♥ Wed Nov Fuegos De Otoño♥ Jackie Black


(Vivian Rodriguez) #121

~:heart:~ Capítulo 9 ~:heart:~
Lu se acurrucó sobre un lado, dándole la espalda a Fer. Estaba confundida y también, algo resentida porque al final, él había hecho exactamente lo que le había prometido, aunque ella había gozado de cada minuto de ese mágico proceso. No sabía si disfrutar el recuerdo del placer experimentado o vestirse de inmediato y salir corriendo, para que él se diera cuenta de que no podía pasar por encima de sus sentimientos cada vez que se le ocurriera.

—Lo siento si lo he hecho demasiado rápido, Lu —dijo con voz lenta, un tanto incierta y apesadumbrada. La joven debió contenerse para no volver el rostro hacia él y reconfortarlo—. Si se dio así fue porque durante el último año, he estado acumulando demasiadas emociones y tú has logrado encender la chispa que las hizo explotar.

Lu se quedó tensa, dolorida e indignada, puesto que ignoraba si Fer le había hecho el amor para olvidar sus frustraciones relacionadas con su fallecida esposa o porque la amaba... a ella. Al notar que no estaba capacitada como para enfrentar esa posibilidad, la muchacha debió luchar contra sí para mantener el sentido común.

— ¿Te molestaría explicarme eso, Fer? —preguntó con voz temblorosa—. No quiero suponer que sólo he sido un instrumento que estuvo al alcance de tu mano cuando sentiste la necesidad de estar otra vez con una mujer.

— Sabes bien que eso no es cierto, Lu —respondió rápidamente y ella sintió que su voz no era del todo fluida, sonaba algo preocupada.

—¿En serio? —preguntó casi formalmente—. Tal como tú y yo lo hemos admitido, no nos conocemos lo suficiente. Esa es la razón por la cual...

Lu se interrumpió, descubriendo que mentiría si dijese que sentía el no haber esperado a conocerse bien antes de hacer el amor. No existía nada en el mundo que la hiciera arrepentirse del frenesí que sintió al experimentar aquella mágica sensación de unidad.

La joven oyó un suspiro y luego sintió que Fer apoyaba la mano sobre su hombro, tratando de hacerla girar para verle el rostro. Se quedó inmóvil y se resistió por un breve lapso, pero había algo que parecía estar implorando comprensión en aquel contacto y por ello, Lu accedió.

— ¿Qué conoces de mi pasado, Lu? —preguntó serenamente.

— Solamente que estabas a punto de ser un gran político... que abandonaste la carrera cuando... cuando tu esposa... fue muerta...

Ella volvió a dudar,no sabía si se atrevería a repetir aquella habladuría de que Fer estaba teniendo una relación extramatrimonial cuando su esposa falleció y que Lila, probablemente, se había suicidado a raíz de ello.

—¿Y...? —la presionó, con su voz un tanto espantada.

Ella inspiró profundamente, y decidió hablarle con franqueza.

—Y que también... hubo algunos indicios de un escándalo... porque se decía que tú... mantenías una relación secreta con otra mujer y que tu esposa...

La joven detuvo su relato al sentir que Fer la apretaba cada vez más fuerte.
Fue entonces cuando él la soltó y se recostó sobre su espalda. Permaneció en silencio durante tanto tiempo que Lu sospechó que sus palabras habían logrado poner fin a la conversación entre ambos. No obstante, él comenzó a hablar nuevamente y Lu fue la que guardó silencio, deseando poder hacerle las cosas más sencillas para relatar los hechos que, ciertamente, no le resultaban nada fácil de revelar.

— Yo amaba a mi esposa, Lu. —comenzó con un tono muy duro, pero a pesar de ello, su voz se oía un tanto agónica—. Nos habíamos criado juntos y ella siempre me había gustado, pero jamás salimos juntos hasta el último año de la universidad. Luego nos dimos cuenta de que esperábamos las mismas cosas de la vida y nuestro cariño se transformó en amor. Ella estuvo siempre detrás de mí, durante el cien por ciento de mi camino y trabajando tan duro como lo hacía yo para convertir nuestros sueños en realidad.

La voz de Fer comenzaba a perderse lentamente, como si él hubiese estado sumido en la meditación. Cuando Lu creyó haber podido controlar su voz, preguntó suavemente:

—¿Y cuáles eran esos sueños, Fer? ¿Te importaría contármelos?

Él suspiró profundamente y luego volvió a posar toda su atención en ella.

