♥ Wed Nov Fuegos De Otoño♥ Jackie Black


(Enriqueta) #101

ESTA ESPECTACULAR


(am) #102

Siguela estar super


(Enriqueta) #103

VIVI ME PIDIO QUE LE SUBIERA CAP


(Enriqueta) #104

La muchacha debió bajar la cabeza, para no ver la sonrisa confidente de él.

— Lu —prometió delicadamente, mientras apartaba la toalla y se encaminaba hacia la puerta—. En muy poco tiempo habrás de pertenecerme, te lo prometo. —Después, volvió a sonreír, casi desfachatadamente, cuando ella alzó la cabeza para mirarlo.— Pero por ahora, será mejor que termines de bañarte y te vistas. Todo el mundo está esperándote... —Su sonrisa se tornó aun más amplia y su mirada la envolvía de tal manera, que Lu sentía terror e irritación al mismo tiempo.—... incluso yo —agregó suavemente mientras abría la puerta y salía del cuarto de baño.

El cuerpo de la joven pareció ganar fuerzas luego de haber adoptado una actitud de rebeldía. Por ello, sin perder demasiado tiempo, terminó de bañarse. Mientras se secaba, sus pensamientos estaban concentrados en buscar la forma de demostrarle a ese Fer Bold que él no haría lo que deseara con ella por el simple hecho de que lograba hacerla arder como el fuego cada vez que la tocaba.

Mientras se vestía con unos nuevos ajustados jeans y una tricota de terciopelo en color púrpura pálido, Lu decidió que la mejor manera de tratar a un hombre con aquella irritable seguridad en sí mismo, era demostrarle una amistosa indiferencia... No podía intentar escapar de él, ya que no estaba preparada. Por otro lado, si la indiferencia era total, sería negativo para ella, puesto que Fer redoblaría sus ataques físicos hacia ella para conseguir lo que se proponía. En cambio, si se mostraba amistosa y gentil, pero sin dejar que se le acercara demasiado, él se daría cuenta de que ella no era una mujer fácil sólo porque respondiera a su atractivo sexual con tanta firmeza.

Una angustiante mirada se dibujó en su rostro al descubrir que sí era una mujer fácil, siempre y cuando Fer Bold estuviera involucrado. Lo había sido desde un principio y esa situación se había ido incrementando cuando comenzaron a conocerse mejor. Estaba a muy poco de enamorarse perdidamente de él, aunque su mente le decía que era una perfecta tonta y le advertía acerca de las desventajas que acarreaba enamorarse de un hombre a quien siempre lo persiguen todas las mujeres, quien siempre piensa primero en sus obligaciones para los conciudadanos y no... en su esposa. ¿Y por qué demonios la querría justamente a ella como esposa? Lu no era para eso. Le había dicho muy claramente lo que pensaba acerca de la vida de los políticos. ¿Acaso era posible que en ese preciso momento Fer estuviera reponiéndose de la muerte de su esposa y haya sido Lu la primera mujer atractiva que se le cruzó por el camino? Y de ser esa hipótesis cierta, ¿no sería mucho más sensato dejarlo volver al mundo para que encuentre su destino, en lugar de tomar ventaja de esa situación?

Mientras Lu continuaba observando su imagen en el espejo, los celos luchaban crudamente contra su sentido común. Tampoco contaba con el tiempo suficiente como para esclarecer todos los dilemas que Fer le había ocasionado. Él no tardaría demasiado tiempo en poseer su cuerpo y tal como se lo había vaticinado, una vez que lo hiciera, también se habría ganado su corazón. ¡Seguro que sí! Lu lo sabía mucho mejor que él. Pero, descartando el aspecto sexual, ¿estaban realmente "hechos el uno para el otro"? Lo dudaba mucho y estaba aterrada porque presentía lo mucho que sufriría en el caso de que se enamorase de Fer.

Lu meneó la cabeza, como tratando de liberarse de aquellos turbadores pensamientos. Aplicó una delgada capa de maquillaje sobre su rostro y luego se inspeccionó cuidadosamente en el espejo. Sus ojos se tornaron vivaces. ¿A quién estaba tratando de impresionar? ¿A ella misma? ¿A Fer? ¿O se trataba de que estaba comenzando a interesarse por su apariencia física en vista a que sería la esposa de un renombrado político?

