la quería a su lado y que ella lo vería dentro de poquísimo tiempo. Luego se apartó, no sin antes darle un sonoro beso que lo molestó un poco—. ¿Cuál es el número? Quiero llamar de inmediato —Empujó a John hacia la casa dejando en libertad a Joe para que los siguiera.

En lugar de responderle, John se encaminó hacia el teléfono, y la puso en comunicación con Fer. Lu permaneció contemplándolo mientras se alejaba, tratando de aquietar la emoción que se anudó en su garganta al escuchar la voz grave de Fer, diciendo:

— ¿Hola?

— ¿Fer? —preguntó, con voz cargada de emoción—. Soy Lu, Fer. ¿Có—cómo estás? —Todo su amor se expresaba en el tono de voz.

— Cansado —respondió la voz que por sí sola evidenciaba como cierta la auto descripción de él.

—¿Cómo está tu padre?

—Está tratando de salir adelante —respondió satisfecho—. Tendrá que soportar un largo período de convalecencia pero todos tenemos fe en que logrará superarlo.

— Estoy tan contenta, Fer. ¿Están bien tu madre y tu hermano, a pesar de toda esta desagradable situación?

—Sí —respondió con un dejo de repentina impaciencia que demostraba que no estaba de humor para escuchar esas minucias—. Pero yo quiero hablar de ti. Quiero que estés aquí, conmigo. ¿Podrías llegar esta noche?

—Me iré tan pronto como termine de empacar —prometió, con el corazón rebosante de alegría al descubrir que él la necesitaba allí.

—Esta es mi muchacha —dijo él suavemente y prosiguió indicándole cómo hacer para llegar a casa de sus padres—. Ten mucho cuidado al conducir, cariño —concluyó—. Te amo demasiado como para perderte.

—No te preocupes —prometió—. Tampoco yo tengo ningún interés en que me pierdas.

Una cansada sonrisa dio la bienvenida a las palabras de la joven. Fer cortó la Comunicación y Lu, expresando con una sonrisa su satisfacción, se dirigió a John y a Alice para decirles que no se quedaría para almorzar con ellos... ni para compartir ninguna otra comida durante mucho tiempo si es que sus sueños y esperanzas se hacían realidad.


(Maria Mendoza Lameda) #158

Me encanta, Amiga, coloca las dos versiones, la que termina, h cómo tu quieres que termine, siii?? Porfis.


(Vivian Rodriguez) #159

AMIGA YO VOY A PONER TODO COMO ESTA DESPUES LE PONGO MI PARTE GRACIASPOR COMENTAR


(Vivian Rodriguez) #160

:heart:~ Capítulo 13 ~:heart:~
Muy lentamente, Lu conducía su automóvil por una de las calles de un exclusivo barrio, alejado del centro de la ciudad de Jefferson. Desde el interior de su vehículo, la joven trataba de discernir los números de las coquetas casas, con el césped cuidadosamente cortado, como evidencia del dinero que poseían sus dueños. Ese panorama le recordó lo rica que era la familia de Fer. Ella se sintió un tanto nerviosa al pensarlo. Sin embargo, estaba decidida a esquivar cuanto obstáculo se cruzara en su camino y cuando finalmente encontró el número que buscaba, suspiró satisfecha al saber que en pocos minutos más, estaría junto a Fer.

El inmenso chalet, con una fachada de ladrillos rojos, no estaba construido en ningún estilo en particular que ella pudiera reconocer. Pero, en apariencia, era mucho más cómodo y hogareño, que cualquiera de las otras fastuosas mansiones que había en aquella manzana. Lu tomó un largo sendero, con varias curvas, que la conducía hasta la puerta de entrada, a cuyos lados se veían diversas macetas, con coloridos crisantemos que parecían dar la bienvenida a cada visitante.

La amplia puerta se abrió y Lu distinguió a una delicada mujer, de cabellos plateados y muy bien vestida, de algo más de sesenta años, quien salió a recibirla con una cálida sonrisa en su rostro. Una sola mirada a sus destellantes ojos fue suficiente para que Lu adivinara que la mujer era la madre de Fer. Mientras bajaba del automóvil, se preparaba para la inspección a la cual, sin ninguna duda, habría de someterse en breve. Abrigaba la esperanza de que la señora Bold mantuviera su cálida bienvenida luego de llevar a cabo su minucioso estudio sobre ella.

— ¿Lucero? —la señora Bold la rodeó en un cálido abrazo; que puso fin a las dudas de la muchacha—. ¡Me siento tan contenta de que estés aquí! —La mujer se apartó de ella y le sonrió con tal encanto, tan similar al de Fer, que Lu sintió que se le aflojaban las piernas—. ¿Has tenido un buen viaje? —preguntó la señora Bold, observando la esmirriada figura de Lu con una mirada tan maternal que ella sintió deseos de llorar.

De pronto recordó a su madre, quien de haber estado allí, la hubiese mirado con el mismo interés en su bienestar.

—Sí —respondió con voz ronca—. A esta altura del año siempre es maravilloso conducir, porque los colores del otoño embellecen mucho el paisaje.

—Sí, ¿verdad? —asintió la señora Bold—. Pero entra a la casa, querida. Hoy está un tanto fresco y me temo que esos bellos colores no le dan al cuerpo la calidez que le brindan a las ojos. Deja tu maleta, querida. Bill te la traerá más tarde. Es mi otro hijo, lo sabes, ¿no? Vendrá a casa a almorzar dentro de poco, aunque me temo que Fer no. Tenía un almuerzo de negocios al que debía asistir en lugar de su padre y no regresará hasta la hora de cenar.

Lu oyó esas palabras con disgusto al saber que Fer no estaba allí para recibirla. La señora Bold notó sus sentimientos y le guiñó un ojo.

—Sé cómo debes estar sintiéndote, Lu, pero no te preocupes, habrá mucho tiempo para ti y para Fer luego.

Lu sonrió lánguidamente, sintiéndose un tanto avergonzada por lo posesiva que era con Fer, en un momento en el que ella sabía perfectamente que su familia lo necesitaría tanto como ella por las terribles circunstancias que estaba viviendo. También admiraba la valentía de la señora Bold, cuando cualquier otra mujer en su lugar, estaría muerta de preocupación por su esposo. Decidida a seguir el ejemplo de su anfitriona, trató de olvidar todas sus angustias y acompañó a la señora Bold hacia el interior de la casa.

Por dentro, la casa era cómoda, espaciosa y con un aire hogareño, que hizo que Lu se sintiera muy a gusto de inmediato. Había algo en el ambiente que le hacía recordar a la casa de sus padres, aunque ésta era mucho más pequeña. La habitación que le había sido destinada estaba decorada en blanco y amarillo. Una vez que terminó de refrescarse, la señora Bold la escoltó hasta un apacible sitio, reservado habitualmente para la hora del desayuno, donde almorzarían.

— Sólo utilizamos el comedor cuando tenemos invitados —le confió, un tono que denotaba que la consideraba como a una más de la familia y no como a una simple visita. Al recibir tanta consideración, Lu se sintió mejor—. Es tan grande que, a menos que haya una multitud de invitados, resulta muy incómodo.