— No, no me importa contártelos a ti, Lu —dijo él tiernamente. Aquél énfasis que había puesto en ese breve pronombre hizo que la muchacha sintiera un gran alivio: estaba orgullosa al saber que era alguien tan especial para Fer—. Queríamos que nuestras vidas sirvieran para algo —continuó—. Ambos nos criamos en familias de políticos y desde que he tenido uso de razón, todos tenían muy en claro que yo también sería un político, Lu, pero no fueron sólo las expectativas de mi familia lo que hizo que yo llegase tan lejos. —él hablaba en un tono reminiscente.— Lejos de eso: parecía algo inquietante, muy interesante para mi vida, a juzgar por lo que yo mismo había visto acontecer en la vida de mi padre. Lo amo y lo respeto muchísimo y no siento ninguna vergüenza en admitir que siempre he querido seguir sus pasos, aunque también tengo la intención de llegar aún más lejos.


(am) #122

Siguelaaaaa​:ok_hand:


(Maria Mendoza Lameda) #123

Que bueno, así se conocerán mejor, me encanta amiga, siguela.


(Vivian Rodriguez) #124

GRACIAS POR COMENTAR CHICAS


(Vivian Rodriguez) #125

Aquella frase tan simple, enterneció a Lu, quien permaneció inmóvil, escuchando atentamente a Fer abrir su corazón.
— Seguí al pie de la letra el programa esperado —continuó él, encogiéndose de hombros, como si nada de su pasado tuviera importancia para él en ese momento—. Tuve un cargo como funcionario público, estudié en la facultad de derecho y también trabajé durante un tiempo para el gobierno de la ciudad. Todo marchaba sobre rieles y Lila y yo constituíamos una pareja tan feliz como cualquier otra. Cuando me llegó el verdadero momento de presentar candidatura, Lila estuvo junto a mí para lograr ese propósito e incluso, se dedicó mucho más que yo para ganar las elecciones.

Lu percibió una creciente tensión en Fer e inconscientemente, se extendió para tomarle la mano. Él la estrechó también inconscientemente, como si necesitase estar tomado de algo con mucha firmeza para continuar con la otra parte de su relato.

— Durante la campaña, Lila estaba embarazada —continuó él, con tono ronco—, pero no pude hacer nada para que ella no acelerase tanto su ritmo de vida. —él pareció no haber escuchado el suspiro que Lu soltó al enterarse que en aquel desafortunado accidente de aviación, Fer no sólo había perdido a una esposa sino también a un hijo, factor que destruyó todo su mundo.— Le había dicho que no asistiera a aquella reunión —gritó Fer, sin darse cuenta de que estaba dañando la mano de Lu con el fuerte apretón—. Le especifiqué que no era tan importante. En ese momento no pude ir yo personalmente pero le dije que lo intentaría después. Sin embargo, Lila no quiso escucharme...

Lu no estaba completamente segura, pero le pareció haber escuchado un sollozo e, instintivamente, se aproximó a Fer y lo rodeó con el otro brazo para tenerlo más cerca... para tratar de que su dolor le pasara un poco a ella y de ese modo, poder tranquilizarlo. Fer abarcó el cuerpo de la joven y lo estrechó con firmeza. Entonces Lu descubrió que estaba llorando: su pecho estaba ejerciendo toda la fuerza que podía para ahogar los sollozos y sus mejillas estaban bañadas en lágrimas, las cuales humedecieron también la frente de ella.

—Tranquilízate, Fer. Ya ha sido suficiente —murmuró ella de pronto, calmándolo... acunándolo cual si fuese un niño—. No tienes necesidad de seguir hablando si no quieres...

Luego de unos minutos que parecieron eternos, Fer logró calmarse, aferrándose a Lu cual si fuera su salvación. Finalmente, la soltó y se relajó completamente sobre la cama. Lu se acomodó a él y comenzó a acariciarle el rostro, el hombro, el brazo con mucha suavidad, demostrándole todo su amor en cada caricia.

— Necesito hablar de esto, Lu —dijo él con débil coraje—. Nunca lo he hecho. Jamás había podido... hasta este momento.

Moviendo la cabeza para tratar de verlo a pesar de las penumbras, Lu extendió su mano para enjugarle las lágrimas y luego dijo muy delicadamente:

—Entonces, hazlo, Fer. Cuéntame todo. Estoy aquí para escucharte, cariño.

Y, tomando aire, lo hizo.

