♥ Wed Nov Fuegos De Otoño♥ Jackie Black


(Vivian Rodriguez) #41

Una vez vestida, Lu se sentía más segura. Regresó a la cocina y le sonrió a Fer nuevamente.

—Gracias por haberme secado la ropa, Fer. Anoche me había olvidado de ellas.

Al darse cuenta de que su charlatana lengua había soltado más de lo debido, Lu quiso que se la tragase la tierra. De todos modos, logró detenerse a tiempo para enfrentar la mirada de Fer con estoicismo.

— ¿Puedo tomar ese café ahora? —preguntó ella con más calma, con una mirada sosegada al descubrir la diversión que Fer sentía.

La joven tenía el estómago vacío y consideraba que habría sido muy poco caballeroso de parte de Fer negarle el café.

— Por supuesto, Lu. —Su tono fue suave y en sus ojos ya no se leía una mirada de diversión, sino de calidez.

El encanto de aquella mirada derritió a Lu, de modo que por un instante olvidó lo irritada que estaba con Fer y se tranquilizó un tanto. No obstante, su relax duró muy poco, ya que cuando él le entregó la taza de café, casi rozó los dedos de la muchacha con los suyos. El efecto fue electrizante. Lu alzó su mirada confusa y expresiva para contemplar a Fer y él sonrió como disculpándose.

— Sé que he estado mal al hacerlo —murmuró él—, pero quise comprobar si lo de anoche había sido sólo una mera casualidad.

Sin saber qué decir, Lu le devolvió la mirada, en una encrucijada entre revelar sus sentimientos o simular una gran confusión. No obstante, bajo la presión de la mirada de Fer, era imposible disimular nada y luego, se sorprendió diciendo:

— Me temo que no lo fue —dijo ella apesadumbrada.

— Pareces arrepentida de ello —replicó serenamente.

— No estoy acostumbrada a eso —dijo encogiéndose de hombros—. Y no estoy segura de poder comprenderlo... o de admitirlo —agregó con un dejo de aspereza.

La sonrisa de él era profunda y afectuosa.

— Pensé que lo comprendías muy bien —bromeó él—. ¿Y qué es lo que hay que admitir o dejar de admitir? Sólo se trata de una actitud muy humana.

Ella le dirigió una mirada de duda.

—Pareces un experto —dijo ella un tanto molesta—. Me temo que yo no lo soy.

Fer se limitó a observarla con una mirada inexpresiva, aunque Lu tuvo la impresión de que él no le creía.

— De acuerdo —admitió ella de mala gana—. Sé que no soy completamente inocente. Es sólo que yo... eh... no he tenido mucho tiempo para... esa clase de cosas en los últimos tiempos.

Para la sorpresa de Lu, Fer frunció el ceño, bajó la vista para contemplar su taza de café y susurró:

— Tampoco yo lo he tenido. No últimamente. —Cuando volvió a alzar la cabeza, su expresión cerrada no invitaba a seguir formulando preguntas.— ¿Quieres comer algo?

— No, gracias —dijo ella con tranquila dignidad—. Me gustaría ver si el teléfono se compuso. Si a ti no te importa, querría telefonear a mi hermano.

Antes que Fer pudiera responderle, Lu se incorporó y se dirigió al teléfono, esquivando la mirada del inexpresivo rostro de él. Pocos minutos después, al oír la adormecida, irritable y amada voz de su hermano, trató por todos los medios de mantener calma la voz.

— Hola, John. Soy yo... Lu. —La joven trató de sobrepasar con su voz la confusa exclamación de su hermano al recibir su llamada en horas tan tempranas de la mañana. — ¿Podrías pasar por mí? Anoche no pude continuar mi camino hasta tu casa debido a que un árbol se había caído en medio de la carretera y por ello debí pasar la noche en casa de uno de tus vecinos, Fernando Bold. —Lu debió volver las espaldas a Fer para ocultar el respingo que le produjo el oír las palabras de John a ese respecto. Con gran impaciencia, esperó unos instantes para poder volver a hablar. — Sí, ya sé que el viaje se había planeado para hoy, John —lo interrumpió ella con dulzura—, pero partí temprano. Luego tuve la desgracia de que me atrapara la lluvia y... luego quedé encajada en una zanja y...

