♥ Wed Nov Fuegos De Otoño♥ Jackie Black


(Vivian Rodriguez) #1

Viéndola a ella en el umbral de su puerta, completamente empapada, pensó que era un fantasma. Lucero había decidido buscar refugio de la tormenta en cualquier parte. Al ver su reacción, le bastaron a ella pocos segundos para preferir hundir su auto en el agua antes que aceptar sus insultos.

Con gesto voluntarioso ella decidió enfrentar a los elementos. Bruscamente —demasiado tal vez— ella se vio impulsada dentro de la casa y cobijada por el calor de dos brazos. Fer Bold era una explosión, su contacto era electricidad pura. ¿Por qué razón sus brazos le parecían a ella un refugio seguro? ¿Qué estaba haciendo ella así? ¿Cómo podía ella aceptar los ansiosos besos de un desconocido? ¿Estaba ella embrujada por las llamas acogedoras que surgían de la chimenea, de esos fuegos otoñales?.

Autora Jackie Black


Buenos días... (Buscando la Verdad)
(Vivian Rodriguez) #2

:heart:~ Capítulo 1 ~:heart:~
El pequeño automóvil blanco bordeó la cumbre de la colina que se dibujaba próxima a un estrecho y escabroso camino de dos carriles. Por un instante, Lu se sintió atrapada por el placer que le producía el observar aquel misterioso horizonte; parecía haber sido creado especialmente para la Noche de Brujas.

Una sonrisa de satisfacción afloró sobre los labios rosados de Lu cuando disminuyó la velocidad para entrar a la pequeña ciudad. Cuando era muy pequeña, consideraba la Noche de Brujas como su festejo favorito: amaba el clima del mes de octubre, la emoción de disfrazarse con exóticos trajes y las ansias de recibir todas las golosinas que colmaban la calabaza color naranja que acostumbraba llevar consigo. Durante su adolescencia,. Lu recordó haber visto algunos filmes de terror en el teatro de su pueblo, los cuales habían sido precedidos por una celebración de Noche de Brujas. Aquel festejo había tenido lugar en el mismo edificio donde se llevaban a cabo las famosas danzas "cakewalks", en las cuales la pareja ganadora resultaba premiada con un pastel. Allí también había juegos y casas misteriosas. Con una sonrisa nostálgica, Lu recordó que a la mayoría de los niños les encanta sentir miedo cuando saben perfectamente que están a salvo y que no corren peligro. Por supuesto, ella no había sido una excepción durante su niñez.

Poco después, aceleró y llegó hasta la ciudad. Sintió que el viento soplaba con violencia y también notó las primeras gotas resbalando sobre el parabrisas de su automóvil. No era el mal tiempo en sí lo que la turbaba; sólo deseaba que aquella tormenta no le impidiera descubrir el desvío que conducía hacia la casa de su hermano. Las instrucciones de John habían sido muy detalladas, pero aquél era un sitio extraño para Lu y, además, estaba extenuada por el largo viaje. Sería maravilloso saborear una taza de algo bien caliente frente a la chimenea de la cual su hermano John y su cuñada Alice se sentían tan orgullosos. No obstante, Lu tenía la esperanza de que la pareja lograse contener el entusiasmo de enseñarle toda la casa y le ofreciera un sitio donde pasar la noche.

Lu cambió de posición: enderezó su espalda para aliviar el dolor que sentía debido a las prolongadas horas durante las cuales había estado conduciendo. No obstante, su mente estaba absorta en el trabajo que la aguardaba. Su hermano y su cuñada habían comprado una casa vieja, un par de meses atrás y era indispensable pintar o empapelar las paredes, limpiar el jardín y colocarle plantas nuevas y llevar a cabo miles de tareas más. El matrimonio había contratado personal profesional para que realizara los trabajos más importantes de carpintería y reparaciones varias pero deseaban decorar la casa ellos mismos. Por eso, Lu se ofreció a ayudarlos durante el mes de vacaciones que le correspondía por su puesto como empleada de la administración pública.

Una fuerte ráfaga hizo tambalear al automóvil y Lu tomó el volante con firmeza para mantener el vehículo derecho sobre la carretera. Se trataba de un automóvil pequeño y por eso, ella corría el riesgo de que un violento viento lo quitara del camino. En ese momento comenzó a llover con mayor intensidad; la muchacha debió inclinarse hacia adelante para poder distinguir con mayor claridad la carretera.

Finalmente, un desvencijado cartel le indicó que acababa de llegar al desvío mencionado por John. Disminuyó la velocidad para tomar la curva e, inconscientemente, soltó un suspiro de alivio al descubrir que no se había perdido. Con sólo recorrer menos de veinticinco kilómetros estaría allí, segura y a salvo de aquella terrible noche que se iba tornando cada vez más desagradable, gozando de aquel nido de amor familiar, de la calidez de un hogar. La imagen de un buen baño caliente y unas sábanas limpias que se dibujaba en su mente provocaba en ella la misma sensación que experimenta un viajero del desierto al descubrir un oasis.

De pronto, Lu contuvo la respiración: el neumático delantero izquierdo había caído en un pozo lleno de agua, produciendo un alarmante sonido. Giró en vano durante algunos instantes hasta que finalmente, el automóvil siguió su marcha. Ese desafortunado incidente la hizo pensar una vez más que habría sido mucho mejor llevar a cabo su idea original de comenzar el viaje al día siguiente por la mañana. De una manera u otra, sus irrefrenables impulsos siempre la habían metido en problemas pero si a los veintisiete años de edad aún no había logrado controlarse, era muy difícil que pudiese hacerlo en lo sucesivo. La precaución, el pensar dos veces una cosa antes de hacerla, era algo muy extraño para su naturaleza.