—Había un desperfecto en el avión. Lila salió corriendo para asistir a esa maldita reunión sin esperar a que reparasen el avión como era debido. —Su voz sonaba salvaje por la ira que sentía, aunque Lu sabía que su ira no estaba dirigida a su esposa sino al mismo destino. —Siempre había sido muy cabeza dura pero yo ya me había habituado. Es más, me agradaba su testarudez —dijo con mayor tranquilidad—. Pero pensé que sería más cuidadosa... que me escucharía... sobre todo, por el bebé. Ella lo deseaba tanto como yo.

En ese momento pareció que Fer estaba a punto de estallar otra vez, pero Lu lo estrechó con gran firmeza contra sí, hasta que la respiración le volvió a la normalidad y consiguió controlarse.

— No me escuchó por nada del mundo. Estaba tan obstinada en llegar al lugar donde ella quería que le costó la vida... y también la de nuestro hijo.

— Fer... querido... Lo siento mucho...

Ella estaba a punto de romper en lágrimas y su voz se quebró al pronunciar la última palabra. Fer la abrazó, comprendiendo en silencio, la sincera compasión de ella. Lu se le colgó del cuello deseando que pudiera haber algo... cualquier cosa... que estuviera al alcance de sus manos para ayudarlo. Estuvieron tendidos allí durante un rato hasta que él dejó de ofrecer y recibir palabras y caricias de aliento. Luego logró proseguir.

—Y luego comenzaron los rumores —dijo él con triste resignación, continuando el relato como si recién se hubiese detenido—. Cuando Lila quedó embarazada, su carácter cambió un poco. Ya no tenía tanta paciencia y a veces, discutía y reñía conmigo sin importarle quién estuviera delante. Supongo que esa fue la razón por la cual la gente empezó a comentar que no nos llevábamos bien. Pero eso no era verdad. Estábamos más enamorados que nunca.


(Maria Mendoza Lameda) #126

Pobre Fer, que Lu lo ayude y el a ella, los dos han sufrido mucho, siguela cuanto antes Amiga, amo la web.


(Vivian Rodriguez) #127

gracias por comentar amiga


(Vivian Rodriguez) #128

— Lo sé, Fer —dijo tratando de calmarlo—. Lo sé.

Y sus palabras eran sinceras, aunque al conocer la verdad ella ya no sufría ni sentía celos. Sólo sentía pena por la mujer que había fallecido y que había tenido la dicha de recibir el amor de Fer y también por él, que había perdido aquel amor.

— En cuanto ella murió, ya nada me importó —continuó—. Mi ambición había terminado con la vida de mi esposa y con la de mi hijo y me importaba un rábano lo que la gente pensara. Si mi vida hubiera dependido de mi carrera política, tampoco habría podido seguirla, porque ya no me interesaba vivir o morir, me daba igual. Por eso fue que vine hasta aquí a enterrarme solo y en vida.

En ese instante, Lu guardó silencio y recordó la forma salvaje con la cual la había recibido la primera vez que llegó hasta la puerta de su casa en busca de ayuda. Se dio cuenta entonces de que Fer habría recibido así a cualquier persona que se atreviera a molestarlo en su retiro espiritual. Expresando sus pensamientos, murmuró:

— Ahora entiendo por qué te molestaste cuando me viste en la puerta de tu casa. ¿Pensaste que era una reportera?

Él vaciló y luego con un tono de voz que era alentador por primera vez en esa conversación, dijo:

— No. Creí que eras una fanática perseguidora política.

Ella frunció el ceño, totalmente sorprendida, luego elevó la cabeza para mirarlo.

—¿Una qué...? —preguntó asombrada.

Se sintió aliviada cuando él la abrazó con firmeza.

— Hay mujeres que idolatran a una figura política del mismo modo que las hay quienes persiguen a las estrellas de rock o de cine, Lu. Parece ser que por una u otra razón, yo les atraigo —dijo él con gran modestia y ella no podía creer que Fer ignorase lo atractivo que era.

—Yo solía tratarlas muy tolerantemente —continuó—. Sólo me reía de ellas y Lila hacía lo mismo. Pero una de ellas se apareció después de seis meses de haber muerto Lila —siguió lánguidamente— y yo ya no estaba con ánimos de espantarlas con una sonrisa. ¡La mandé al diablo!

Con la esperanza de devolverle su buen humor y hacerle olvidar su pesar, ella dijo simpáticamente.

— Bueno, si tenemos que decir la verdad, también me mandaste al diablo a mí, Fer Bold. Pensé que te habías escapado del manicomio.

Para el alivio de ella, Fer rió pálidamente pero luego se tornó sombrío nuevamente al recordar.