Lu debió apartar el auricular de su oreja para proteger sus tímpanos de la violenta reacción de John. Después inspiró profundamente y logró proseguir:

— No importa por qué —dijo ella con voz estridente—. Y no. No me he dañado. —Inconscientemente, la muchacha golpeteaba su pie contra el piso, escuchando los reproches de su hermano. — ¿Puedes venir ahora, John? —Interrumpió ella la conversación, con una lánguida desesperación que afloraba en su voz—. ¡Oh!... ¿podrías también llamar a una grúa para que quite mi automóvil de la zanja? —Luego que John asintiera de mala gana, Lu terminó la conversación. —Sí, nos encontraremos allí dentro de pocos minutos. Saluda a Alice por mí. Hasta luego, querido.

Lu regresó el auricular a la horquilla, disfrazó su rostro con una máscara de gentileza y se dirigió a Fer.

—John viene para aquí —informó innecesariamente, notando con gran irritación que Fer estaba luchando para no soltar la carcajada que se revelaba en sus ojos.


(Enriqueta) #42

ESTA SUPER EL CAP


(Maria Mendoza Lameda) #43

Estos dos no se van aguantar mucho, sienten una gran atracción el uno por el otro, me encanta Amiga, siguela.


(am) #44

Ya no resisten mucho se quieren amor a primera vista


(Vivian Rodriguez) #45

Lu no sabía si sentir alivio o pesar por haber sido la conversación con su hermano, el motivo que le devolvió a él su buen humor. Pero, de todos modos, estaba segura de que ya estaba cansándose de ser una constante fuente de divertimento para ese hombre.
Se encaminó hacia la mesa, cogió su taza de café y la bebió. Luego volvió a apoyarla sobre la mesa con un golpe.

— Puedo ir hasta donde está mi automóvil caminando, Fer —le informó—. No necesitas seguir tomándote molestias por mi causa. —Al terminar la frase, ella sonrió rígidamente y él le devolvió la sonrisa con otra, endemoniadamente encantadora.

—No permitiría que chapotearas por todos aquellos charcos estando descalza, Lu —dijo él lentamente—. Te llevaré hasta donde está tu vehículo y de paso veremos si encontramos tus zapatos en el camino, aunque dudo que puedas ponértelos luego de haber estado toda la noche expuestos a las inclemencias de la lluvia.

Lu había olvidado sus zapatos. Se mordió los labios para no protestar por la sugerencia de Fer de llevarla hasta allí. Habría sido muy estúpido e infantil poner más objeciones y ella ya se había comportado como una niñita tonta durante el breve tiempo en que estuvieron juntos.

— Muy bien —le concedió ella, agradeciéndole casi de corazón, tratando de poner en su voz un tono distinto—. Claro que antes, preferiría despedirme de Joe. ¿Te importaría?

— Él se sentiría herido si no lo hicieras de ese modo —dijo, enderezando su cuerpo e incorporándose—. Iré contigo para ahorrarte los cinco minutos que te demandaría mimarlo y acariciarlo. No podemos hacer esperar a tu hermano John demasiado tiempo.

El tono de Fer casi enfureció a Lu, como si en realidad le hubiera querido decir que la que no podía esperar demasiado tiempo para marcharse de aquella casa era ella. Sin embargo, ella no demostró lo que estaba sintiendo. Ya había aprendido bien la lección acerca de cómo comportarse en cualquier situación en la que Fer Bold estuviera involucrado. Y aquella sí que era dolorosa.

Lu se arrodilló en el rincón favorito de Joe. El obvio dilema del animal, que no sabía si despertarse lo suficiente como para recibir una sesión completa de caricias o continuar con su agradable siesta, le causó mucha gracia y logró disipar lo molesta que estaba por el contradictorio comportamiento de Fer.