Con un abrupto movimiento que indicó su resistencia a tal evento, Lu volvió la espalda a su propia imagen y abandonó la habitación, con paso decidido, revelando su falta de entusiasmo por el programa de esa noche. Al acercarse a la gran sala, su depresión se hizo mucho más profunda: una de las mujeres invitadas de Alice, dijo, en voz muy alta:

—Jamás olvidaré lo encantadora que se veía su esposa aquella vez que la vi, en una cena de caridad en Saint Louis, señor Bold. Seguramente, usted debe de extrañarla muchísimo.

Lu logró controlar el duro golpe que había recibido por la invocación de la mujer y continuó su paso sereno hacia la sala, justo a tiempo para escuchar la respuesta de él.

— Llámeme Fernando —respondió él con gran amabilidad—. ¿Puedo llamarla Helen?

Ese "Helen" ya era demasiado para empezar con un hombre tan fascinante como Fer Bold, pensó Lu mientras observaba a la mujer, quien resultó ser una rubia muy atractiva, visiblemente complacida ante el trato que él le estaba brindando. Pero después, Fer continuó hablando y la joven creyó caer en un pozo de amargura.

—Sí, extraño a Lila —dijo él y en su voz se notaba un sentimiento de calidez y apesadumbrada tristeza—. Ella era mi mejor amiga y partidaria, así como una esposa adorable. —Y luego, con una lánguida sonrisa que dirigió a Helen, quien comenzaba a sentir compasión por él, agregó:— Siempre la extrañaré.


(Maria Mendoza Lameda) #105

Bueno Lu, ahora aguanta, tu has pensado mucho en tonterías en vez de dejar que pase lo que tu sabes que tarde o temprano va a pasar, ya Fer te lo ha dicho, te quiere para el, dejate de cosas y actúa de una vez, siguela Amiga, me encanta.


(Vivian Rodriguez) #106

GRACIAS QUETA POR SUBIR CAP Y TAMBIEN GRACIAS MARIA POR COMENTAR ENTRE UN RATITO DEJO CAP


(Vivian Rodriguez) #107

Durante unos minutos, todos los presentes guardaron silencio por respeto a la sincera expresión de dolor de Fer. Pero después, Alice notó la presencia de Lu y se apresuró hacia ella, revelando con sus castaños ojos, la compasión de quien sabe lo mucho que estaría sufriendo la muchacha en ese instante, luego de haber oído las palabras de Fer. Alice tomó la mano de su cuñada y la apretó afectivamente, acompañando ese gesto con una mirada que parecía decir:

"No te preocupes. Tú eres la única que puede ayudarlo a olvidar sus penas".

Alice condujo a su cuñada hacia la sala y la muchacha trató de ocultar sus sentimientos detrás de una agradable sonrisa. No obstante, sus ojos revelaban un profundo pesar al observar el ceño fruncido de Fer y luego, la cariñosa y cálida mirada de su hermano John.

— Ella es la hermana de John: Lucero —la presentó con vivacidad—. Ha venido a ayudarnos a poner un poco de orden en esta casa y nosotros nos sentimos muy felices de que así lo haya hecho. Ya ha demostrado sus habilidades en el patio, donde comeremos nuestras salchichas asadas.

Lu mantuvo su agradable sonrisa mientras le presentaron a Helen y a su esposo Slim y luego a Brad y Sally Jenks, quienes eran los únicos vecinos de la zona, aunque no habían nacido allí. Ellos, al igual que John y Alice, habían llegado recientemente al pueblo, en busca de tranquilidad, fuera de la ruidosa ciudad. Sin embargo, su estadía allí sólo sería temporaria, ya que, ambos hombres tenían importantes cargos en la ciudad de Kansas. Cuando las formalidades de las presentaciones llegaron a su fin, Fer se aproximó a ella, apoyando levemente su mano sobre la cintura de la joven. Lu se sintió confundida por su falta de tacto: hacía muy pocos instantes, Fer había asegurado a todo el mundo que extrañaba muchísimo a su esposa. Pero él parecía estar mucho más interesado en Lu puesto que la observaba con mucha calidez y le preguntaba qué deseaba para beber.