— Sí, quería desembarazarme de ti, de acuerdo... aunque...

—¿Aunque...? —lo presionó ella.

—Aunque hubo algo de ti que me llegó al corazón aún en ese duro momento. Te veías como una pobre andrajosa sucia y por eso quise protegerte, pero todo lo que logré fue enfadarme aun más. He estado enfadado durante mucho, muchísimo tiempo, Lu —dijo tranquila y nostálgicamente .

Ella se aventuró a territorios más peligrosos.

—No puedo entender eso, Fer. Pero luego de nuestro primer encuentro ya no te veías enfadado, es más: no pareciste haber montado en cólera desde ese entonces hasta hoy... al principio...

La referencia de ella a su humor antes y durante el trayecto hasta su casa, hizo que él frunciera el ceño, como si tratara de imponerse a sí mismo un duro castigo.

— Lo sé, cariño. En realidad, no estaba enojado contigo. Desde la primera vez que te vi, de pie en la puerta de mi casa, pareciste aliviar mi dolor. Yo ya estaba en camino de reponerme, hasta que llegaste tú y fuiste una especie de catalizador. Pero esta noche... cuando dijiste lo que dijiste sobre los políticos... y me bromeaste por el tiempo que estaba esperando, cuando lo que estaba haciendo era luchar con uñas y dientes para hacerlo sólo por tu propia seguridad... —él meneó la cabeza y soltó un prolongado suspiro.— Supongo que todo el enojo que he estado acumulando durante estos últimos tiempos se desató de golpe, de una vez. Claro que me habría gustado no explotar en esta oportunidad. Siempre lamentaré que en lugar de hacerte sentir totalmente satisfecha la primera vez, te he intimado, apresurado tanto, que quizás hasta te haya hecho atemorizar.

Ella se apresuró para tratar de aquietar su disgusto consigo.

— No te culpes, Fer. Creo que fui yo quien te hizo enojar para ganar tiempo. Pero no fue mi intención decir lo que dije acerca de los políticos. Puede que seas arrogante, pero no falto de principios.

Él soltó una risita ahogada y se acercó a ella para juguetear con uno de sus mechones de pelo.

— ¿Soy arrogante? —repitió con un tono tan seco que en realidad, no ponía en tela de juicio la aseveración de Lu—. Me pregunto si debo sentirme agradecido porque al menos me consideras un hombre de principios. Aunque no sé por qué has tenido la gentileza de atribuirme tal virtud, cuando yo, deliberadamente planeé todo lo referido a tu seducción. No comprendo por qué me he comportado de ese modo, pero tengo la sensación de que tú tienes la capacidad de hacerme tomar actitudes que ni yo mismo imaginaba que tenía.

Detrás de aquella voz suave y sugestiva, parecía ocultarse algo mucho más serio. Lu trataba de no formarse ninguna conjetura al respecto y mantener los pies sobre la tierra.


(Maria Mendoza Lameda) #129

Me fascinan lo de ellos fue amor a primera vista, aunque ahora sea muy pronto para decirlo, pero ya después de lo que ha pasado entre ellos creo que de conocen un poco más, eso es maravilloso, me encanta que Fernando le esté contando su historia a ella, Lu, cuentale tu también la tuya para que puedan entenderse mutuamente, siguela Amiga, cuanto antes, por favor, amo la web.


(am) #130

Así como fer se sincero con ella , ella debería hacer lo mismo con él


(Vivian Rodriguez) #131

— Fer... —pronunció su nombre como dudando.— ¿A dónde iremos después que nos vayamos de aquí?

Formuló la pregunta con total sinceridad. Lu aún no había contado con todo el tiempo suficiente como para clasificar todos los pormenores que él le había contado. Todo lo que sabía, con increíble certeza era que Fer la necesitaba en ese momento... y que ella lo amaba lo suficiente como para permanecer allí, junto a él, durante todo el tiempo que él quisiera. Sin embargo, su futuro no estaba mucho más claro en ese momento de lo que había estado antes para ella, antes que Fer pusiera el sello sobre el amor que Lu sentía por él, al tomarla completamente para sí y poseerla.

—Exactamente a donde te dije que iríamos, Lu —dijo con delicada firmeza—. Ya he vivido mucho del pasado y hoy tú me has enseñado que existe un futuro. Quiero ese futuro.

— Yo también, Fer —dijo ella con la misma firmeza—. Pero yo no soy Lila... —La joven se detuvo al pronunciar ese nombre, el cual, seguramente, habría de entristecer nuevamente a Fer.— Creo que no sería una excelente esposa para un político —se esforzó en agregar.