— De acuerdo —canturreó ella con un toque de buen humor—. Sigue durmiendo, haragán. De todos modos, no cuento con el tiempo suficiente como para que valga la pena el haberte hecho despertar del todo.

Luego de haber acariciado por última vez la enorme y peluda cabeza de Joe, Lu se incorporó y se volvió para mirar a Fer, quien estaba apoyado contra el marco de la puerta.

— Ya estoy lista —dijo ella y cruzó la habitación, camino a la puerta.

Al llegar allí, Fer extendió un brazo para detenerla. Su mano apoyada sobre la cintura de la muchacha parecía arder como fuego y el sitio donde su brazo había hecho contacto con uno de los senos parecía haberse derretido también. Lu estaba tan pasmada por aquel impacto que ni siquiera se atrevió a moverse.

— Quiero volver a verte —dijo, con sus ojos fijos en las confundidos ojos de Lu—. Te telefonearé a casa de tu hermano —Después, aunque parecía de mala gana, bajó la cabeza para acariciar los labios de la joven con los suyos, dejando tras ese breve beso una cálida magia—. Vamos ya —dijo él, soltándola y dando un paso hacia atrás para cederle el paso.

Lu obedeció, con la mente confusa y su cuerpo lánguido por el dominio que Fer era capaz de ejercer sobre ella. El único pensamiento que tenía en claro, aunque no del todo, era que Fer Bold era un hombre tan enigmático y peligroso como jamás antes había conocido y si a ella aún le restaba una pizca de sentido común, lo que tenía que hacer era alejarse de él inmediatamente, antes que él lograse someterla por completo. Pero de alguna manera, y aunque ella supiera que era muy tonto, Lu sabía que no podía tener nada de sentido común si se trataba de Fer Bold.

Minutos más tarde, mientras conducían bajo el deslumbrante sol otoñal, Fer la turbó con lo que aparentemente, era un comentario casual.

— Es probable que escuches algunos comentarios acerca de mi vida tanto de tu hermano como de los demás, Lu. Me gustaría que no te tomes todo en serio hasta que tengas la oportunidad de conocerme mejor.

Se volvió hacia él e intentó preguntarle algo, pero él la interrumpió:

— Creo que aquellos son tus zapatos, Lu —dijo él mientras disminuía la velocidad de su Jeep para aparcarlo.

Bajó del vehículo de un salto y poco después estuvo de regreso, trayendo consigo los deformes y empapados restos de lo que alguna vez había sido un caro par de zapatos de paseo

— ¡Mira el trabajo artesanal que ha hecho Joe! —dijo él riendo a carcajadas—. ¿Quieres intentar llevar a cabo una operación de salvataje con ellos o prefieres donárselos a Joe para que siga mordiéndolos? Parece ser un juguete demasiado caro para un perro, pero después de haber alimentado a ese mastodonte durante varios años, ya no puedo inventar nada nuevo que logre saciar su apetito.


(am) #46

Siguelaaaa


(Maria Mendoza Lameda) #47

Me encanta, que se sigan viendo, maravillosa Amiga, siguela.


(Vivian Rodriguez) #48

Lu frunció la nariz en señal de disgusto, aunque rió con él.

— Por supuesto que se los daré, a Joe —dijo ella sin darle demasiada importancia—. El sólo estaba cumpliendo con sus obligaciones laborales, de modo que se merece una recompensa.

— Gracias —respondió secamente, al tiempo que arrojaba los zapatos en la parte posterior del Jeep—. Pero creo que me costará una fortuna si Joe continúa realizando esta clase de trabajitos.

Cuando Fer volvió a subir al Jeep, Lu bromeó:

— Supongo que si yo quisiera sacar provecho de toda esta situación, podría decirte que esos zapatos me han costado dos veces más de lo que en realidad valen, pero sucede que sólo se trataba de un par viejo y no tengo ninguna intención de cobrarte ni un solo centavo por ellos. Además, ahora que lo conozco, quiero mucho a Joe.