— ¿Quieres algo liviano? —preguntó él bromeándola—. ¿O prefieres otra cosa más... audaz?

La actitud de él la hizo ruborizar. No se atrevía a mirarlo a los ojos aunque no evidenciaba haber perdido la calma.

—Prefiero algo suave, por favor —respondió sonriente—. Me temo que mi estómago no podría soportar ni siquiera el vino casero de Alice y mucho menos, las mescolanzas de John. Estoy sorprendida de que aún no haya sido arrestado por los hombres y como empleada del gobierno federal, todo lo que puedo hacer por él es evitar que lo atrapen.

Todos rieron por la broma de Lu, pero su atención estaba totalmente distraída debido a la extraña actitud que había tenido Fer. Antes de dirigirse al bar a preparar un trago para ella, la estrechó ligeramente hacia él, para darle un breve abrazo. Lu se percató de las miradas que ambas parejas invitadas habían posado sobre ellos y también, de los ojos satisfechos de John y Alice. Sin embargo, para ella aquella actitud estaba totalmente fuera de lugar. Se sorprendió preguntándose por qué Fer había sido tan poco cuidadoso, por qué le inspiraba esa reacción física tan familiar cada vez que la tocaba.

Una vez que Lu tenía su copa en la mano, John propuso que todos salieran al patio y bajo su influencia y la de Alice, la reunión pronto adquirió un tono festivo. Afortunadamente, eso sirvió para que Lu lograse equilibrarse, especialmente, porque Fer, después de habérsela pasado todo el tiempo observándola a ella exclusivamente, distrajo su atención con Brad, con quien comenzó a discutir el tema de la recesión, relacionado con los efectos que causaba en su empresa de agentes de bolsa y corredores.

Alice estaba muy ocupada preparando su mesa de picnic y Lu trataba de prestar su colaboración, haciendo el papel de coanfitriona y conversando con las otras dos damas. Mientras tanto, John y Slim estaban encargados de atender el fuego. Lu ya estaba a punto de lograr su habitual tranquilidad y buen humor, cuando Alice la apartó de la reunión por algunos instantes, aprovechando la oportunidad para alentarla.

—¿Está todo en orden? —susurró ella—. Te ves mucho mejor ahora que cuando bajaste para reunirte con nosotros.

— Estoy bien, Alice —dijo casi impaciente, porque no quería discutir con ella el tema de cómo se había sentido al escuchar las palabras de Fer referidas a su esposa.

—Como el demonio —agregó secamente—. Estás preocupada porque sabes que Fer sigue pensando en Lila, ¿no es cierto?

—Alice... —El tono de voz de la joven estaba adquiriendo una nota de advertencia, mientras que sus ojos le imploraban comprensión.

— No te preocupes, Lu. —hizo un gesto de impaciencia—. Sé que no es el momento ni el lugar para discutir este tema en detalle, pero sólo deseo formularte una pregunta: Si yo me muriese, ¿qué preferirías: que John se la pasase llorando por mi muerte durante el resto de sus días o que encontrase otra mujer, que lo hiciera feliz y que le hiciera disfrutar otra vez de la vida?

Sorprendida por la pregunta de Alice, Lu se limitó a mirarla un instante.


(Maria Mendoza Lameda) #108

Yo pienso que de esa fiesta no pasan, que ya Lu se deje de tonterías, Fer está loco por ella, que deje sus miedos e inseguridades, siguela por favor amiga.


(am) #109

Continuala


(Vivian Rodriguez) #110

GRACIAS POR COMANTAR YO LA SIGO AHORA


(Vivian Rodriguez) #111

— No importa, Lu. No tienes que responderme ahora. Piénsalo y más tarde lo discutiremos.

— ¿Qué es lo que discutirán más tarde? —susurró Fer en el oído de Lu, confundiéndola, ya que ella no lo había oído aproximarse.

Evidentemente, Alice sí se había percatado de ello, puesto que les dedicó una amplia sonrisa y luego se marchó, dejando a su cuñada sola para que se las ingeniase en inventar una respuesta.
Él pasó su brazo sobre el hombro de Lu y la llevó hacia la fogata. La hizo sentar sobre un tronco y él también se sentó a su lado, sin apartar su brazo del hombro de la muchacha.