En los siete kilómetros siguientes, Lu concentró toda su atención en la carretera, observando desalentada, que la tormenta empeoraba en lugar de mejorar. Se preguntaba cómo harían John y Alice para soportarlo. John, con su típica y espontánea expresión masculina, le había dicho simplemente que el camino era "un poquito primitivo", pero no la había preparado para lo que, a los ojos de Alice, era un sendero algo mejor que un camino de tierra.

Con alivio, divisó una casa iluminada, a un lado de la carretera, adonde se llegaba por un camino largo y escabroso. Mientras esquivaba otro enorme pozo, pensó lánguidamente que al menos, si algo le ocurría con el automóvil, en aquel sitio existían ciertos indicios de que algunos seres humanos habitaban allí. Si la suerte estaba de su parte, llegaría a la casa de John completamente ilesa y si no, una casa con teléfono sería bien recibida.

Avanzó casi un kilómetro más y se sentía más que agradecida por haber descubierto la casa, pero... de pronto, se vio obligada a clavar los frenos con tanta violencia que el pequeño vehículo resbaló lateralmente hasta que los neumáticos traseros quedaron atrapados en una zanja. Lu se estremeció al comprobar que a unos pocos metros de distancia, se encontraba un árbol caído en medio de la carretera.

Durante algunos instantes, permaneció sentada, tratando de controlar sus nervios y de recuperar su respiración normal, antes de intentar sacar su automóvil de la zanja. Poco después, se dio cuenta de que todo lo que había logrado hasta el momento era encajar aún más las ruedas en la zanja. Apagó el motor horrorizada por la tarea que la esperaba.


(FORO: "Un Mundo Mejor" ) #3


(Maria Mendoza Lameda) #4

siguela amiga, claro que nos encanta, ya quiero leer el proximo cap.


(Vivian Rodriguez) #5

GRACIAS MILAGRITO Y MARI POR COMENTAR ENTRE UN RATO LA SIGO


(Vivian Rodriguez) #6

Ni siquiera había traído impermeable. Todo lo que tenía era una chaqueta de género, adecuada para el caluroso verano de la ciudad de Oklahoma, pero totalmente inadecuada para hacer frente al terrible viento y a la lluvia que en ese momento castigaba al pequeño vehículo sin piedad. Lu tenía dos alternativas: o bien se quedaba sentada en su automóvil hasta el amanecer, o bien salía en busca de ayuda.
Juntó coraje para enfrentar la terrible batalla que la aguardaba fuera del vehículo. Abrió la puerta sólo para observar oscuras olas de agua inundando el vidrio trasero.

— ¡Maldita sea! —farfulló mientras cerraba otra vez la puerta con un rápido movimiento.

Si salía del vehículo en ese momento, se mojaría los zapatos y el agua le llegaría hasta las rodillas, hecho que haría de su caminata una experiencia mucho más desagradable de lo que ella se había imaginado, irritada, Lu se quitó los zapatos y remangó sus jeans hasta las rodillas. Colocó los zapatos bajo su chaqueta, sujetándolos entre el brazo y las costillas. Colgó su bolso del otro hombro, abrió rápidamente la puerta y salió, tratando de que el agua no entrara al auto.

El agua le llegaba justo por debajo de sus remangadas botamangas hasta que llegó a la parte más alta del declive, donde la lluvia dibujaba veloces y superficiales remolinos sobre la lodosa superficie del camino, Lu trató de cubrirse la cara lo más que pudo para tratar de ver hacia adelante mientras que con pasos presurosos, se dirigía hacia la casa que había pasado antes. Ella misma trataba de alentarse pensando en lo agradable que habría sido aquella experiencia de haber tenido sólo diez años y no veintisiete.

Por fin, entre la oscuridad de las copas de los árboles que se agitaban sobre una colina ubicada frente a ella, Lu descubrió un brillante haz de luz. Había comenzado a felicitarse por haber llegado a su objetivo cuando... un estruendoso ladrido la paralizó. Con una expresión de profundo temor en sus ojos trató de descubrir al animal que con tan poca hospitalidad acababa de recibirla.

Poco después, alcanzó a discernir una enorme y renegrida figura encaminada directamente hacia ella, con las patas tiesas y emitiendo lentos aullidos que estaban muy lejos de ser alentadores. Lu soltó un gemido y rápidamente, dio un paso hacia atrás. En ese mismo momento, notó que estaba perdiendo el equilibrio en el borde de un profundo pozo. Luego, con un chirrido de sus huesos, aterrizó justo en medio del hoyo lleno de agua. Un segundo después, mientras trataba desesperadamente de incorporarse nuevamente lista para emprender la batalla que la aguardaba, oyó a lo lejos un silbido. Observó que, en respuesta, el enorme animal levantó su cabeza.

Lu permaneció tiesa, implorando que el perro obedeciera a su dueño y la dejara en paz. Alcanzó a discernir que se trataba de un perro, lo que para ella constituía todo un alivio puesto que había pensado que era un coyote que había decidido satisfacer su apetito con ella. Pero aquello era definitivamente un perro, uno muy grande y de muy mal carácter. El animal le gruñó una vez más en señal de hostilidad y luego se alejó rápidamente, rumbo a la casa. Lu se sintió profundamente agradecida al comprobar que el animal había sido tan hábilmente adiestrado.

Lu se encaminó hacia la casa con extrema cautela, segura de que en cualquier momento aparecería el perro trotando hacia ella, por entre medio de los árboles mojados y torcidos, mostrándole los colmillos, con su hostilidad intacta y listo para retomar su actividad en el punto justo donde la había abandonado anteriormente.