Al volver a la carretera, Fer la observó con una ambigua mirada y murmuró:

— Esperemos que puedas decir lo mismo de su dueño, una vez que lo conozcas —pero antes que Lu pudiese abrir la boca para responder, él se aproximó al sitio donde aún estaba encajado el vehículo de la joven.

Fer bajó del Jeep y Lu lo siguió, dándose cuenta de que su hermano todavía no había aparecido.

— El agua ha bajado —dijo, después de llegar a la zanja—. Ojalá que tus puertas sean herméticas porque si no lo son, es muy factible que el agua haya penetrado en el interior.

Él inspeccionó el lado del acompañante y en su rostro se leyó una expresión de satisfacción.

—Está húmedo, pero no creo que haya mayores problemas —le aseguró—. Veo que has dejado las llaves puestas. ¿Te importaría si tratase de sacarlo de aquí?

Lu sólo se limitó a mover la cabeza. Había estado tan ocupada observando el atractivo masculino de Fer y con tanto deseo, que temió que en su voz se revelaran sus sentimientos. ¡Por Dios! ¡Sí que era atractivo!, pensaba la joven mientras observaba lo bien que sus jeans se amoldaban a sus caderas, lo mucho que su tricota blanca acentuaba sus hombros anchos y el modo en el cual su oscura barba le daba un aire de peligrosa atracción, casi imposible de resistir.

—"Pero debes resistirte!" —se reprendía ella cuando Fer se sentó sobre el apretado asiento del conductor y encendió el motor.

No era normal sucumbir ante un hombre del cual conocía muy poco y especialmente, cuando sabía que estaba rodeado de algo bastante misterioso. ¿Acaso no había sido él mismo quien le había advertido que escucharía habladurías sobre él? ¿Qué otro significado podría tener eso más que Fer tendría algún escándalo del cual debía avergonzarse?

Lu se quitó del paso al ver que Fer comenzaba a maniobrar el vehículo, para atrás y para adelante, en un esfuerzo por hacerlo subir hasta que finalmente, con un rugido del motor y bastante habilidad del conductor, Fer logró hacer subir el pequeño automóvil, hacia una superficie más sólida de la carretera. Al bajar del auto, Lu tuvo la sospecha de que aquella sonrisa de satisfacción dibujada en los labios de él se debía más al placer que ese éxito le había causado a la joven, que al que él mismo sentía.Flexionando sus músculos, con una actitud de hombre supremo, Fer adoptó una postura de soberbia.

— Yo, Tarzán —dijo él con voz muy grave—. Tú...

— Una típica conductora femenina —interrumpió ella, castigando su machismo—. Apuesto a que al menos esa es tu opinión.

Él no dejó de sonreír entre dientes y sus ojos se tornaron presumidos.

— No necesariamente —bromeó—. Hay muchos hombres que saben conducir y que tampoco habrían logrado sacar el auto de la zanja...

Ella bufó.

— Tu modestia me apabulla. De todos modos, me siento muy agradecida por no tener que pagar los servicios de una grúa —y entre dientes, agregó—: Bueno, eso compensa un poco lo de los zapatos.

— No lo suficiente —dijo intencional, aproximándose a la joven para atrapar su cintura entre sus fuertes manos—. Todavía me debes una noche de alojamiento, una noche perdida de sueño, algunos emparedados de jamón, el café y el baño.

Casi sin aliento y un tanto fuera de sí, Lu le siguió el juego.

— Te olvidas del servicio de lavandería —le sonrió. Luego hizo hincapié en uno de los puntos de la lista—. Pero... ¿qué has querido decir con eso de "una noche perdida de sueño"? Yo dormí.

Con una tenue sonrisa, Fer levantó una ceja y sus ojos parecían arder en los de ella.

— Sí, eso ha sido con respecto a uno de nosotros —murmuró él.

— ¡Oh! —dijo, al tiempo que comenzaba a ahogarse en la mirada de Fer.

Deseaba fundirse en aquellos duros músculos que en ese momento estaban presionando los de ella.

—Por cierto —dijo él suavemente, bajando su cabeza hacia ella.