Para su alivio, la contestación de él fue satisfactoria, gratificante.

— No necesitas serlo. Yo encontraré alguna otra manera de hacer mi contribución. En cierto modo ya lo he hecho. Mi padre y mi hermano me mantienen informado acerca de los últimos acontecimientos y yo les doy mi opinión al respecto. Yo puedo trabajar como abogado y contribuir perfectamente en lo que se refiere a las cuestiones políticas sin necesidad de mostrar la cara y estar al frente de todo.

Para su sorpresa, la solución de Fer para su mayor dilema no la satisfizo en la forma esperada. Ella echó la cabeza hacia atrás y lo miró, formulándole la pregunta que tanto atormentaba su corazón.

— ¿Pero tú serás feliz haciendo eso, Fer? —preguntó ella seriamente—. ¿Y te sentirías capaz de hacerlo cuando toda tu familia y un montón de gente piense que no te corresponde esa clase de actividad?

Él tomó toda la cabellera de la muchacha en una mano y la empujó posesivamente hacia él.

—Contigo a mi lado, siempre seré feliz, Lu —murmuró él—. No quiero perderme la oportunidad de ser feliz una vez más.

Y Fer la besó, con un prolongado, lento y envolvente beso que disipó todas sus dudas para concentrarse únicamente en la respuesta que su cuerpo daba a las caricias de su amado, en lugar de preocuparse por las preguntas que su mente le formulaba. Como reacción a su respuesta, el beso se tornó ferozmente posesivo, como una tierna oferta, o un pedido obligatorio y finalmente, pasó a ser una exigencia por todo lo que la joven tenía para darle. Las manos de Fer parecían muy cálidas en cada zona secreta y sensual del cuerpo de Lu. Por momentos, se transformaban en urgente persuasión. Lu accedió a sus caricias y ella misma se rindió al goce de acariciarlo de tal manera que jamás se habría sentido capaz de hacerlo antes de conocer a Fer.

Se incitaban el uno al otro con inmensa ternura, cual si fuera un maravilloso juego; se complacían en mutua comprensión y se poseían con tanta plenitud, que ambos parecían haber perdido la razón. Y aquella última posesión, era algo fantástico, que Lu jamás había soñado.
Cuando todo llegó a su fin y ambos estaban tendidos uno junto al otro, con exhausta alegría, Lu llegó a la conclusión de que ya no podría vivir sin ser poseída de esa forma.


(Maria Mendoza Lameda) #132

Que bellos, me encantan, que luchen por lo que sienten, ahora que ella le cuente su historia a el, que también le abra su corazón a el, siguela amiga.


(Vivian Rodriguez) #133

~:heart:~ Capítulo 10 ~:heart:~
—No permitiré que te marches —le dijo, aproximándose a ella.

Lu estaba completamente vestida, mirando a través de la ventana la enorme y amarilla luna llena que iluminaba el cielo. Por detrás de ella, le rodeó la cintura con su brazo y apoyó sobre la cabellera de la muchacha.

— Lo sé —susurró ella suavemente, abrigada tanto por sus palabras como por su cuerpo—. Yo tampoco quiero marcharme. Pero tenemos tiempo, Fer. Hemos llegado al acuerdo de que no puedo irme de la casa de John y venir aquí... contigo... No aún. No puedes introducirme dentro de tu mundo y de tu familia de pronto, como si surgiera de la nada.

Ella se volvió para enfrentarlo. Alzó la cabeza para darle un cariñoso beso con el cual le demostró todo el amor que sentía. Cuando retrocedió, Fer la estaba observando, con ojos felinamente famélicos, aunque su tono sonó un tanto indiferente al responder:

—Fer! Si la muerte de Lila y el último año transcurrido me han enseñado algo, Lu —dijo él suavemente—, es que el tiempo tiene la facultad de hacerle trampas a las personas. Yo no lo tomo así, ahora.

Lu pensaba que quería mejor para él volver a sus asuntos solo, al menos al principio, antes que aparecer de pronto, con una nueva esposa tomada del brazo.Él le evitó el hecho de que tuviera que expresar verbalmente su razonamiento.

— De acuerdo, Lu. Si eso es lo que quieres, esperaremos. Pasemos nuestro tiempo ayudando a tu hermano y a Alice a poner en orden su casa. Luego iremos a la ciudad de Jefferson para que pueda poner en orden mi casa y para que, gradualmente, vayas conociendo a tu nueva familia. —Luego, él le clavó su brillosa mirada.— Pero la espera sólo se producirá en beneficio de las apariencias. Ya no puedo vivir sin tenerte entre mis brazos, luego de haber conocido lo que eso significa para mí.