Finalmente, llegó hasta el cerco que rodeaba la casa. Desde las ventanas se observaban luces que brillaban en medio de aquella oscuridad.
Enderezó sus hombros e inspiró profundamente. Se aproximó a la puerta y levantó el puño para golpear, con fingida valentía, los paneles de madera de la misma. Dio un paso hacia atrás para enfrentar cualquier tipo de recepción que le brindaran. Ya nada podía detenerla ya que sin duda, los ocupantes de aquella casa tendrían un teléfono y le permitirían utilizarlo.

Se sintió desconcertada al notar que su llamada no recibió ninguna respuesta. No lograba oír ningún ruido proveniente del interior de la casa pero, obviamente, el sonido del viento y de la lluvia se lo impedían. Pero... alguien le había silbado al perro y por más Noche de Brujas que aquella hubiera sido, Lu no estaba preparada para admitir la idea de que un fantasma vivía allí.

Lu volvió a insistir, esta vez golpeando más fuerte y durante un período más prolongado. Como tampoco recibió ninguna respuesta, decidió abandonar la puerta delantera y dirigirse hacia la parte posterior de la casa. Estuvo a punto de hacerlo cuando oyó que la puerta se abría y aparecía una réplica del mismo demonio, con cabellos castaños y barba. Allí, de pie, la observó con la misma expresión de hospitalidad en su sombrío rostro que su perro le había demostrado anteriormente.

— Ho-la —murmuró ella con una sonrisa temblorosa—. Sé que usted no esperaría recibir visitas y... como podrá observar, yo tampoco llevo la vestimenta adecuada para un evento social, pero necesito ayuda. ¿Usted tiene teléfono?

— Bueno, bueno —dijo él, con un tono de voz al cual ella calificó definitivamente como despectivo—. Algunas de ustedes son capaces de intentar cualquier cosa con tal de divertirse un rato, ¿no es verdad? —Lu comenzó a moverse nerviosamente, aunque no tenía ni la más mínima idea de lo que aquel hombre había querido decir—. Y yo que pensaba que a esta altura ya se habían dado por vencidas —prosiguió él con el mismo tono burlón—. Sin embargo, creo que usted es una novata en esto y pretende resultar vencedora en la misma batalla en la que otras han resultado vencidas, ¿verdad?


(Vivian Rodriguez) #7

—Eh... ¿empezamos de nuevo? —preguntó ella vacilante, al tiempo que retrocedía un paso, tratando de eludir aquella violencia contenida que percibía en la mirada del hombre.

Intentó explicar su situación con un tono sereno de voz, razonable, con la esperanza de sosegar de ese modo, toda inclinación a la violencia que aquel individuo pudiera tener.

—Hay un árbol caído en mitad de la carretera, más o menos a un kilómetro de aquí —replicó ella con una paciencia a la cual calificaba de admirable—. Estuve a punto de llevármelo por delante y cuando intenté frenar, mi automóvil terminó encajado en una zanja. Si usted tuviera la gentileza de permitirme utilizar su teléfono...

La voz de la muchacha comenzó a callarse cuando, atónita, notó que aquel hombre se erguía para aplaudirla con admiración.El hombre se volvió hacia el interior de la casa, con toda la intención de dejarla allí. Sin embargo, hizo una pausa y se volvió hacia ella para observarla por encima de su hombro.

— ¿Acaso es usted tan estúpida como para salir en una noche como ésta y encima, sola?

En un repentino ataque de ira, Lu perdió todo tipo de precauciones y se encogió de hombros de una manera muy expresiva.

—Me temo que sí —respondió ella entre dientes, tratando apenas de disimular la furia que sus palabras encerraban—. Y también he sido tan estúpida como para permitir que mi automóvil cayera en una zanja y lo suficientemente estúpida como para hacerme sopa hasta los huesos. ¡Pero tenga por seguro que mi estupidez no llega al grado de quedarme aquí afuera para seguir escuchándolo a usted!

Con esas palabras, Lu giró sobre sus talones y comenzó a alejarse de aquel hombre. Sin embargo, estaba a la espera de que, en cualquier momento, él se lanzase sobre ella para cometer cualquier acto de violencia contra su persona. No había dudas de que aquel hombre estaba más loco que una cabra y a partir de ese preciso instante, la idea de pasar la noche toda mojada en su automóvil le pareció mucho más atractiva de lo que le había resultado antes. Al menos ese sí que era un sitio seguro.
Lu sintió alivio y furia a la vez al escuchar la risa burlona del hombre cuando ella cayó sobre el piso de la galería y luego comenzó a bajar las escaleras.

—Le diré a mi hermano que ha escogido al vecino más paupérrimo en todo el estado de Missouri. ¡Es usted un... un... estúpido arrogante! —La muchacha se asemejaba a una serpiente derramando hasta la última gota de veneno sobre aquel hombre—. El necesita saber que la política de ser un "buen vecino" no funciona en esta parte del estado, por si alguna vez comete el mismo error que yo he cometido y viene hasta aquí a pedirle ayuda —dijo ella, con un gruñido.

Lu se volvió nuevamente y bajó los seis peldaños casi de un salto. Atravesó el sendero que conducía al atajo y, de allí, a la carretera. Estaba tan furiosa que ni siquiera notó que la lluvia y el viento estaban dándole otra vez la bienvenida. Podría haber habido un tornado que Lu tampoco se habría percatado de él. El temor que ella sentía por él había desaparecido por completo, debido a la ira que le provocaba aquella actitud tan fría e irracional. Pensaba que ni siquiera una enfermedad mental podría justificar tal comportamiento.

