♥ Wed Nov Fuegos De Otoño♥ Jackie Black


(am) #21

Continuala


(Vivian Rodriguez) #22

Lu dedujo que sería soltero, puesto que no llevaba sortija de bodas y, por otra parte, era obvio que Joe era la única compañía de él en aquella casa. Se apresuró para asegurarse, y no porque sintiera real interés en ello, de que no existía ninguna fotografía, ni siquiera de sus padres o de alguna hermana o hermano. Trató de deshacerse de sus conjeturas, convenciéndose de que hay mucha gente a la que no le interesa tener fotografías a su alrededor. Claro que ese hecho, no necesariamente tenía que significar que esas personas no fueran cálidas o cariñosas.

Lu se sorprendió frunciendo el ceño cuando se dio cuenta de que ansiaba encontrar a Fer Bold como una persona cálida y cariñosa. Pensó que de pronto, se estaba interesando demasiado en ese hombre. En su interior, se reprochó aunque esos reproches lograron poca cosa: Lu siguió pensando en él. Tenía que limitarse a pasar esa noche y a la mañana siguiente, podría olvidarlo completamente. Era muy factible que no volviera a verlo nunca más, entonces, ¿por qué tendría que perder su tiempo tejiendo hipótesis acerca de la vida de Fer Bold?

— ¿Se siente mejor?

Al oír aquella voz ronca y tan masculina desde la puerta, la muchacha se volvió de repente para mirarlo. Él estaba de pie, con una bandeja entre las manos y parecía como si hubiera estado allí durante un tiempo.

— Sí, gracias —respondió con gentil formalidad—. Ese baño ha logrado maravillas. Gracias por habérmelo ofrecido.

Los ojos de Fer se encendieron al notar la mirada ansiosa de Lu que se había posado en la bandeja.

— Como creo que ya ha visto usted demasiados fantasmas en sólo una Noche de Brujas, pensé que le habría llegado el turno de disfrutar de alguna delicia —explicó él—. He traído algunos emparedados y un poco de café. ¿Quiere?

— Mmmm, ¡sí! —suspiró, sin disimular ni en lo más mínimo el hambre que tenía—. Muchísimas gracias. No he probado bocado en varias horas.

— Estupendo. —le alcanzó la bandeja y se sentó a su lado, sobre el piso, ubicando la bandeja entre los dos—. ¿Le importaría si los comparto con usted? Han pasado varias horas desde la cena.

— Sí, claro —asintió, al tiempo que tomaba un copioso emparedado de jamón, mientras Fer Bold servía café para ambos.

Era evidente qué la joven disfrutaba al máximo, saboreando cada bocado. Cuando él tomó un emparedado, ella le obsequió una cálida sonrisa.

— Está muy bueno —dijo ella con la boca llena, preocupándose muy poco por mantener los buenos modales.

El ambiente que la rodeaba era tan calmo y reconfortante que la muchacha pronto se sintió como si hubiera estado en su propia casa.Fer la observaba y al sonreírle, sintió que un temblor recorría su espina dorsal.

— Gracias —fue todo lo que ella pronunció.

Terminaron sus emparedados en un silencio de camaradería, lo que disipó hasta el último de los temores de Lu.

Mientras comía y bebía, estudiaba a Fer Bold. Llevaba unos jeans desteñidos, con una oscura tricota aterciopelada que pronunciaba sus masculinos hombros. Había extendido sus largas piernas hacia adelante, cruzando un tobillo sobre el otro. Los jeans le sentaban perfectos. Todo su físico reflejaba una viril seguridad en sí mismo, muy atractiva por cierto. Fue entonces cuando Lu se preguntó si habría sido cierta su hipótesis de que era un hombre soltero. Seguramente, algunas mujeres debían de haberse sentido atraídas por él años atrás, ya que Fer sería un hombre de unos treinta años aproximadamente. ¿Cómo se las habría ingeniado para no casarse? ¿Acaso se habría divorciado?

Lu no apartaba su insistente mirada de la castaña cabellera, algo enmarañada e irresistiblemente encantadora. Sus oscuras cejas se arqueaban sobre los castaños y profundos ojos. Su nariz, era recta y firme. El mentón, oculto bajo la barba, indicaba la fuerza de Fer y Lu pensó, que no había motivos para que lo escondiese bajo tan espesa maraña. Aquella barba era el único elemento que ella encontraba incongruente con su personalidad. Fer era atractivo, pero la joven decidió que lo habría preferido sin barba. ¿Por qué se la habría dejado crecer? ¿A modo de camuflaje?