— ¿Estaban hablando de mí? —la presionó él, aproximando su boca a la oreja de ella para formular la pregunta.

Lu echó una mirada a su oscuro y atractivo semblante y luego volvió a mirar hacia delante inmediatamente. Trató de que su voz sonara hosca, con la esperanza de liberarse de aquel hechizo que su presencia ya estaba creando sobre ella:

— Ya te estás tornando demasiado engreído, Fer Bold ¿Qué Demonios te hace pensar que eres la única persona en el mundo de quien se puede hablar? —Ella sintió deseos de salir corriendo, pero él la tenía con tanta firmeza que al menor movimiento, la tomó con más fuerza para que permaneciera donde estaba.

—Entonces te creo que no estaban hablando de mí —dijo con mansa inocencia. Sin embargo, sus ojos no se veían para nada inocentes cuando la hizo mirarlo, tomándola por el mentón—. Y seguramente debo de haberme equivocado cuando creí leer mi nombre en los labios de Alice.

Ella hizo una mueca con los labios y lo miró.

— Siempre estás haciéndome preguntas a mí, Fer. Me pregunto qué harías tú si de pronto fuese yo quien comenzara a ametrallarte con interrogatorios.

Él salió del paso con una respuesta ocasional y ella se enfureció más todavía.

— Puedes guardarte tus secretos, señor Bold. ¡Para que lo sepas, no tengo ni la menor curiosidad por enterarme de ellos!

Inesperadamente, él suavizó su expresión y bajo su espesa barba, se vislumbró una socarrona sonrisa:

— ¿No? —preguntó tiernamente—. Perdóname Lu, pero no te creo. Es más, creo que te mueres de curiosidad por averiguar todo lo referido a mi pasado. —Se interrumpió y luego agregó, en tono muy íntimo:— Del mismo modo que yo me muero por conocer el tuyo.

Lu no sabía si enfadarse o echarse a reír. Estaba molesta por la vanidad de Fer y al mismo tiempo, satisfecha por la confesión que él había hecho respecto de su curiosidad. Luego, fue él quien soltó la carcajada y deslizó su mano hasta la cintura de ella para darle un breve abrazo.

— Nos desembarazaremos de nuestras respectivas curiosidades más tarde, querida —susurró él—. Tendremos todo el tiempo del mundo para hablar en nuestra cama, luego de haber hecho el amor.

Con aquella excitante promesa retumbando en los oídos de Lu, lo vio alejarse hasta el sitio donde Alice estaba dando los últimos retoques a su mesa de picnic.

Lu se sentía bastante segura hasta que, una vez que todos habían terminado de cenar y de acomodar las cosas y se habían sentado alrededor de la fogata para cantar y narrar historias, Fer la hizo sentar nuevamente junto a él. Después de todo, estando todos presentes, Fer no podría hacerle absolutamente nada y, además, ella tendría la oportunidad de disfrutar de su proximidad, de su fragancia masculina, de la calidez de su brazo que la rodeaba y al mismo tiempo, no tendría que preocuparse: Fer no podía turbar sus sentidos.

Su tranquilidad duró tanto como dos minutos: Fer evidenció a las claras que era capaz de ejercer sus poderes con un grado de creatividad admirable. Era alarmante todo lo que él podía conseguir.
Él le rodeó la cintura y luego apoyó su mano en una cadera de Lu. Ella permaneció tiesa y luego se relajó falsamente, bajo la seguridad de que él había comenzado a cantar junto con todo el grupo. En consecuencia, se decidió a cantar. En ese momento, Fer deslizó su mano por debajo del dobladillo de la tricota de Lu y comenzó a acariciarla. La muchacha volvió a paralizarse y el magnífico tono de soprano que tenía se tornó abruptamente en un alto.