Casi estaba por llegar al auto cuando notó un haz de luz detrás de ella. Ansiosa, se volvió, esperando que el vehículo la alcanzara. Deseaba con toda el alma que esa vez se tratase de alguien con una pizca de decencia y amabilidad para que la ayudara, en lugar de acusarla por haber cometido pecados imaginarios. Aunque quizás, las sospechas de aquel hombre bien podrían haber tenido alguna justificación. Si él era siempre tan desagradable con sus vecinos como lo había sido con ella, no podría culparlos por hacerle bromas constantemente.

Un Jeep se detuvo al lado de ella y Lu fue corriendo entre los charcos de agua hasta la cabina del vehículo con una suplicante sonrisa de gratitud en su cara, la cual se desvaneció en el mismo instante que descubrió el rostro del conductor y escuchó su voz:

— ¡Suba, por el amor de Dios! Si se queda demasiado tiempo más aquí terminará ahogándose.

Era aquel loco demonio, el propietario de ese perro vicioso y dueño también de un temperamento aún más vicioso. Ella se echó hacia atrás como si él hubiera tratado de abofetearla.

— ¡Oh, no! —replicó ella con énfasis—. ¡No, gracias! Prefiero dormir en mi automóvil antes que aceptar su ayuda.

La muchacha se volvió y con pasos agigantados, se alejó rápidamente, con la esperanza de que el hombre hiciera caso de sus palabras y desapareciera. Pero, en cambio, el Jeep le siguió los pasos. Lu se dio cuenta entonces, con gran nerviosismo, de que estaba tratando con un psicópata que podía tornarse demasiado peligroso en un abrir y cerrar de ojos. De todos modos, ya estaba bastante cerca del auto, y empezó a considerarlo como una isla de salvación. Si lograba subir y trabar las puertas, el maniático que estaba persiguiéndola no podría entrar para hacerle ningún daño.


(Enriqueta) #8

ESTA GENIAL LA WED


(am) #9

Continuala


#10

GRACIAS PORCOMPARTIR. SALUDOS


(Vivian Rodriguez) #11

GRACIAS CHICAS POR COMENTAR


(Vivian Rodriguez) #12

Los faros del Jeep iluminaron el auto de Lu que seguía encajado en la zanja. El conductor lo vio en el mismo instante que la joven. Cuando él comenzó a hablar nuevamente, ella apresuró el paso. Luego su tono de voz pareció tan normal como el de una persona común y mentalmente sana, por ello, ella se detuvo para observarlo asombrada.

—¿Serviría de algo el hecho de que me disculpara con usted por haberla tratado con tanta rudeza? —preguntó él humildemente—. Puedo asegurarle que existe una buena explicación para todo esto.

Lu vaciló, sin saber qué pensar. De pronto, la voz de aquel hombre sonaba suave y encantadora, pero ella también sabía que a menudo, los discapacitados mentales tienen momentos de lucidez y parecen personas normales. Fue entonces cuando decidió ir a lo seguro.

— Acepto sus disculpas, pero no tiene necesidad de hacerse cargo de mí ni de mis problemas —respondió ella con solemne formalidad—. Pasaré la noche en el auto y trataré de hallar el camino hasta la casa de mi hermano mañana a primera hora.

En este instante, el extraño había detenido su Jeep y bajaba de él. Lu estaba en una encrucijada: no sabía si escoger por la tranquilidad de pasar la noche en un automóvil mojado o correr el riesgo de soportar la insanía de su compañero. Antes que ella lograse moverse, el hombre se acercó junto a ella.

— Me parece bastante difícil que pueda pasar la noche allí adentro —acertó él, con sereno autoritarismo, al tiempo que dirigía su mirada hacia el interior del vehículo. Luego observó el árbol caído que bloqueaba la carretera—. Me temo que tendrá que regresar a la casa conmigo le guste o no.

— ¿Tiene teléfono? —preguntó ella, con débil esperanza de que le dijera que no—. Si lo tiene, podría telefonear a mi hermano y decirle que lo espero al otro lado del árbol.

—Sí, tengo teléfono —le contestó secamente—. Ahora suba al Jeep y deje de seguir mojándose con esta lluvia. Por si acaso no lo ha notado aún, yo también estoy mojándome.

En la voz del hombre no existían vestigios de acusación. En cambio, se quitó el impermeable para cubrir los helados hombros de Lu. No obstante, no pudo evitar sentirse resentida por sus palabras cuando recordó que no habría estado tan mojada ni tan helada si él se hubiera comportado como cualquier persona normal al verla llegar hasta la puerta de su casa. Pero, tranquilamente, él regresó a su asiento sin darle ninguna oportunidad para que ella expresase su resentimiento. Su irritación hizo que lo siguiera, aunque por supuesto, no sintió demasiado placer al hacerlo.

Les llevó solamente cinco minutos volver a la casa y la muchacha se sentía agitada al pensar con justificada amargura, que ella había tenido que caminar durante quince minutos las dos veces que debió recorrer el mismo trecho. Lo que más la enfurecía era que uno de esos viajes habría sido totalmente innecesario si ella hubiese tenido la suerte de quedarse encajada en otro lugar, cerca de la casa de alguna otra persona mentalmente sana, en lugar de la de este personaje de... la novela del Doctor Jekyll y el señor Hyde.

El hombre aparcó su Jeep en un garaje que estaba apartado del resto de la casa. Lu también bajó y lo siguió a través de la corta distancia que los separaba del vestíbulo posterior. Los pasos de la joven eran evidentemente lentos. Cuando él abrió la puerta delantera y le cedió el paso, Lu se preguntaba cuánto tiempo duraría tan incómoda situación. Ella avanzó un paso pero se detuvo abruptamente cuando, de pronto, una enorme y amenazante figura obstruyó la entrada.