Sus pensamientos le hicieron olvidar por completo la cautela. Continuó contemplándolo.
La muchacha se sintió un tanto inquieta al enfrentarse con aquella sonrisa y su anfitrión le dijo suavemente:

— No se preocupe, señorita Wren. Soy un hombre de palabra y he de cumplirla.

Por supuesto que ella sabía a qué se estaba refiriendo, pero se sorprendió respondiéndole algo completamente distinto a lo que Fer había comentado... ¿o acaso no?

— Puede llamarme Lu —murmuró ella, sin saber a ciencia cierta lo que esta diciendo.

Pero se sintió horrorizada cuando se dio cuenta de lo que acababa de expresar.


(Vivian Rodriguez) #23

Los castaños ojos de Fer se encendieron con gran interés, al tiempo que agradecía la gentileza de la joven, haciendo un gesto de aprobación con la cabeza.

— Gracias Lu. Así lo haré. Pero entonces, ¿por qué no me llama Fer?

Lu se sentía confundida por su propio comportamiento y tenía la esperanza de que él no pensara que ella le estaba dando pie para llegar más lejos de lo que ella quería.

— No le dé de comer a Joe hasta que ambos hayamos terminado —dijo, apartando la atención de Lu de ambas manos.

Aquel toque de humor que se escuchó en la voz de Fer bien podría haber significado que le habían causado gracia los ruegos de Joe, pero ella creyó detectar un vago placer al mismo tiempo que una voz interior la ponía alerta.

— Él sabe perfectamente que no tiene ningún derecho a pedir nada, ni siquiera por una mirada —continuó—. Pero aparentemente, Joe piensa que usted es muy vulnerable.

Aunque Lu no pudiera asegurar que aquellas palabras encerraban un doble significado, se sintió turbada por ellas y con un tirón, retiro su muñeca de la mano de Fer Bold.

— Lo siento —se excusó ella, con un tono más aguzado del que ella habría querido expresar—, soy una persona muy fácil de engañar... en lo que a los perros respecta —agregó con toda intención. Volvió la mirada a Joe y le sonrió—. Tus modales son admirables, Joe, y como yo desconocía el reglamento, te reservaré un buen bocado como recompensa por haberte tentado sin darme cuenta de lo que estaba haciendo.

"¡Eso es! —pensó ella para sí con gran satisfacción mientras volvía a mirar a su anfitrión—. ¡Hablemos de sus frases con doble sentido!" Tenía la esperanza de que Fer Bold hubiera captado los de ella. La muchacha le sonrió. Luego, esa sonrisa se desvaneció al ver que una mueca especulativa afloraba sobre los labios de Fer, con un gesto mucho más atractivo que todos los demás.

— ¿Eso va para alguien más aparte de Joe? —preguntó él, tanteando humildemente la respuesta.

—¿A qué se refiere? —interrogó con tono de recelo.

— Quiero decir que si cada vez que usted tienta a alguien sin intención de hacerlo, siempre le da la recompensa de obtener un "buen bocado". —La respuesta de él parecía inocente.

Lu se ruborizó pero se las ingenió para mirarlo fríamente y para poner un tono calmo; luego de una pausa, respondió:

—Siempre doy recompensas cuando hay de por medio niños, ancianos o animales que no pueden darse a entender —dijo ella con una dulce sonrisa. Luego, su voz se endureció considerablemente cuando agregó—: puesto que estoy segura de que todos los demás pueden cuidarse solos.

— ¡Ah! Pero es allí donde usted está equivocada —contestó él, demostrando estar muy divertido en lugar de sentirse como si lo hubieran puesto en el lugar que le correspondía—. Los hombres, por ejemplo, somos especialmente vulnerables a la tentación y sobre todo, sabemos agradecer cualquier tipo de golosinas que una hermosa mujer pueda obsequiarnos. ¿No tiene ninguna que le sobre para poder obsequiarla a alguno de esos hombres?

Aquel intercambio de palabras se estaba tornando demasiado personal en lo que a Lu se refería y por ello, la joven se dio cuenta de que tenía que terminarlo allí.