Le echó una furtiva mirada para que se quedara quieto, pero al notar que Fer estaba absorto en su canto, decidió que no era necesario apartarse. Quizá, sus caricias sólo fueran un gesto ausente y ella probablemente estuviera empezando a tener los síntomas de una paranoica cuando de él se trataba.
Sin embargo, la otra mano de Fer la atrajo contra su cuerpo con más firmeza, para aprisionarla. La mano que estaba sobre la cintura se movía de arriba a abajo, produciendo terribles temblores en la espalda de ella. Se dio cuenta de que tendría que haberse movido, si Fer le hubiera dado la oportunidad, puesto que prácticamente, la tenía inmovilizada. El sitio donde estaban sentados estaba a oscuras y como todos los demás estaban rodeando la fogata, sin alcanzar a ver la imagen de ellos, Lu se percató a su pesar, de que Fer tenía toda la razón del mundo en no interesarse por el hecho de tener ambos brazos alrededor de ella. ¡Y todavía seguía cantando tranquilamente!


(Maria Mendoza Lameda) #112

Jajajajajajaja lo dicho, de esa fiesta no pasan, así que preparate para lo inevitable Lu, siguela por favor amiga, me encanta.


(am) #113

Continuala :smile::smile:


(Vivian Rodriguez) #114

Aquellos cálidos y juguetones dedos seguían subiendo y bajando por la espina dorsal de Lu, dibujando sobre ella locos círculos y haciéndola estremecer de placer, aunque con la mirada lo reprobase y le exigiese mejor comportamiento. Sin embargo, sus miradas fueron en vano: Fer seguía con la vista fija en otra parte. Parecía completamente absorto en su canción, más que en lo que estaba haciendo debajo de la tricota de Lu. Pero ella sabía que no era así: especialmente, porque en uno de esos viajes de ascenso y descenso, Fer desabrochó el seguro de su sostén. Ella estaba congelada y luego comenzó a inquietarse y se preguntaba cómo podía hacer para detener a su verdugo diabólico sin llamar la atención de todos los presentes.

La muchacha había decidido cambiarse de sitio no bien la canción estuviese terminada, pero... de pronto, Fer deslizó la palma de su mano, abarcando por completo uno de sus senos y la asió con tanta firmeza que jamás habría podido zafarse de él sin iniciar una evidente lucha.

Fer seguía cantando y ella también fingía aunque, en un momento dado, debió morderse los labios para no dejar escapar un grito, mezcla de sorpresa y placer: él había atrapado el pezón de la joven entre sus dedos índice y pulgar, ejerciendo un sensual masaje que dio a Lu deseos de gemir en voz alta.
Prisionera de ese abrazo y casi sin poder soportar más el tormento de aquellos dedos, Lu se sintió tan indefensa como jamás en su vida se había sentido.

Estaba más que exasperada porque lo peor de todo era que, en realidad, ella no deseaba que Fer se detuviera y también presentía que él era consciente de sus sentimientos como para detenerse por iniciativa propia. Para decir la verdad, era inútil tratar de ocultar su respuesta cuando su pezón estaba en el estado máximo de erección y todo su cuerpo se estremecía de placer.

La primera canción terminó. Sin embargo, Lu se sintió tremendamente irritada cuando Fer sugirió inmediatamente que cantasen otra. Él mismo se encargó de iniciarla, con un profundo tono de barítono y todos los demás lo acompañaron complacidos. Fer parecía un inocente angelito, disfrutando de alguna candorosa diversión, cuando en realidad, era un diabólico seductor. Lu alzó la mirada hacia él, con una falsa sonrisa estampada en su rostro, aunque sus ojos emitían furiosas llamas. Fer le devolvió la mirada, haciendo una mueca traviesa con su barba.Él interrumpió su canto para advertirle en tono bajo:

— No estás cantando, Lu. ¿Acaso no estás divirtiéndote?

—Ten por muy seguro que no —le susurró, esforzándose por no huir despavorida.

Él sólo se limitó a tomarla con más fuerza, sonriéndole socarronamente:

— Mentirosa —murmuró.

Volvió a alzar la cabeza para cantar otra vez.
De vez en cuando, cada vez que alguien la observaba, Lu trataba de cantar, hasta que finalmente se rindió al placer de los manipuleos de Fer. Simplemente, era demasiado difícil para ella fingir que no sentía nada cuando aquellos avasalladores dedos la acariciaban. La excitaban tanto que estaba a menos de un paso de caer en una pasión total.