Con una picara mirada que pronto se tornó en otra, muy sensual, ella asintió.

— Acepto todas sus condiciones de todo corazón, señor Bold —dijo ella con voz ronca—. Aún no logro comprender por qué ustedes los hombres, siempre tienen el tonto pensamiento de que nosotras no sufrimos las mismas necesidades que ustedes.

La respuesta de él fue una lenta sonrisa, devastadoramente sensual.

—¿Estás necesitada ahora, Lu Wren? —preguntó él, al tiempo que comenzaba una lenta exploración sobre su cuerpo, que amenazaba con terminar en el mismo lecho del cual acababan de levantarse.

—Sí —respondió ella en un repentino arranque de pasión—, pero como ya conozco lo que es abstenerse y, además, se ha hecho tan tarde, me temo que tendremos que dejarlo para otra ocasión. John y Alice deben de estar enloquecidos preguntándose dónde estoy.

Una placentera risa se dibujó en los labios de Fer, mientras se aproximaba a ella.

—Supongo que deben de haberse hecho a la idea de dónde estás ahora —murmuró al oído—. Y sobre todo Alice, sería la primera en darnos la bendición si así se lo pidiéramos.

—Seguramente —respondió secamente—. Hablando de gente sin principios... Tú y Alice sí que hacen una estupenda pareja en ese aspecto... —Luego, ella se apartó y clavó en Fer una celosa y burlona mirada.— Pero ese es el único aspecto en el que te permito que formes una pareja con ella.

—No te preocupes —prometió solemnemente—. Tú eres la única con la cual puedo, o mejor dicho, quiero mantener una relación. Además —bromeó él inocentemente—, John me mataría si tratase de propasarme con su mujer.

—Y tu mujer lo ayudaría —exclamó con firmeza, sacudiéndolo suavemente como para enfatizar sus palabras.

— Estupendo —concedió satisfecho—. Me gustan las mujeres que saben cómo pelear por su hombre. —Y luego, la miró con amor, ternura y deseo.— Y también me gusta la mujer que sabe a quién pertenece. En suma, me gusta Lu Wren... quien pronto será Lucero Bold.

— Fer, te amo tanto... —Alcanzó a decir antes que él le cubriera los labios con su boca.

— Y yo te amo a ti, Lu —dijo él un instante después, con sus ojos haciendo eco a las palabras de la muchacha satisfactoriamente—. Y ahora, por mucho que odie hacerlo, será mejor que te devuelva a tu hermano por un rato. No quiero que venga a buscarte armado si decido retenerte aquí hasta el amanecer.


(Maria Mendoza Lameda) #134

Hermosos, me encantan, que bellos son los dos, que bueno que vayan a intentarlo, bueno ya saben que son el uno para el otro, siguela amiga.


(am) #135

Siguelaaaaa


(Vivian Rodriguez) #136

Lu soltó una carcajada, al imaginarse a su hermano, furioso, con un arma en la mano, enfrentando al villano que había herido el honor de su hermanita.

— No te preocupes —rió ella—. John no tiene armas y si las tuviera, no podría usarlas debido a su blando corazón.

—Gracias a Dios —dijo sonriente—. Creo que no quedaría muy bien que me apareciera en el altar lleno de agujeros.

Sin embargo, media hora después, cuando ella y Fer debieron enfrentarse con el iracundo John Wren en el vestíbulo de su casa, Lu perdió la certeza de que su hermano tuviera un corazón tan blando.

—John, discúlpame si te he hecho preocupar... —comenzó ella, anticipándose a las miles de acusaciones que estaban a punto de aflorar en los labios de John—. Fer y yo hemos estado en su casa. Nosotros... eh... eh... —Y allí terminaron sus explicaciones.
Aquella era la primera vez que se enfrentaba a una situación en la cual tenía que rendir cuentas a su hermano por venir de la cama con el hombre a quien amaba.
Fer no tenía ninguna gana de tener delicadezas para con John, pero de todas maneras, mantuvo el tacto y la diplomacia.

— Necesitábamos estar un tiempo solos.

John trataba de aquietar su irritación y comprender las implicaciones que la frase de Fer había producido. Lu se quedó pasmada al oír de boca de su hermano, la pregunta que jamás imaginó que formularía. Enfrentó a Fer y se miraron el uno al otro, de hombre a hombre. La expresión de John se veía un tanto apagada; la de Fer, imperturbable, aunque apenas confusa.