— ¡Oh, Dios! —gritó ella, en voz muy alta, casi histérica, al tiempo que retrocedió.

El dueño de casa la tomó por el brazo para detenerla y frunció el ceño, indicando su impaciencia al observar aquel comportamiento.

— ¿Qué sucede? —Preguntó él con un dejo de desdén en su voz—. ¿Le teme a los perros? Joe jamás le haría daño.

Le refutó temblorosa, forcejeando contra la mano que la asía.

— Le temo a este perrito, a quien ya he tenido la oportunidad de conocer. Su mascota me ha demostrado y a las claras, que tiene toda la intención de devorarme parte por parte.

El hombre atrajo a Lu, quien no dejaba de resistirse, hacia sí, ejerciendo tal presión que era casi imposible zafarse.

— Joe es un buen perro guardián, eso es todo —dijo algo impaciente—. No sería capaz de morderla, si es a eso a lo que le teme. Venga y salúdelo correctamente. Verá que tengo razón.

Entraron a una cocina muy acogedora, aunque Lu sólo tenía ojos para las mandíbulas del perro alano que estaba allí, observándola con la misma mirada de recelo con la que ella observaba a su dueño.


(Vivian Rodriguez) #13

—Siéntate, Joe.

El perro obedeció de inmediato la orden de su amo y para sí, Lu soltó un suspiro de alivio al comprobar que al menos en apariencia, el animal podía ser controlado. No obstante, en menos de un segundo recordó que era el dueño el que podría no tener control de sí.

—Déme su mano para que la olfatee —dijo torciendo la boca bajo su espesa barba al descubrir el evidente temor que ella sentía.

Lu dirigió sus ojos azorados hacia él e hizo un pronunciado gesto negativo con la cabeza.

— ¡No! —replicó ella con énfasis. Pensó que su decisión había sido la correcta puesto que el perro, al verla efectuar tal repentino movimiento, gruñó lentamente. La muchacha debió esforzarse para no ocultarse detrás de su anfitrión—. ¿No se da cuenta de que no le caigo bien? ¡No estoy dispuesta a darle una oportunidad para que demuestre lo mucho que me odia!

Inmediatamente, la expresión de exasperación por la intransigencia femenina se transformó en una de serenidad persuasiva. Con la otra mano, tomó el hombro de Lu y cuando ella alzó la vista para mirarlo, sin saber si estaba a punto de enfrentar un nuevo peligro, la diversión que se leía en los ojos del hombre hizo que la joven frunciera la boca sediciosamente.

—Sucede que tengo que presentarlos, a usted y a Joe, en la forma adecuada para que él la acepte sin hacer ningún tipo de cuestiones —explicó con un tono de gran paciencia, haciéndola sentir como si fuese una chiquilla caprichosa—. Le prometo que no le hará daño —agregó suavemente—. Sólo déle tiempo para que se habitúe y pueda relajarse. No podemos estar en este sitio toda la noche.

—De acuerdo —murmuró ella, con voz elocuente en señal de un presagio maligno—. Pero haré que se disculpe en caso de que me arranque toda la mano.

Una risa entre dientes, casi enfurecida, refutó la profecía.

—No. Creo que será usted quien deberá ofrecer sus disculpas —replicó divertido—, pero si algo desafortunado ocurriese, no le permitiría que se acercara ni a un kilómetro de Joe.

El hombre observó a su perro y a su huésped con indulgencia. Luego, pronunció un leve sonido entre dientes y al escucharlo, Joe se encaminó pesadamente hacia ellos.
Nuevamente, Lu se puso tiesa. Su agónica indecisión duró un instante y después extendió su mano hacia la boca abierta del animal, bordeada de diabólicas hileras de dientes. Cerró los ojos para no ver aquellos dientes tomando su indefensa mano. Primero sintió que un hocico muy frío olfateaba sus dedos, luego la palma de la mano, hasta que la humedad de la lengua del animal lamiéndola hizo que abriera los ojos y lo observara incrédula.

— ¡Está lamiéndome! —dijo ella con sorpresa involuntaria.

Cuando el animal le dio otro lengüetazo, su dueño le soltó el brazo a Lu.

— Considérese afortunada— dijo él, con una cálida y ronca diversión en su tono de voz que hizo que la joven se volviera a mirarlo con idéntica sorpresa—. Esto significa no sólo que él prefiere su comida para perros antes que sus dedos, sino también que usted le ha caído bien. No mucha gente tiene el honor de recibir las caricias de Joe inmediatamente después de ser presentados.

Lu volvió a dirigirle la mirada a Joe y se relajó completamente al comprobar la dulzura que existía en los castaños y tiernos ojos del perro.

— ¡Tú sí que eres todo un fiasco! —murmuró ella como reprochándole—. No tienes ni una pizca de fiereza. Eres sólo pura apariencia.

El extraño le quitó el impermeable a la joven y lo colgó en un perchero, mientras ella se arrodillaba para acariciar la peluda cabeza de Joe. El animal correspondió a su caricia colocándole la cabeza entre las manos, como si sintiera deseos de disfrutar del cariño que ella le estaba brindando.

— No haga que se sienta avergonzado —gruñó el hombre—. A Joe le encanta pensar que él es King Kong y Leo el León al mismo tiempo. Jamás se le ocurriría pensar en ser tratado como un coqueto caniche cada vez que implora que le den cariño.

— ¿Y usted le satisface esa necesidad de cariño? —preguntó acusándolo.

Joe estaba disfrutando tanto de las caricias de la joven que ella se preguntaba si su dueño se tomaría la molestia de brindarle todos los mimos que el perro tan obviamente reclamaba.