— No. ¡Ni una migaja! —replicó ella tenazmente—. Todos los que he conocido habrían sido capaces de tomar todo lo que se les hubiera ofrecido, mucho o poco, sólo para tomarlo como una excusa y poder engullir el plato entero. Ya hace bastante tiempo que he decidido no calmarles ningún tipo de apetitos y por eso trato de no tentarlos, ya sea consciente o inconscientemente. —La mirada que acompañó sus palabras era levemente beligerante y se sintió desconcertada al comprobar que él no se había intimidado ni por la una, ni por las otras.

En cambio, soltó una fuerte carcajada, con un sonido que provenía desde su pecho. Lu sentía deseos de retorcerse debido al indeseable placer que aquel ronquido le había producido.

— Una mujer como usted no tendría que hacer nada especial para tentar a un hombre, Lu —murmuró él con diversión, mientras su carcajada se desvanecía. Su mirada se atenuaba, para poder observarla plenamente—. El simple hecho de mirarla es una tentación, ¿o acaso quiere hacerme creer que lo ignoraba?

De pronto, la habitación se tornó insoportablemente calurosa y la intimidad que se había creado entre ellos, inaguantablemente peligrosa. Lu apartó bruscamente sus ojos de Fer y se incorporó sobre sus pies, ofreciéndole al hombre un agradable espectáculo de largas y delgadas piernas durante tal proceso. Joe se acercó a ella, arrastrando las patas, atraído por su inesperado movimiento y Lu se valió de él como una distracción para ocultar su perturbación.

— Aquí, Joe. —Le arrojó un trozo de emparedado. Las enormes mandíbulas se abrieron y con exacta precisión el animal atrapó el bocado en el aire. Mientras se dirigía hacia la puerta, miró a Fer.

— Discúlpeme un momento, por favor —murmuró ella, odiando su voz que apenas tenía fuerza—. Debo ir al cuarto de baño.


(Enriqueta) #24

ESTA NITIDA ESTA WED


(Vivian Rodriguez) #25

GRACIAS QUETA POR COMENTAR


(am) #26

Siguelaaaa


(Vivian Rodriguez) #27

YO SUBO ENTRE UN RATO


(Vivian Rodriguez) #28

Él permaneció donde estaba, con los ojos cerrados, pero Lu tenía la impresión de que cada uno de sus sentidos estaba vivo y trabajando activamente muy a su pesar.

— Cuénteme sobre usted, Lu —sugirió él, siendo su tono tan natural que la joven se relajó al menos un poco...

— ¿Por ejemplo? —dijo ella en el mismo tono, preguntándose si se había imaginado el temblor de la barba de Fer, probablemente provocado por una sonrisa.

— ¿Cómo se gana la vida? —fue su desapasionada respuesta y ella se sintió que estaba segura.

— Soy funcionaría de personal y trabajo para el gobierno federal —replicó ella con razonable serenidad y como de acuerdo con las circunstancias, la conversación parecía muy normal, ella también dio rienda suelta a su curiosidad—. ¿Y qué puede decirme de usted? ¿Qué hace habitualmente?

En ese momento fue evidente que la barba se movió, pero... ¿se trataba de una sonrisa o de una mueca?

—No tengo empleo fijo por el momento —replicó él con un tono de voz que no invitaba a continuar interrogando

Volvió entonces a preguntarle a ella y lo hizo con tanta habilidad, que Lu se sorprendió diciéndole muchas más cosas de las que ella tenía intención de contarle.
Transcurrida una media hora de agradable intimidad, en aquella habitación iluminada sólo por las llamas de la chimenea, en sosegada conversación y con el sereno ronquido de Joe, Lu se sentía tan cómoda que podría haber pasado el resto de su vida allí, en compañía de Fer Bold.

Cuando Fer se puso de pie, empujando levemente a Joe hacia un costado, para dirigirse hacia un pequeño bar al que Lu no había descubierto antes, la joven notó que había estado viviendo en un tonto paraíso. Mientras Fer Bold había estado tendido sobre el piso, con su viril atractivo parcialmente disimulado por la presencia de Joe, Lu había logrado olvidar la sexualidad que Fer encerraba en su alta y poderosa figura.