— ¿Tienes intenciones de casarte con ella? —preguntó.

—Absolutamente —respondió tranquilamente.

— Si le destrozas el corazón, yo te destrozaré el cuello —le prometió él, después de haberse tomado un segundo para asimilar la respuesta que había obtenido.

— Estarías en todo tu derecho —dijo con una tenue sonrisa.

— Absoluto derecho —dijo con fuerza y luego, después de haber observado la desmesurada expresión de su hermana, hizo una sonrisa. —Y ahora que ya hemos arreglado todo el asunto, llamemos a Alice para tomar una copa y celebrar.

— John Wren... eres... eres un... —farfulló indignada, por haber sido víctima del pésimo sentido del humor de su hermano.

Fer estaba riendo y al estrecharla entre sus brazos, todo su enojo se esfumó. Luego, le llegó el turno a John: la liberó posesivamente del abrazo de Fer para estrujarla él en su lugar, quitándole el poco aliento que le quedaba para continuar sus reproches.

— ¡Alice! —gritó, dirigiendo su voz escaleras arriba.

Un segundo más tarde, Alice apareció, con una mirada inocente y vestida con una bata blanca. Lu podía apostar todo lo que tuviera en favor de que su cuñada había estado escuchando todo lo conversado, aunque Alice se esforzara por aparentar que acababa de levantarse de la cama.

— ¿Sí, John? —preguntó cándidamente, mientras bajaba las escaleras—. Oh... hola, Lu… Fer...

Hizo una leve reverencia con la cabeza para saludar a ambos, tratando de mantener una expresión indiferente, pero el brillo de sus ojos la delataba.

— Da por terminado el acto, Alice —ordenó secamente—. Tu oreja aún está colorada de tanto que la has apretado contra la puerta de tu habitación.

Alice se irguió, al tiempo que pronunciaba con desdén:

— No es verdad.— Y luego se soltó en una sonora carcajada.— Tenía la puerta abierta, tontuela. No vas a decirme que pensabas que me perdería el gran enfrentamiento, ¿no?

Alice la abrazó con gran cariño y luego, los cuatro, se dirigieron a la cocina para tomar su copa y celebrar el acontecimiento. Sin embargo, los festejos llegaron mucho más lejos que a una simple copa y cuando Lu acompañó a Fer asta su Jeep, una hora más tarde, el día ya estaba naciendo. La muchacha se sentía como si estuviera flotando en el aire. Un poco por la felicidad que la invadía y otro tanto, por las copas que había bebido.

—Fer. Me siento como si recién acabara de nacer —suspiró con una expresión de total felicidad, mientras contemplaba el nuevo día—. Nunca nada en mi vida logró equiparar este momento.

Él le elevó el mentón con su dedo índice y la miró con sorna.

— ¿Nada? —preguntó inocentemente.

Lu ni siquiera se molestó en ruborizarse al escuchar la referencia de Fer a haber hecho el amor. Era casi imposible sentir vergüenza ante él y ella no tenia ni la más mínima intención de jugar a la tonta.

—Corrijo —entonó solemnemente—: debí haber dicho que nada en mi vida logró equiparar esta noche.

—Eso está mejor —murmuró él, inclinándose hacia delante para besar los labios de la joven—. Y ten muy presente que hay muchas otras noches por venir. Mi intención es que conserves esta maravillosa imagen.


(Enriqueta) #137

ESTA DE SHOW


(Maria Mendoza Lameda) #138

Hay que bellos, los amo, me encanta que por fin decidieron estar juntos, siguela amiga.


(Vivian Rodriguez) #139

— No dejes de hacerlo —le instruyó ella cálidamente.

Cuando Fer se alejó, la joven lo contempló, medio angustiada por su partida, medio invadida por la felicidad que había sentido esa noche.
Lu durmió hasta el mediodía del día siguiente. Se despertó con el cálido beso de Fer, que estaba sentado en su cama, junto a ella.

— Despierta, dormilona, antes que decida meterme ahí adentro y nos pasemos todo el día en la cama.

—Mmmmnmm —ésa fue la adormecida y feliz respuesta de ella—. ¡Qué delicioso proyecto! —Extendió los brazos, tratando de atraparlo para tenderlo junto a ella, pero él se resistió firmemente.

— Seguramente lo es —dijo él con paciencia—, pero no creo que el liberalismo de John llegue hasta el punto de permitirnos que convirtamos su cuarto de huéspedes en un paraíso prenupcial. Además, está esperándonos abajo para que lo ayude a rociar el fertilizante.