— Él no me da demasiadas oportunidades —fue la única respuesta—. Trate de detenerse antes que él desee que lo haga y verá lo que quiero decir.

Lu quiso comprobar la aseveración quitando la mano de Joe. El resultado fue que el perro volvió a insertar su hocico bajo la palma de la mano de Lu para que ella siguiera acariciándolo en el sitio exacto que él quería.


#14

Gracias por compartir
Saludos


(am) #15

Continuala


(Vivian Rodriguez) #16

— Ahora comprendo lo que usted quiere decir —dijo al tiempo que satisfacía el pedido de Joe—. ¿Durante cuánto tiempo más deberé acariciarlo antes de que me permita detenerme?

— Tampoco es tan cargoso. Creo que con cinco minutos será suficiente. —El anfitrión pasó a su lado y se dirigió hacia el fregadero para comenzar a llenar la cafetera con agua—. Mientras tanto, prepararé el café. —Le echó una mirada socarrona —. Estoy seguro de que no me despreciará una taza de café una vez que lo tenga listo, ¿verdad?

Durante un instante, Lu lo observó con frialdad. Para ella era mucho más difícil transigir con él de lo que le había resultado hacerlo con Joe. Sin embargo, la mirada del hombre había sido tan agradable que ella debió aceptar.

— Claro. Me gustaría tomar una taza de café —agregó ella con una tenue sonrisa—. Pero tampoco quisiera que se tomara molestias por mi causa. Todo lo que deseo es... telefonear a mi hermano... —La joven observó a Joe, haciendo una apesadumbrada mueca con sus labios—. Quiero decir... cuando Joe me lo permita. No quiero molestarlo más tiempo del debido.

— No es una molestia —replicó gentilmente el extraño—. Yo también quiero tomar café.

Lu inclinó su cabeza hacia adelante y con ese movimiento, cayeron sobre sus mejillas unas cuantas gotas de agua provenientes de los cabellos empapados. Eso le recordó que debía de parecer un objeto rescatado desde las profundidades del mar. Cuando su anfitrión la vio escurriéndose el agua del rostro, le dio una toalla de cocina.

— Séquese con esto —le indicó con áspera voz y el ceño fruncido—. Le traeré una toalla más apropiada.

Cuando el extraño entró nuevamente con una toalla de baño en su mano, el perro levantó la cabeza y se incorporó sobre sus patas. Aparentemente, Joe ya había recibido todo el cariño que necesitaba y por eso, abandonó la habitación con lentos pasos.

—¿Acaso he ofendido a Joe de alguna manera? —preguntó ella—. No creo que ya le haya dado su tanda de cinco minutos de mimos.

— No. Creo que sólo sintió deseos de volver al sitio que tiene reservado frente a la chimenea —respondió con una sonrisa mientras observaba a Lu secándose el cabello, recorriéndola con la mirada en desconcertante meditación—. Ya se ha pasado su hora de dormir y a su edad, las "siestas" son importantes para él.

—¿A su edad? —interrogó sorprendida—. No parece ser un perro viejo.

La mirada del extraño la hacía poner nerviosa, entonces sumergió la cara en la toalla puesto que no podía explicar su repentina reacción ante la apreciación de aquel hombre. Su mirada la abrigaba tanto que Lu llegó a pensar que era ella quien estaba sentada frente a la chimenea.

—Se conserva bastante bien, pero ya hace mucho que dejó de ser un cachorro. —El anfitrión apartó la atención de Lu para observar la cafetera. Se relajó, sintiéndose desconcertada al notar el alivio que le había producido el liberarse de aquella intencionada inspección.— ¿Le gustaría hacer su llamada telefónica ahora? —De pronto, su tono de voz se tornó superficial, impersonal.

— Sí... sí, por favor —respondió ella.

El hombre le indicó un aparato telefónico de pared y luego comenzó a sacar unas tazas de café con sus respectivos platos de la alacena. Lu se incorporó y se apresuró hasta donde se hallaba el teléfono. Fue como si de pronto hubiese sentido extrema urgencia por alejarse de aquel extraño que tanto la perturbaba. Quería liberarse de la intrusa calidez de sus ojos, una calidez que aceleraba su corazón y contenía la respiración en su garganta.

En un principio, se resistía a creer el hecho de que no hubiese tono en la línea. Con dedos impacientes, golpeteó la horquilla una y otra vez pero no oyó ni el más débil ronroneo para reconfortarla. Se volvió al hombre que en ese momento, había comenzado a verter el café en las tazas.

—Debe de haber alguna cosa que no funciona. No hay tono.

El hombre la observó impasivo y luego atravesó la habitación para tomar el aparato de las manos de Lu. Los dedos de él acariciaron los de la muchacha y ella debió contenerse para no saltar debido a la sensación de electricidad que se produjo en aquel contacto.

— Está mudo —fue el veredicto pronunciado con calma y desinterés, aunque Lu pensó que detrás de todo ello, había cierta tensión que él no quería revelar—. Es muy común que esto suceda cuando hay vientos fuertes. Supongo que habrán de repararlo mañana a primera hora.

El extraño posó su profunda mirada sobre Lu. En ese momento ella sintió que aunque no tuviera motivos razonables, el pánico estaba apoderándose de su ser y era muy real.

— Pero, entonces... ¿Cómo haré para comunicarme con mi hermano? —interrogó, luchando por encontrar la calma.