Pero en ese momento él se aproximaba a ella con dos copas de vino y ella no lograba apartar la mirada de cada uno de sus movimientos, de aquella mirada espontánea y natural imposible de ignorar y del peligroso y oscuro encanto que estaba atrapado en su rostro... especialmente, en sus ojos. La muchacha alzó la vista para observarlo con sus ojos color negro, enmarcados por largas pestañas, revelando lo turbada que se sentía Lu estaba exactamente en el mismo lugar en el que había estado antes de escaparse hacia el cuarto de baño, aunque esa vez, el peligro era más inminente. Luego de haber bebido su copa de vino, Fer se sentó sobre el diván... a su lado pero más cerca y no en el extremo más lejano y más seguro para ella.

Lu bebió de un trago su vino y echó una resplandeciente sonrisa al hombre que estaba frente a ella, observando su evidente perturbación con un paciente y radiante interés.

— ¿Y qué puede decirme acerca de usted? —preguntó, tratando de encontrar un tono desinteresado—. Creo haber hablado lo suficiente acerca de mí. ¿No quiere que hablemos de usted ahora?

Ella sintió que su sonrisa comenzaba a tambalear cuando Fer posó su mirada sobre la boca de la muchacha. Sabía perfectamente que era algo idiota, pero tenía la certeza de que aquella mirada tenía el poder de parecer tangible de algún modo u otro... como si él estuviera besándola en lugar de estar hablando con ella.

— No dude de que podrá escuchar todo lo referente a mi vida personal de boca de otros mientras permanezca aquí —dijo él, con un tono apenas distante que pronto se esfumó—. No creo que valga la pena perder nuestro tiempo hablando de algo tan aburrido como mi pasado. —Luego de una pausa, con un tono más ronco y profundo, prosiguió: —Y sobre todo, cuando el presente puede ser tan interesante.

Lu ignoró la invitación de su voz, con una leve inclinación de su cuerpo hacia adelante, tan leve como pudo hacerla, aunque casi no tenía aliento para seguir hablando.

— No creo que sea aburrido —dijo ella, tratando de mostrar una valentía muy poco convincente—, Y preferiría escuchar la historia de su pasado por boca suya y no por la de los chismosos, —Después, con una mirada confusa, comenzó a preguntarle por qué habrían de escucharse comentarios acerca de él, pero el interrogatorio cesó, cuando Fer se inclinó hacia adelante, acercando su boca de la de ella a unos cuantos centímetros.

Todo lo que él dijo fue:

— ¡Chist, Lu! —Pero detrás de sus palabras se ocultaba un tremendo significado y luego, hubo un mundo de sensaciones en su beso. Lu olvidó todo lo que no estuviese relacionado con los sentimientos que su respuesta le inspiraban.

Fer no la forzó para nada. Por el contrario, el movimiento de sus labios sobre los de ella y la cálida caricia de su barba fueron genuina seducción, en su forma más efectiva. Él era suave, paciente y eróticamente sugestivo. Más que forzarla para permitirle penetrar en ella, la lengua de Fer invitaba a Lu para que la dejase pasar. Era tan pacientemente tentador como lo había sido antes, hasta que la joven decidió que ya no podía soportar la agonía de que él no la abrazase para estrecharla contra sí y hacerle sentir la calidez de su cuerpo.


(Vivian Rodriguez) #29

COMENTEN CHICAS


(Maria Mendoza Lameda) #30

Ya estos no se aguantan mucho, fue atracción a primera vista, está espectacular Amiga, me encanta, sigue la.


(Vivian Rodriguez) #31

GRACIAS AMIGA YO LA SIGO ENTRE UN RATO ME HICIERON UNA EXTRACCION DE UN DIENTE Y ESTOY ADOLORIDA CUANDO ME SIENTA UN POCO MEJOR SUBO CAP


(Vivian Rodriguez) #32

El pareció darse cuenta de sus necesidades en ese preciso instante. Lu sintió que le quitaban la copa de vino de la mano para hacerla a un lado. Luego, dos fuertes brazos se ciñeron sobre ella, brindándole la intimidad que ella reclamaba en cada una de las células de su cuerpo. Lu sintió que se convertía en un débil instrumento que se adecuaba a los contornos de Fer Bold, como si conociera cada uno de sus músculos, de sus huesos, de sus recovecos que encajaban en las curvas de la joven con asombrosa exactitud. Él se sentía tan bien y la hacía sentir tan bien, que Lu sintió temor de sí misma: ¿qué sucedería si sus sobrecargadas emociones dieran lugar a más?