Luego de la tercera canción, Lu no era más que una temblorosa masa de pura sensualidad. En ese momento, Fer había ya abandonado su seno para explorar nuevos territorios. Lu, con un incrédulo sentido de descreimiento por su propia perfidia, se había enderezado para permitirle mejor acceso a la parte inferior de su cinturón por debajo de sus jeans. Si ella no hubiese estado tan ocupada disfrutando de esas caricias, habría sentido deseos de gritar por su propia incapacidad de luchar contra la dominación sexual que él ejercía sobre ella.

Fer estaba tan seguro de que la tenía totalmente sometida, que hacía rato que la había soltado con la mano izquierda. Lu se sentía humillada: a partir de ese momento se había transformado en una prisionera voluntaria, nadie la presionaba para que se mantuviera junto a Fer y sin embargo, no había movido ni un pelo para alejarse de él.

Lu se desanimó, con alivio o con molestia, cuando el resto del grupo recordó que esa noche y a esa hora había un programa especial en la televisión y decidieron entrar a la casa para mirarlo. Fer la soltó y se puso de pie, pero si ella pensó que las circunstancias la habían liberado de las atenciones de Fer, pronto se daría cuenta de que estaba en un grave error.

— Vayan ustedes adelante —dijo a los otros con toda naturalidad—. Lu y yo nos quedaremos aquí un rato para... para apagar el fuego.

Lu comprendió el doble sentido que sus palabras encerraban, aunque dudaba que los demás se hubieran percatado de ello. Quiso protestar pero Fer se lo impidió con una simple mirada. Ya debilitada, Lu se veía capitulando ante lo inevitable, aunque era consciente de que sería un grave error, permanecer allí afuera, con él, cualquiera fuera la excusa que inventasen para ese fin. Sin embargo, cerró los ojos y permaneció quieta donde estaba, segura de que tendría que arrepentirse más tarde de su actitud.

No bien hubo desaparecido todo el mundo, Fer apagó el fuego en tiempo record y se aproximó a ella. El pequeño descanso que él le había dado había conseguido que la joven se recuperase un tanto, aunque no del todo, por supuesto. Cuando él la estrechó, empujándola hacia la oscuridad, Lu sólo pudo elevar una débil protesta. Sin embargo, cuando su boca estuvo totalmente cubierta por la de él, en un apasionado beso, la poca resistencia que le quedaba desapareció totalmente.


(Enriqueta) #115

ESTA FANTASTICA


(am) #116

Siguela estar genial


(Maria Mendoza Lameda) #117

Está haciendo lo que le da la gana con ella, siguela amiga, me encanta


(Vivian Rodriguez) #118

Cuando Fer abandonó los labios de la muchacha para atormentar entonces su cuello, ella logró gemir:

— No creo que ni siquiera me gustes, Fer Bold. —Sin embargo, sus palabras perdieron todo el sentido cuando lo rodeó con sus brazos y lo atrajo hacia sí con pasión.

Ella lo oyó soltar un gemido de descreimiento y no se sorprendió al escuchar que le decía:

— Mentirosa... —con su tono suave y tierno.

—Es verdad —protestó débilmente, temblando cuando su mano se posó en su seno—. Sólo un hipócrita y falso político podría comportarse de esta manera.

El cuerpo de él permaneció tieso durante unos segundos y luego, un extraño y peligroso brillo se encendió en sus ojos.

—Con cuidado, mi amor —dijo él, en suave advertencia, aunque sus manos continuaban su minuciosa investigación—. Ya me has herido lo suficiente y si haces que me enoje, convertirás lo que yo planeo como una tierna seducción en algo igualmente placentero pero mucho más salvaje.

Ella protestó, tratando de que sus lamentos tuvieran algo de fuerza.

—No tienes tiempo para seducirme, Fer —dijo ella, molesta al descubrir que sus palabras sonaban más como las de una niñita haciendo pucheros que como las de una mujer adulta—. Alguien vendrá a buscarnos muy pronto y, aquí no hay ni sábanas limpias ni cama firme, ¿recuerdas?