De pronto, al oír una sonora bocina que interrumpía aquella intimidad, Fer volvió a erguir la cabeza de una sacudida.


(Visitame en el foro Sugar Dolls) #49


(Maria Isabel) #50

esta muy buena siguela.!!


#51

Lindo temita


(Enriqueta) #52

esta nitida la wed


(Maria Mendoza Lameda) #53

Dios estos son pura electricidad, me encanta amiga, siguela.


(Vivian Rodriguez) #54

Fer la soltó y por un instante, Lu sintió que se tambaleaba hasta que poco después, logró recuperar el equilibrio. Siguió la mirada de Fer y vio que su hermano estaba bajando del automóvil, del otro lado del árbol. La muchacha se mordía los labios, ya que no sabía cuánto había alcanzado a ver John. Él la reprendería sin piedad si pensara que algo había habido entre ella y Fer, por haber pasado una noche juntos. Y por primera vez en la vida, Lu no estaba con el humor como para soportar los retos de su hermano... ni tampoco que estuviesen relacionados con ese hombre... ¡ni tampoco con la noche anterior!

Hermano y hermana se confrontaron no a cada lado del árbol: ella con una exageradamente entusiasta bienvenida, tratando de ocultar sus deseos de que John hubiese llegado unos minutos después y él, con una mirada especulativa y con los comentarios típicos de todo hermano:

— ¿Qué diablos has hecho ahora?

Lu no estaba dispuesta a que John le dijera más cosas de las que ya le había dicho por teléfono y se lo expresó con una elocuente mirada. Con una sonrisa y meneando apenas la cabeza, John Wren le guiñó el ojo y luego le dio la bienvenida para enfrentar a Fer Bold.
Lu se sintió totalmente inútil al ver que ninguno de los dos hombres esperó a que ella los presentara.

—¿John Wren? —preguntó Fer mientras estrechaba su mano por encima del tronco.

John asintió.

— Y usted debe de ser Fernando Bold —deslizó con certeza con una sonrisa entre dientes mientras estrechaba su mano.

— Siento no haber podido darle la bienvenida a este vecindario con anterioridad —dijo con su rostro tieso, pero con un brillo en los ojos, al observar la expresión embarazosa que había en la mirada de Lu—. Se me ha dicho que me falta bastante para ser un buen vecino, pero trataré de rectificarme de ello de aquí en más.

— Yo diría que ha empezado muy bien —respondió divertido—. Quedarse estancado con mi hermana en mitad de la noche ha de haber sido una gran experiencia.

— ¿Has llamado a la grúa, John? —preguntó ella, con un dejo de petulancia en sus ojos al ver que ambos hombres parecían haber olvidado su presencia.

Aún peor: parecieron extrañados al notar que ella estaba allí.
Durante un segundo, John pareció turbado y luego dirigió una especulativa mirada a Fer. Al observar nuevamente a Lu, sus ojos parecían cálidos, tiernos.

— No —admitió—. Pensé que sería mejor venir primero y comprobar la gravedad del caso. Pensé que quizás podría sacar yo mismo el automóvil de la zanja, pero veo que Fernando ha tenido la misma idea.

Lu observó a ambos.

— ¿Cómo sabes que ha sido Fer quien sacó el auto de la zanja? —Preguntó con sarcasmo—. Pude haber sido yo.

John la miró con toda la superioridad de un hermano mayor.

— Fui yo quien te enseñó a conducir, ¿recuerdas? Al menos, eso fue lo que traté de hacer —murmuró él por lo bajo.

Enfurecida por tan injusta condena, Lu montó en cólera.

— Correcto, sólo has tratado, ¡John Wren! Tienes un carácter tan desagradable que sólo me dedicabas una hora de tu tiempo y tuve que ir a aprender a la escuela de conductores. ¡Y lo que es más, allí me he convertido en un as!