Los besos de Fer se hicieron más profundos. Se dirigieron a las mejillas de la muchacha, descendieron por su cuello y regresaron a sus orejas, mientras que sus manos la moldeaban contra sí, con encantadora y comprobada fuerza. Lu estaba abrumada de tantas sensaciones, a las cuales ella se había negado durante tanto tiempo. Tampoco las había percibido con tanta intensidad anteriormente. En una ocasión había pensado que estaba enamorada de Jed Cason y le había entregado más de sí de lo debido, pero ni siquiera a su lado había tenido esa sensación, la de ser una sola persona... esa sensación que Fer le inspiraba sin hacer ni el más mínimo esfuerzo.

— Fer... —suspiró ella cuando los labios del hombre se dirigieron hacia el escote en "V" de su bata.

Pero en realidad, no había protesta alguna en su voz y él parecía no estar obligado a detenerse. En cambio, hizo descender su mano desde la espalda hasta la cintura de la muchacha para aflojar el cinturón de la bata que cubría su desnudo cuerpo. Al apartar la bata, Lu se preguntaba en su estado de total confusión, por qué no se sentía en una situación embarazosa, por qué no tenía vergüenza... Por el contrario, la inspiración de Fer le indicaba que él también sentía placer y que la encontraba hermosa.

La joven alzó la vista para, observar a Fer y sintió estirarse como una gata mimosa, para demostrarle el placer qué sentía, para complacerlo y permitirle que completara el acceso a lo que acababa de descubrir.

— Lu... —En su voz se notó una profunda, demandante y aún, suave calidez, que hizo que ella asintiera sonriendo a su pedido.

Fue suficiente respuesta el hacerlo gemir por lo bajo. Besó la boca de la joven con hambrienta fiereza y luego la tendió sobre el diván para besar el resto de su cuerpo, disfrutando del sabor de su piel, cual si probase un dulce néctar, o una enorme gota de miel.

Lu gimió al percibir sus caricias sobre un seno: Fer saboreó primero un pezón, luego el otro, hipnotizándola y abrigándola hasta hacerla arder de pasión. Se sintió acongojada cuando descendió hasta el abdomen, pero no tardó mucho tiempo en experimentar nuevos placeres: Fer exploraba suavemente las entrañas de ella con gran suavidad y descubría nuevas zonas con sus manos.
En ese momento, Lu sentía deseos de tocarlo con la misma intimidad que él la estaba tocando a ella. Susurró:

— Déjame tocarte —permitiendo que sus ojos imploraran ese privilegio.

Un viril placer se expresó en la sonrisa de Fer y sus ojos se veían complacientes, mientras se incorporaba para quitarse la ropa y permitir a Lu el acceso a su cuerpo.
El movimiento de Fer despertó de su perruno sueño a Joe, ya que debió de haber sido muy brusco. Joe se paró sobre sus cuatro patas en un salvaje y rápido salto, que desconcertó a ambos. Luego ladró tan sonora y profundamente que Lu lo sintió dentro de su pecho.
Fer estaba alerta pero imperturbable.

— Siéntate, Joe —ordenó con un tono amenazante, haciendo que Joe bajara la cabeza en señal de estar avergonzado por su comportamiento.

La reacción de Lu había sido completamente diferente: se sentó de golpe y en un abrir y cerrar de ojos, en un devastador momento de lucidez, se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer.
Fer estaba quitándose la tricota cuando ella lo detuvo.

— No lo hagas —protestó ella, con voz aterrorizada y casi estrangulada.

Él bajó la vista para observarla, levantando una ceja en señal de total confusión. Ella tragó saliva y se llevó una mano a la frente en un gesto de distracción.

— Fer, lo siento... —Su propia confusión se evidenciaba en el tono de voz, junto con una súplica de comprensión—. No sé lo que estoy haciendo... —agregó conservando el mismo tono de voz—. Ni siquiera te conozco. —Levantó la vista con sus ojos grandes y brillantes llenos de emoción—. No ha sido mi intención tentarte —dijo avergonzada, encogiendo levemente los hombros al recordar que ambos estaba desnudos. Con prisa, se cubrió con la bata y ajustó con torpes dedos el cinturón, demostrando su nerviosa agitación—. Yo no soy así —se lamentaba, mirando a Fer como si le implorase que le explicara cuál había sido el motivo que la había conducido a comportarse de ese modo, tan inusual en ella.