— ¡Uf! —El tono pasó de ser sensual a disgustado al tiempo que guiñaba un ojo.— ¡Qué manera tan espantosa de comenzar el día!

Los ojos de él brillaban de burlona indignación hacia ella

—¿Acaso te estás refiriendo a mi beso de buenos días, mujer? —preguntó amenazante.

— No —respondió ella, sonriendo ante su feroz expresión—. Esa sí que es una maravillosa manera de comenzar el día. Me refiero a lo que John tiene en mente para ti.

—Sí, bueno... —sonrió entre dientes, cuando una vez de pie, observó a la joven desperezarse, con un bostezo matinal.— Un hombre debe estar dispuesto a pagar cualquier precio como dote por su prometida. John es sólo apenas más diabólico que los demás.

— Me vestiré e iré a ayudarlos —dijo ella alegremente.

Fer detuvo todos los movimientos de la joven al abrazarla con todas sus fuerzas, levantándole los pies del piso.

— ¡Fer!... —suspiró ella, al sentir que el cuerpo de él temblaba junto al de ella—. ¿Qué sucede? ¿Estás enfadado?

— ¡Dios! ¡Sí que estoy enfadado! —gruñó él contra el cuello de ella—. ¿Dime qué hombre no lo estaría si tuviese que cambiar toda esta maravilla por ir a desparramar materia fecal de ganado vacuno?

Lu soltó una sonora carcajada, aunque un temblor de amor la atrapaba terriblemente: ese hombre maravilloso se estremecía de placer por ella.

—Lo siento, cariño —dijo ella tratando de consolarlo cual si fuese un niñito inocente, mientras apartaba su cabellera de su rostro y esparcía millones de besos sobre su piel—. Pero tenemos esta noche. John y Alice nos comprenderán si les decimos que necesitamos volver a estar solos.

Durante las siguientes tres semanas ocupaban todas las jornadas en ayudar a John y a Alice, mientras que por las noches, se abandonaban a la inalterable pasión que los invadía. Además, todo el tiempo que les quedaba libre entre una cosa y otra, lo empleaban en extensas conversaciones, que les sirvieron para conocer más acerca de sus vidas.

John y Alice insistían en que era indispensable tomarse unos días de sano esparcimiento para liberar las tensiones del trabajo. Fue por eso, que el primer fin de semana, hicieron los arreglos necesarios para ir de excursión al lago de los Ozarks, donde se podía nadar, remar y tomar un buen descanso.

El fin de semana siguiente se dirigieron a la ciudad de Silver Dollar, un entretenido paseo por un centro de artesanos dedicados a la práctica de manualidades antiguas, tales como elaboración de jabón, extracción de azúcar de sus respectivas cañas, trabajos de madera y fabricación de muñecas. Fer compró tantos recuerdos de aquel lugar, que los cuatro debieron colaborar para llevar los paquetes al automóvil.

Durante el tercer fin de semana, Fer le preguntó si ya había mandado la renuncia a su empleo. La expresión de asombro de Lu le expresó claramente que no lo había hecho.

—No has pensado en ello, ¿verdad? —preguntó él y al ver que ella se lo negaba, le sugirió que lo hiciera de inmediato.

— Pero, Fer... —comenzó a protestar, repentinamente atemorizada.

Acababa de darse cuenta de que debía echar todo su pasado por la borda y emprender un nuevo camino que, hacía tres semanas ni siquiera había imaginado que sería para ella.

—¿No piensas que tendrás que hacerlo pronto, Lu? —fue todo lo que él dijo.

Ella no pudo hacer otra cosa más que rechazar la idea y también sus brazos. Fue como si de pronto él se hubiera convertido para ella en un extraño autocrático.

— ¿Y cómo se supone que voy a mantenerme mientras tú te acomodas en la ciudad de Jefferson? —preguntó ella un tanto molesta—. No puedo vivir contigo y tampoco puedo aceptar tu dinero.

La reacción de él fue una de sorpresa.

— Puedes vivir con mi familia —dijo él—. Y también puedes trabajar en mi oficina, conmigo. Seguramente, no tendrás ningún inconveniente en aceptar la remuneración que te ofrezca, ¿no es cierto?

Ahora fue Lu quien se sorprendió.


(Maria Mendoza Lameda) #140

Hay Lu, acepta la propuesta de Fer, el quiere estar a tu lado, te ama, no te vayas a molestar por eso, siguela amiga.