Manteniendo sus manos en alto, en señal de defensa, John dirigió a Fer una mirada de masculina paciencia ante tal intransigencia femenina, pero él ya estaba riendo cuando John respondió a su hermana:

— Sí, es verdad. Eso fue lo que hiciste. Pero podría haber jurado que te reprobarían sin siquiera tomarte el examen.

Fer comenzó a reír a carcajadas junto con él y Lu se encolerizó aun más, hasta que comprobó que ambos hombres no eran más que dos arrogantes chauvinistas... adorables machos chauvinistas, cierto... pero chauvinistas al fin.

— De acuerdo, cuando terminen de reírse de mí, ¿les importaría desarrollar toda esa inteligencia que tienen para decirme cómo demonios se supone que haré para conducir mi automóvil hasta tu casa, John?

El sarcasmo de Lu fue imperceptible, cuando John la miró orgulloso de ella.

— Puedes llegar hasta allí, por otra ruta, Lu. Es mucho más larga pero debe estar lo suficientemente seca como para que podamos llegar a casa por la mañana.

Fer los interrumpió con una tierna sonrisa y ojos alegres.

— Oh, pero tú no tienes apuro, ¿verdad, Lu? Después de todo, estás de vacaciones, según has dicho. —Alzó las cejas—. No tienes ninguna obligación que cumplir, ¿no es cierto?

— Absolutamente —respondió entre dientes, molesta por la referencia de Fer de que antes, ella no había podido esperar para alejarse de él—. Sólo díganme cómo llegar hasta allí y lo haré por mis propios medios.

Ambos le dieron las indicaciones necesarias y luego de una superficial expresión de gratitud hacia Fer por su hospitalidad y de asegurarle a John que no se perdería, Lu dejó a ambos en medio de la carretera, observándola partir. Se sintió inexplicablemente triste por tener que despedirse de Fer tan pronto... Era obvio que sus sentimientos eran una señal de que su corazón se rompería en pedazos si Fer no cumplía con su promesa de telefonearle o... quizás, si la cumplía...


(am) #55

Continualaaa


(Maria Mendoza Lameda) #56

Ya Lu se enamoró de Fer, y tiene un punto a su favor, porque al parecer le cae muy bien al hermano de ella, está buenisima Amiga, sigue la, me encanta.


(Vivian Rodriguez) #57

~:heart:~ Capítulo 4 ~:heart:~
Cuando llegó a la vieja casa que John y Alice habían comprado, Lu prácticamente se había aleccionado para dejar de tomar en cuenta su repentina e inexplicable reacción hacia Fer Bold.
Lu se decidió a apartar sus pensamientos de Fer Bold. Sonrió al contemplar la pequeña casa, de tipo agreste, recién pintada de blanco. Toda la casa parecía pertenecer a otros tiempos y las hierbas eran silvestres y demasiado crecidas.

La muchacha pensó que durante toda su estadía en aquella casa, tendría la oportunidad de olvidar por completo su trabajo. Desde afuera todo se veía muy bien, pero según lo que John y Alice le habían comentado, el interior de aquélla era historia aparte. Por otro lado, aunque los jardines y el césped se veían hermosos, Lu era consciente de que debería darles todas las horas que pudiera para mejorarlos.

Cuando bajó de su automóvil, se abrió la puerta delantera y aparecieron John y Alice para saludarla y ayudarla a llevar su equipaje a la casa. Lu corrió al encuentro de ambos y los estrechó en un fuerte abrazo. Terminados los saludos y las risas de alegría, la muchacha retrocedió y notó que Alice estaba observando sus pies descalzos con un alto grado de desconcierto.

— No te preocupes, Alice —bromeó ella—. Tengo muchos otros pares de zapatos y además, sólo estoy en los principios de una pulmonía. Probablemente, tendrás que cuidarme durante tres de las cuatro semanas que he decidido pasar aquí para que me recupere.

La reacción de Alice a ese comentario de Lu fue práctica y predecible. Aunque parecía un frágil angelito, no era más que el sentido común personificado.

— Ni se te ocurra —replicó, conduciendo a Lu hacia casa—. Te daré uno de mis tónicos y verás que sanarás en menos de lo que canta un gallo.