La mirada de Fer le expresó que ya había llegado demasiado lejos. Luego, utilizando las dos manos, atrajo la boca de Lu hacia la suya.

— ¿Te hace sentir esto como que me he acobardado y tengo el rabo entre las piernas? —le preguntó iracundo. Le soltó los labios para tomarla por el brazo con más violencia y luego la llevó hasta el frente de la casa abruptamente—. Obviamente, Lu, te gusta vivir corriendo peligro —le dijo él con un tono que la alarmó—. Creo que será mejor que te demuestre lo peligroso que puedo llegar a ser.

Ella se tropezó con un obstáculo que había en el suelo. Sin interesarse en el pequeño incidente, Fer la empujó hacia su Jeep.

— Fer, detente —protestó ella, sintiéndose atemorizada por las emociones que había producido en él—. No necesitas demostrarme absolutamente nada —dijo ella al ver que él no tenía ninguna intención de escuchar sus protestas—. Aún no soy tu esposa, ¿recuerdas?

Fer guardó silencio pero continuaba arrastrándola y Lu sintió que el pánico comenzaba a apoderarse de ella. Dejando de lado lo mucho que lo deseaba, no quería comenzar su historia de amor con enfado.

—Fer, escucha, lo siento. —Estaba decidida a tratar por otros medios, con la esperanza de que diera buenos resultados.— No debí haber dicho eso acerca de los políticos y tampoco fue mi intención hacerte enojar con la espera. Es sólo que necesito tiempo para hacerme a la idea, de... de...

En ese momento, ya habían llegado hasta donde estaba el Jeep y como si Lu no hubiera pronunciado ni media palabra, Fer la condujo hacia el interior y se sentó al volante. Un segundo después, encendió el motor y los neumáticos levantaron una enorme nube de polvo cuando velozmente, encaminó el vehículo hacia la carretera.

Serio, silencioso y viéndose cual si fuese un hombre primitivo de la prehistoria, Fer conducía su Jeep en completa concentración. Lu estaba acurrucada en su asiento, echando ansiosas miradas a Fer cuando apartaba la vista de la carretera. Sentía que por momentos, su corazón se detenía.

— Fer... —había intentado hablarle por última vez, cuando se dio cuenta de que él no estaba escuchándola.

En muy poco tiempo, llegaron hasta la casa de Fer. La hizo bajar del Jeep con violencia y del mismo modo, la condujo hasta la puerta. Cuando la empujó hacia el interior, trató de protestar nuevamente, pero debió cerrar la boca: Fer estaba besándola con tanta pasión que hizo arder sus labios y morir sus palabras. Luego, la tomó entre sus brazos y comenzó a subir las escaleras. Lu sabía que estaba perdida: a menos que sucediera un milagro, en poco minutos estaría sometida ante él, haciendo el amor bajo pésimas circunstancias.

Sólo quedaba una cosa por hacer. Si lo que estaba por ocurrir era inevitable, tal como se lo estaba advirtiendo la mirada de Fer, lo menos que podía hacer la muchacha era tomar la iniciativa para que aquella seducción fuera todo lo dulce y tierna que él le había prometido al principio.

— Fer... querido, por favor. —hundió los labios en su cuello, siendo su voz una suave súplica, sus labios cálidos contra las agitadas pulsaciones de él que latían salvajemente.

Fer se detuvo durante una décima de segundo, cuando Lu ya había perdido toda esperanza de conquistarlo. La miró con ternura en sus ojos:


(Vivian Rodriguez) #119

—No te preocupes, cariño —susurró él contra la mejilla de la joven—. No te haré daño. Está muy lejos de mi intención... —Sus palabras sonaban como las más dulces del mundo, transmitiendo el deseo que sentía hasta las venas de Lu.

Ella se había dedicado a satisfacer sus deseos mientras él continuaba su marcha hasta la habitación. Una vez allí, la tendió sobre la cama y, contemplándola, comenzó a desabotonarse la camisa. A Lu no se le escapó el detalle de sus manos: temblaban ligeramente. Ella tragó saliva para disolver el nudo que tenía en la garganta antes de implorar por última vez.