Él la observaba con una expresión tan extraña que Lu no podía descifrar lo que él estaba pensando o sintiendo en ese momento. Pero podía imaginárselo y el solo pensamiento la hacía sentir arrepentida por lo que había hecho. Fer Bold bien podría pensar que ella era una tonta sin principios y Lu nada podía hacer o decir para hacerle cambiar de parecer. No encontraba explicación que pudiera aclararle a ella misma esa situación y mucho menos, la tendría para él.


(Maria Mendoza Lameda) #33

Me parece bien que no se haya entregado a el todavía es muy pronto, tienen que hablar, que el la busque y le pida disculpas también por lo que pasó, porque es responsabilidad de los dos, me encanta Amiga, siguela, mejorate pronto.


(Vivian Rodriguez) #34

GRACIAS AMIGA YA ESTOY MUCHO MEJOR


(Vivian Rodriguez) #35

Finalmente, Fer se encogió de hombros y con una sonrisa se dirigió a Joe:

— Muchas gracias, amigote —murmuró, con un seco sentido de buen humor en su voz, que ocultaba una sensación de disgusto—. Recuérdame encerrarte fuera de la habitación la próxima vez que tenga una invitada del sexo débil.

Fer se agachó para recoger el vaso de vino de Lu. Cruzó la habitación para volver a llenarlo y en ese instante, ella sintió una pálida sensación de gratitud hacia él, puesto que tomaba tan bien las cosas en lugar de enojarse seriamente, como más de un hombre lo habría hecho en su lugar. Sin embargo, su gratitud casi se desvaneció por el enfermizo dolor que sintió al oír la referencia que Fer había hecho acerca de sus "otras visitantes del sexo débil".

También podría haberla abofeteado. En realidad, pensó que el dolor físico podría haber sido mucho más llevadero que el dolor emocional al oír las palabras de Fer, refiriéndose a ella como una de las tantas mujerzuelas que satisfacían sus apetencias sexuales.

Él regresó y le ofreció otra copa de vino. Ella la aceptó y lo bebió de un solo trago. Ignorando sus cejas levantadas y su sarcástica mirada, se incorporó para enfrentarlo con fiereza.

— Gracias por no enfadarte —dijo ella con voz tiesa y agitada.

Ella tenía la esperanza de no demostrar el dolor que sentía.

—Me he comportado de una manera injustificable y no sé cómo explicar mi actitud, así que no intentaré hacerlo. Sólo deseo ir a la cama ahora... sola... si a ti no te importa.

Lu esperó la reacción de Fer, con la cabeza gacha y los puños cerrados. Si ella hubiera sabido dónde iba a dormir aquella noche no habría hecho aquello. Se habría ido corriendo a la habitación, para sentir sus remordimientos en privado y también su vergüenza.

— Si lo que tratas de decirme es que no acostumbras a irte a la cama con un hombre la primera vez que lo conoces, te creo, Lu —dijo él suavemente.

Pero lejos de hacerla sentir mejor, sus palabras sólo lograron intensificar la angustia de Lu. Porque si Fer sabía eso de ella, ¿qué más sabría sobre su persona? ¿Que ella no podía resistirse a él... un completo extraño... que su sentido común desaparecía totalmente cuando de él se trataba? ¿Y que ella era vulnerable a sus manos sólo porque él poseía cierta sustancia química que la atrapaba? Por Dios. Eso sí que era demasiado.

— Por favor, permíteme irme a la cama... —no podía mirarlo, pero su voz revelaba el confuso cansancio que sentía.

— Puedes dormir en la segunda habitación de la derecha, que está escaleras arriba —le informó él con tal brevedad y tacto que le permitieron atravesar la habitación y buscar el refugio que él había ofrecido.

—Gracias. Buenas noches. —Su rígida gentileza provocó otra sonrisa, una casi tierna, que afloró en los labios de Fer.

Sin embargo. Lu no se percató de ella. Tenía los ojos fijos en el piso que estaba delante de ella.

— Buenas noches, Lu —fue su amable respuesta. Ella subió corriendo las escaleras hacia la habitación indicada, con todas las energías que ella podía desplegar.


(Maria Mendoza Lameda) #36

Pobre Lu, que le habrá pasado a Fernando para que se comporte así??? Trata muy mal a las mujeres, está buenisima Amiga continúala, gracias a DIOS que ya estás mejor.