Lu soltó un suspiro de burlón terror y trataba de zafarse de su cuñada que a toda costa quería llevarla hasta la casa.

— ¡Por favor! ¡No lo hagas! —imploró ella exageradamente—. Sería capaz de hacer cualquier cosa para evitar beber tus medicinas caseras.

Alice sonrió entre dientes con gran satisfacción; su boca dibujó un gesto de sádico júbilo.

— Eso fue lo que pensé —respondió con pesar—. Pero no puedes hacer nada para evitarlo. Iremos arriba y tomarás un baño bien caliente. Luego te traeré una taza de té de sasafrás para disolver en él el tónico. Una vez vestida y luego de haber tomado la medicina, John y yo te ofreceremos un buen desayuno antes de mostrarte la casa.

Lu farfulló y echó una punzante mirada a John, que estaba de pie disfrutando del embrollo en que se había metido su hermana. Aquélla era una mirada de furiosa indignación.

— ¿Vas a quedarte allí, cruzado de brazos, a la espera de que tu esposa se lance contra mí antes que yo pueda defenderme? ¡Qué hermano tengo!

John soltó una carcajada y comenzó a ascender las escaleras con su equipaje.

—No puedo salvarte, hermanita —respondió él con una disgustante chispa de alegría en su voz—. Alice ya te ha atrapado entre sus garras. Pero alégrate: es muy factible que el desayuno que te ofreceremos compense, al menos en parte, lo que estás a punto de soportar…Me muero de ganas de desayunar, no te demores demasiado, Alice o sabes lo que puede suceder.

Lu miró a su cuñada como interrogándola por el comentario de John.

— ¿Qué es lo que sucederá? —preguntó con tono de sospecha.

Alice rió entre dientes.

— Quema las cosas... a propósito, creo. No le gusta cocinar solo.

Lu rió y luego se volvió para inspeccionar la habitación.

— ¡Guau! —exclamó maravillada, mientras contemplaba el hermoso acolchado que cubría la cama, las vaporosas cortinas blancas de las ventanas, el asiento que estaba próximo a una de éstas, los muebles de estilo americano antiguo y el antiquísimo cofre ubicado al pie de la cama. Lo único que faltaba era el papel de pared con grandes diseños y una cálida alfombra—. ¡Es grandioso, Alice! —exclamó con genuina admiración—. No sabía que habían llegado tan lejos en lo que se refiere a la decoración de la casa.


(Vivian Rodriguez) #58

— No lo hemos hecho —contestó con una sonrisa—. Sólo hemos decorado nuestra habitación y ésta, pero los demás ambientes necesitan aún muchas horas de trabajo. Y como puedes ver —continuó, señalando los muros el piso—, tendrás que ayudarnos a terminar este cuarto. Necesitamos empapelar las paredes y nos gustaría mucho que tú escogieras el diseño adecuado y también, una linda alfombra para el piso.

— Es realmente un placer hacerlo —dijo, levantando el tono de voz por la excitación que sentía. Estaba disfrutando de un gran regocijo por estar allí, con una tarea que la haría dejar de lado su aburridísima rutina—. Estoy realmente impaciente por comenzar. — En un momento de gran algarabía, Lu tomó a Alice por la cintura y la hizo girar durante algunos instantes.

— ¡Ya basta! ¡Ya basta! —rió apartando a Lu de sí. Luego la señaló con su dedo y le echó una torva mirada—. Espero que te dure el entusiasmo porque te anticipo que tienes trabajo para hacer durante todo el tiempo que permanezcas aquí y cuando llegue el momento de tu partida, muchas cosas quedarán sin terminar.

Lu sonrió complacida y Alice meneó su cabeza satisfecha, mientras llevaba a su cuñada fuera de la habitación, cual si fuera una pastora acarreando su ganado.

— De todas maneras, tendrás que meterte ya mismo en la tina de baño mientras yo bajo para prepararte el tónico.