Habría sido muy tonto de su parte demostrarle a ese hombre lo vulnerable que de pronto se sentía, especialmente, cuando él parecía contemplarla con una indiferencia casi desdeñosa.
Las palabras que pronunció a continuación, aunque expresadas con la veracidad de algo real, detuvieron el corazón de la joven en menos de un segundo:

— Me temo que no podrá hacerlo. Deberá pasar la noche aquí.


(am) #17

Siguelaaaa


(Vivian Rodriguez) #18

GRACIAS POR COMENTAR DESPUES LA SIGO


(Vivian Rodriguez) #19

~:heart:~ Capítulo 2 ~:heart:~
— No me había dado cuenta de que estaba tan mojada —dijo el hombre segundos más tarde y frunciendo el ceño al ver el charco que se había formado bajo los pies descalzos de Lu—. Será mejor que tome un baño caliente y se ponga ropas secas.

Ignoró a Lu que estaba boquiabierta y también la mirada de asombro que se leía en sus ojos. Era como si aquel hombre no hubiera notado la reacción de la muchacha al enterarse de que debía pasar la noche allí. Decididamente, ese proyecto estaba muy lejos de ser atrayente para ella.

— ¡No! —gritó, con una desesperación que era más adecuada para una niña atemorizada que para un adulto. El la observó con sarcasmo y Lu debió tratar de controlarse—. Me refiero a que... ¡a que yo no puedo quedarme aquí! —trataba de aparentar ser una persona muy decidida, pero sus intentos fueron en vano ya que su voz sonó desahuciada—. Si es que no puedo telefonear a mi hermano, ¿sería mucha molestia pedirle a usted que me condujera hasta allí? Debe de haber algún otro camino hasta su casa sin tener que utilizar la carretera obstruida por el árbol, ¿verdad? —Su pregunta sonaba más a una súplica que a otra cosa, pero el rostro impasivo del extraño no dio muestras de compadecerse de ella.

— No existe ninguno que esté en mejores condiciones que el que utilizamos antes, tendría que recorrer muchos más kilómetros de los que estaría dispuesto para una noche como ésta —replicó él.

Lu se movía nerviosamente, tratando desesperadamente de hallar alguna solución.

— De acuerdo —repuso la joven con admirable serenidad teniendo en cuenta el terrible estado en que tenía sus nervios—. Entonces podría llevarme nuevamente hasta la ciudad, para hospedarme en algún hotel o en un motel. El trecho deteriorado que tendríamos que recorrer para llegar al camino pavimentado es de sólo siete kilómetros y usted tiene un Jeep. Creo que no es demasiado pedir, ¿verdad? —preguntó ella esperanzada.

El extraño hizo un gesto con su cabeza indicando otra negación.

— No, no lo es —admitió razonablemente—. Pero como no hay ni hoteles ni moteles en la ciudad; no tendría lugar donde pasar la noche si yo la llevase. —La mirada de disgusto casi cómica de Lu, parecía haberle dicho al extraño que tratara de convencerla de alguna manera—. Mire —dijo él, sin demostrar ningún tono de burla en su voz, aunque la muchacha sospechaba que sí se estaba mofando de ella—, yo no voy a violarla en su cama si es que a eso le teme.

—Tengo una habitación de más... con cerrojo en la puerta —agregó secamente—. Y también hay cerrojo en la puerta del cuarto de baño. —Después, la miró secamente e hizo un gesto afirmativo con la cabeza, en dirección a la puerta que Joe había atravesado anteriormente—. Además, como Joe se ha hecho tan amigo suyo, dudo que recuerde quién es su verdadero amo en caso de que yo me abalanzara sobre usted haciéndola gritar desesperadamente, luchando contra mí. Creo que si sólo se limita a tranquilizarse y a aceptar la situación tal como se ha presentado, no tendrá ninguna razón para lamentar haberse quedado aquí.

Para su propio asombro, Lu notó que estaba comenzando a calmarse. Quizás haya sido por la manera tan prosaica con la que él le colocó la taza de café entre las manos. O quizás su reacción se haya debido al hecho de que él tomó su taza de café y se preparó para abandonar la habitación, sin darle oportunidad a la joven para que siguiera discutiendo con él.

— Le traeré una bata y haré que tome un baño —dijo su anfitrión—. Puede desvestirse aquí y colocar su ropa en la lavadora para tener algo que ponerse mañana. Me temo que por esta noche deberá arreglárselas con una bata mía.

El hombre no había alcanzado la puerta cuando Lu recordó la única cosa que podría hacerla sentir como que estaba viviendo la realidad, que no se había convertido en un mero personaje de aquella Noche de Brujas.

— ¿Quién es usted? —interrogó.

El hombre se detuvo y se volvió para observarla sobre el hombro, con una torva expresión que pronto se transformó en impasible neutralidad.

— Mi nombre es Fernando Bold —respondió con voz cortante. Luego pareció quedarse observándola, a la espera de alguna reacción por parte de Lu. Al ver que ella no reaccionó, se tranquilizó—. Y el suyo es... —Aguardó gentilmente a que ella le respondiera.

Así lo hizo, reflexionando acerca de su extraño comportamiento.

—Lucero Wren.

El extraño levantó sus cejas oscuras y pareció tranquilizarse aún más.

— ¿Es usted hermana de John Wren? —Preguntó él y al ver que la muchacha asentía, una vivaz sonrisa afloró en sus labios—. Me enteré de que él se había mudado, pero aún no lo he visto. Me temo que usted tenía razón cuando me calificó de paupérrimo vecino. Pero puedo rectificarme mañana, ¿me dará esa oportunidad? —Lu retrocedió cuando él le hizo recordar su mordaz acusación, pero él parecía no culparla por la franqueza que la muchacha había tenido—. Beba su café —dijo él. Por primera vez, su voz sonó completamente natural—. Regresaré en unos minutos.