(Vivian Rodriguez) #37

amiga ya pronto viene esa parte y comprenderas a fer


(Vivian Rodriguez) #38

:heart:~ Capítulo 3 ~:heart:~

Al día siguiente, Lu se despertó con los ojos legañosos, letárgica, con carraspera en la garganta y los síntomas de un resfrío que se estaba desarrollando, como resultado de la aventura que había experimentado la noche anterior. Al menos, se sentía con las fuerzas suficientes como para levantarse de la cama y salir de la habitación para enfrentar al hombre que le había inspirado semejante examen de conciencia.

Lu apartó la ropa de cama, temblando al sentir que el aire fresco castigaba su desnudez. Ya había sacado una pierna, y la tenía extendida hacia un costado cuando oyó un leve golpeteo en la puerta, que se abrió inmediatamente.

Lu soltó un sordo grito de asombro cuando descubrió la alta figura de Fer dibujada en la puerta. Por un largo minuto, ambos se quedaron congelados por la extrema sorpresa. Rápidamente, ella se metió bajo las cobijas y él se esforzó por disculparse, aunque la mirada que se leía en sus ojos reveló su falta de sinceridad.

—Lo siento, Lu —dijo él gentilmente—. Pensé que aún estabas durmiendo y entré para despertarte.

— ¡Estoy despierta! —gritó, siendo su tono una mezcla de redundancia y defensa.

Él asintió con la cabeza, apesadumbrado, aunque sus ojos descubrían una traviesa mirada.

— Ya veo. Entonces quiere decir que has dormido muy bien, ¿verdad?

—Bien.

El blando agrado que a Fer le había producido aquella respuesta, hizo que ella se sintiera absurdamente torpe.
— He puesto en funcionamiento la cafetera, de modo que cuando estés lista ve a la cocina para que desayunemos juntos.

Cuando Lu volvió a asentir vigorosamente, Fer hizo una sonrisa entre dientes y salió de la habitación.

—Perfecto. Estaré allí dentro de unos pocos minutos.

Después de haberse cerrado la puerta tras él, ella sintió deseos de relajarse por el alivio.
Segundos después, Lu estaba en el cuarto de baño, mirándose al espejo y mientras se peinaba, recordó que en el momento que Fer había entrado en su habitación, ella experimentó una especie de placer, dentro de toda la confusión, por verlo tan viril y sexy como la noche anterior. Aquello era, sin duda, una incómoda revelación.

“¡Despierta, tonta! Después de haber actuado como lo has hecho ante él, sería un milagro que Fer sintiese lo mismo con respecto a ti."

Desalentada, abandonó el cuarto de baño y bajó las escaleras decidida a rectificar la impresión que debía de haberle causado a Fer Bold. Quería decirle que ella era una mujer que no sabía lo que había hecho, que se había comportado como una chiquilla.
Él estaba sentado, bebiendo su café y al ver que Lu entraba en la habitación, la recibió con una sonrisa de bienvenida.

— Buen día —dijo ella radiante, con una vivaz sonrisa en los labios—. Ah, café. —La muchacha logró mantener su rol de Mary Sunshine, a pesar de que su corazón palpitaba incansablemente y de que estaba casi sin aliento—. Se ve muy bien. —Luego: — ¡Mi ropa! —dijo al mancharse sus jeans y otras prendas que estaban cuidadosamente dobladas sobre una de las sillas de la cocina. Lu las levantó con la misma calma de una víctima en un naufragio en el Ártico—. El café puede esperar hasta que me vista —dijo ella con firmeza, mientras Fer apartaba una de las sillas para darle paso—. Regresaré en seguida.

Giró sobre sí y se dirigió a la habitación donde estaba la chimenea. Cerró con firmeza la puerta tras ella y mantuvo sus ojos cuidadosamente apartados del sillón que la noche anterior, había constituido un nido de seducción. Sin embargo, los recuerdos de aquella escena la hacían estremecer de placer.
Joe, que estaba tendido sobre su lugar de costumbre frente a la chimenea, abrió sus ojos momentáneamente y miró a Lu entredormido. Luego volvió a cerrarlos, dando la impresión de que la consideraba como a una ocupante ya aceptada en su santuario. Ella sabía que era absurdo sentirse feliz sólo porque un perro la aceptara, pero tampoco podía evitar esa sensación. Por ello, al terminar de vestirse lo acarició suavemente.


(Enriqueta) #39

ESTA NITIDA


(Maria Mendoza Lameda) #40

Que hablen para que se conozcan mas a fondo, está espectácular amiga, siguela.