— Fer, escucha... por favor... Pienso que sería mejor aguardar hasta que nos conozcamos mejor. Aún no estoy preparada para esto. Yo...

— Dímelo después que hayamos hecho el amor, cariño. —El tono de voz se oía sereno, aunque con los matices propios de la pasión y el deseo incontenibles.

Fer ya se había liberado completamente de sus ropas. Lu lo contempló tratando de ahogar el gemido de deseo que sintió al ver su maravillosa estampa frente a ella.

—Hablo en serio, Fer —le aseguró agitada—. No deberías forzarme a que haga el amor contigo...

La voz de la joven se fue apagando al comprobar que la expresión de él le aseguraba que jamás habría utilizado la fuerza para seducirla... al menos, no de una manera brutal.Luego, se acostó junto a ella, estrechando su cuerpo contra su desnudez.

—Lu... querida —murmuró contra su boca y con la voz ronca de emoción—. ¿Ves lo que me haces? —le preguntó, al tiempo que le tomaba la mano y la apoyaba sobre su miembro—. ¿No te das cuenta de que puedo lograr que me desees de la misma manera? ¿No deseas colaborar conmigo para hacer que esto sea maravilloso?

Bajo el efecto hipnótico de su voz sensual y del tormento de su boca, Lu empezó a abandonar sus fuerzas rápidamente. Cuando Fer comenzó a desvestirla, apenas podía fingir resistencia y al desnudarla completamente y contemplar la blanca piel de la joven bajo la luz de la luna, Lu supo que ya no podría protestar más. Los ojos de Fer se habían oscurecido aun más por el placer y eso era lo único que contaba. No era solamente él quien había llegado a alcanzar el máximo de excitación, sino que ella también comenzaba a arder tanto que sus débiles entrañas se habrían rehusado a obedecer las advertencias que su mente, inútilmente les daban.

—: Eso es, mi dulce Lu —murmuró él mientras la joven comenzaba a recorrer la transición de pasar de ser una mera seguidora, bajo la conducción de fer, a una activa participante en buscar el clímax de ella y el de su compañero—. Ven conmigo. Vayamos juntos al paraíso.

Desde ese momento y en lo sucesivo, Lu se transformó en el instrumento y en la instigadora de un dulce, caprichoso y apasionado sentimiento. Traicionaba sus emociones cada vez que tocaba la caliente carne de Fer con sus temblorosas y anhelantes manos, cada vez que podía besar los sitios más recónditos que sus labios podían hallar, para saciar sus deseos y disfrutar de aquel hombre con todos sus sentidos. Y mientras lo remontaba hacia una distracción apasionada, Lu le demostraba una gran reciprocidad, estremeciéndose por el mínimo contacto con su piel. Era todo tan natural y también, tan nuevo. Ella conocía el punto exacto donde, negarse todos esos placeres, habría significado dañarse al máximo. Fer posó todo su cuerpo sobre el de ella con un breve movimiento. Su fuerza y poder hicieron que la joven gimiera de deleite y su aliento se fundió con el de él.

— ¡Por Dios, Lu...! —Exclamó mientras ella enterraba sus uñas en la espalda de él y se retorcía de placer bajo su cuerpo.— ¡Es esta la razón por la cual siempre te he dicho que nos pertenecemos el uno al otro! ¡Esto es nuestro...!

Fer ahogó sus propias palabras, atrapando con sus labios la boca de Lu, para introducir su lengua en ella e inspeccionarla como si estuviera penetrando en todo su cuerpo. Lu imitó una caricia idéntica y al mismo tiempo sintió que Fer explotaba de placer y sus sentimientos provocaban en ella tal éxtasis que hasta el aliento de él parecía invadirla. Lu estaba gozando tanto de ese amor, de esa locura que cualquier pensamiento, cualquier emoción distinta a la satisfacción carnal y sentimental que estaba experimentando, desapareció por completo tras la posesiva inmensidad de sentirse apropiada y... dueña a la vez de quien para ella era... ¡el único hombre del mundo!


(Maria Mendoza Lameda) #120

Me encanta, que bello, eso era algo inevitable, tarde o temprano tenía que pasar, ahora que luchen porque su relación funcione, siguela cuánto antes amiga, me encanta.