(Vivian Rodriguez) #20

Él regresó tan pronto que Lu ni siquiera había terminado su taza de café cuando reapareció.

—Aquí está —dijo él, entregándole una abrigada bata de algodón, en color azul oscuro—. Iré a prepararle el baño mientras usted se pone esto. Ponga su ropa mojada en la lavadora que está en el cuarto de lavar.

Cuando Fer Bold volvió a entrar, Lu estaba saboreando su café, con ambas manos abrazando la taza con el fin de calentarlas.Él la observó de arriba a abajo.

— ¿Dónde están sus zapatos? —preguntó inesperadamente.

Fue allí que Lu recordó que no había vuelto a verlos desde que Joe la había hecho caer en aquel pozo lleno de barro.

— Espero que estén afuera, cerca de la carretera... en un pozo lleno de lodo —respondió ella, con un leve toque de buen humor en su voz—. Los llevaba en la mano para que no se mojasen y cuando vi aparecer a Joe en medio de la oscuridad de la noche, debo de haberlos dejado caer.

Una cálida risa entre dientes, placenteramente profunda y masculina, afloró como respuesta a la explicación de la muchacha. Sorprendida. Lu miró a Fer, expresándole con sus ojos, que sus encantos eran maravillosos cuando él se tomaba la molestia de demostrarlos.

— Debe de haberlos enterrado bastante —comentó él divertido—. ...Y luego conoció a su dueño y creyó que estaba en presencia del mismísimo Satanás —murmuró él, pestañeando. Pero no le dio tiempo a Lu para que se sintiese incómoda por su acertado comentario—. Si se conociera la verdad, probablemente asustaría usted a Joe más de lo que él la ha asustado a usted —prosiguió con otra risita entre dientes—. El trata de hacer desaparecer su temor... o más bien, trata de ocultarlo detrás de un fiero gruñido.

— Lo ha hecho muy bien —respondió con énfasis—. No había sentido tanto miedo en una Noche de Brujas desde que tenía cinco años y me alejaba de mi hermano John que estaba disfrazado y me asustó.

Fer la condujo hasta el final de una escalera muy vieja. Se detuvo allí y ella lo miró como si estuviera interrogándolo.

—El cuarto de baño está en la mitad del vestíbulo que se encuentra a la derecha —le informó—. Ya he abierto el grifo de modo que pueda quedarse en el agua todo el tiempo que desee. Creo que allí está todo lo que puede necesitar.

Lu le agradeció con una sonrisa y una cálida mirada, lo que motivó por parte de Fer, una mirada investigadora. Con prisa, la joven pestañeó y corrió escaleras arriba, como si el demonio hubiera estado pisándole los talones. La molestaba sumamente el hecho de que aquel hombre la hiciera sentir como una tonta estudiante en lugar de ser una profesional que había sido capaz de valerse por sí misma durante años.

Rápidamente, Lu se quitó la bata y se decidió a gozar de la calidez del agua, suspirando de placer al hacerlo. Por primera vez, luego de haber transcurrido lo que le pareció toda una eternidad, sintió que el frío abandonaba sus huesos para hacerle lugar a una lánguida delicia. Durante largos minutos se quedó allí tendida, permitiendo que el agua ejerciera su magia, relajando sus músculos y sus pensamientos hasta un estado de somnolencia y reposo.

Cuando sintió que el agua comenzaba a enfriarse, se extendió para alcanzar el jabón. Se trataba de un producto masculino, muy fino y caro por cierto, que olía tan bien que ella decidió usarlo. Mientras se enjabonaba, pensaba que Fernando Bold tenía los gustos de un hombre fino, aunque era muy factible que ejerciera esos gustos en forma muy selecta. Se preguntaba de qué viviría. Tenía que ser algo que le permitiese vivir solo, en medio del campo, a kilómetros de distancia de la gran ciudad, a menos que tuviera esa casa como quinta de fin de semana o de vacaciones. Sin embargo, la casa tenía toda la apariencia de ser habitada permanentemente.

¿Acaso él sería un artista igual que su hermano? Lu meneó la cabeza, frunciendo el ceño en señal de confusión. No lo creía posible. Fer no tenía la "apariencia" de un artista, cualquiera haya sido el significado de esa palabra. ¿Acaso sería escritor? No, tampoco eso, decidió ella por razones que no lograba explicar. Él tenía irresistibles encantos cuando se lo proponía y ella, instintivamente, adivinó que él tendría que tener una profesión en la cual tuviera que hacer relaciones públicas. No obstante, aquella casa ubicada en medio del campo, en Missouri, estaba tan aislada que la joven debió dejar de lado esa conjetura.

Finalmente, estuvo lista para bajar las escaleras nuevamente, con los pies descalzos, los cabellos mojados y cubierta solamente con la bata de Fer Bold y su acostumbrada seguridad en sí misma. El baño le había sentado tan bien que estaba segura de poder enfrentar la intimidación de su anfitrión con la de ella.

Encontró primero a Joe, tendido en dichoso descanso y roncando sonoramente frente a las llamas de la chimenea. Lu se arrodilló y aproximó sus manos para entibiarlas con la rumorosa calidez del fuego. Su curiosidad se incrementó al máximo: giraba su cabeza hacia uno y otro lado para captar una visión total de la habitación en la que estaba.No había dudas de que aquélla era la habitación de un hombre.

No se veían fotografías ni sobre los muros ni sobre los muebles. Sólo había pinturas muy buenas que reflejaban imágenes de cacerías y diversos paisajes que armonizaban perfectamente con la decoración del ambiente, aunque dichos elementos nada revelaran acerca de Fer Bold.