— ¡Uf! —Esa exclamación surgió espontáneamente de Lu, pero luego miró a Alice resignada y asintió con la cabeza. — De acuerdo, se ha salido con la suya, doctor Wren. Ya me he resignado a mi cruel destino.

La joven extendió sus muñecas como si alguien fuese a esposarla. En su rostro se leía una expresión de desdicha y angustia.

— ¡Aha! —replicó. —. ¡Este sí que es mi día! Ven por aquí, te enseñaré el camino que conduce al cuarto de baño.

El cuarto de baño estaba ubicado al otro lado del vestíbulo y tenía una puerta que lo comunicaba con la habitación de John y Alice

— Me temo que tendrás que compartirlo con nosotros hasta que terminemos de azulejar el que está junto a tu habitación —explicó mientras daba vueltas, buscando toallas limpias y examinando todo cuidadosamente para que Lu tuviese todo lo necesario—. Los sanitarios ya han sido colocados y están funcionando, pero hay tanto lío en el muro que está detrás de la tina de baño, donde John ha estado azulejando, que no se puede usar hasta que limpiemos todo y terminemos de trabajar en los otros muros. —Alice observó traviesamente a su cuñada y luego, como al pasar, deslizó: —Claro que yo en tu lugar, si deseara tener un baño privado, me concentraría primero que nada en esa tarea, aunque... está lejos de mi intención...

— ¡Uh! —Interrumpió con una exclamación de disgusto—. Ya veo cuál es el método: ustedes invitan a una persona a pasar unos días en la casa, pero para que el invitado se sienta realmente a gusto debe procurarse las comodidades que necesita. —Con las manos sobre sus caderas, Lu observó a Alice divertida. — Si crees que sólo porque eres la mejor cocinera del este de las Montañas Rocosas y yo, la mejor catadora de manjares de cualquier parte, tienes derecho a pedir lo que sea, estás muy equivocada, mi querida... —Lu observó la decaída expresión de su cuñada y continuó: — Pero, de todos modos, te daré la razón. ¡Luego del desayuno, empezaré con ese maldito cuarto de baño!

Al mencionar el desayuno, Lu se dio cuenta que su hermano estaba abajo, estropeando probablemente todo lo que estuviese a su alcance en ese preciso instante. Señaló la puerta del baño y empujó suavemente a Alice hacia ella.

—Hablando de desayuno, será mejor que bajes y comiences a cumplir tu parte en este trato. Si mi hermano no ha cambiado en los últimos tiempos, estoy segura de que sea lo que sea lo que esté cocinando, no podrían comerlo ni siquiera los cerdos y, para tu información, tengo planeado aumentar por lo menos tres kilogramos de peso durante mi estadía aquí.

Imperturbable, Alice echó su cabeza hacia atrás y se detuvo en la puerta, antes de salir. Miró a Lu de arriba a abajo, como ella había comenzado a desabotonar su camisa.
Siguiendo su estilo de brevedad habitual, tomó la última palabra.

— Puedes usarlo. Esperemos que calces en el sitio adecuado. —Con esas palabras, se retiró, riendo por la cólera de Lu.

Aquella situación se debía a que ambas muchachas habían sostenido siempre una dura batalla: Alice obviamente tenía un abundante busto y Lu, uno bastante menos prominente.
Una vez que Alice desapareció, Lu terminó de desvestirse y contempló su cuerpo desnudo en el gran espejo que estaba fijo, sobre la puerta el cuarto de baño. Por lo general, ella contrarrestaba las burlas de Alice con gran habilidad, arguyendo que las mujeres más diminutas eran las más delicadas. Sin embargo, John nunca había contribuido mucho en tan dura atolla: siempre demostraba imparcialidad y sobre todo, mucho tacto. Admitía que Lu era el tipo de mujer ideal para llevar esos vestidos especialmente diseñados para usar sin sostén, pero también admiraba la exuberancia de su esposa, la cual consideraba una abrigada delicia para compartir en un lecho matrimonial durante las frías noches de invierno.


(Enriqueta) #59

ESTA PADRISIMA


(am) #60

Continuala