Una mirada a la desobediencia de los niños

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Un adolescente de 14 años de edad tiene un paseo con los compañeros del colegio en una finca en las afueras de la ciudad; antes de salir, la madre le dice que no olvide ponerse bloqueador y usar siempre la gorra. Al oír a su esposa, el padre del niño grita “vas a volver al niño un miedoso; él solo se las arregla y es un hombre, déjalo que vaya como él quiere”.

Ante la respuesta de su esposo, la madre le dice “ahí estas pintado tú, siempre haciéndome quedar como la mala y desautorizándome”. A medida que pasan unos minutos, la discusión llega a un tono violento, y el niño solo observa y escucha.

Victoria tiene 16 años y está emocionada por ir a la fiesta de una de sus mejores amigas. Generalmente, Victoria se compra un vestido nuevo cada vez que asiste a una fiesta y su padre no está de acuerdo con dicha situación ya que piensa que no es necesario ni prudente comprar un vestido nuevo para cada festejo.

“Si le damos un vestido nuevo siempre, no va a valorar lo que es el dinero ni el esfuerzo que uno debe hacer trabajando para obtenerlo”.

A dos días de la fiesta, la madre de Victoria se dirige con su hija a un almacén y le compra un vestido que ella quiere. Antes de llegar a casa, la madre le dice a su hija “nena, ya sabes en qué quedamos, no le dices nada del vestido nuevo a tu padre; decimos que era uno viejo que te habías puesto para otra fiesta ya que él no se da ni cuenta. Cuidado me haces quedar mal”.

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Al recibir un boletín escolar que expone un rendimiento académico muy deficiente, el padre de Sarah comienza a gritarla y luego la castiga sin dejarla salir por dos meses con sus amigas. Al escuchar los gritos del papá, la madre de Sarah empieza a gritarle al padre y a consolar a su hija; “es que acaso no te acuerdas lo mal estudiante que tú eras; no te acuerdas que perdiste tres años escolares. Ojalá no te arrepientas de lo que le estás exigiendo a nuestra hija”.

Ante las recriminaciones de su esposa, el padre de Sarah contesta “lo hago porque a mí me hubiera servido, siempre te metes en todo”. Tomando sus cosas, el padre sale abruptamente de la casa y deja a la niña y a su esposa impactadas ante la respuesta del padre.

Luis acaba de agredir a un compañero de su colegio, por lo que su madre lo castiga sin tener acceso a Internet por una semana. Al llegar a casa, el padre de Luis lo sorprende en el computador navegando en una red social; conociendo el castigo impuesto por la madre, y, conociendo el acto por el que su hijo fue castigado, el padre le dice: “Tu mamá está haciendo mercado, la voy a llamar y antes de que venga apagas el computador y te vas al cuarto como si estuvieras haciendo tareas”. “Pobre mi hijo, lo que hiciste no es para tanto; además ese niño se metía contigo”.

Las situaciones expresadas anteriormente, hacen parte de la cotidianidad de muchos padres y sus hijos. Dichas situaciones, tienen en común un error fundamental en cuanto a la educación de sus hijos: la desautorización de un padre hacia el otro, y, la falta de apoyo del uno al otro.

Muchos padres llegan a consulta quejándose de la mala conducta de sus hijos, y, de la constante rebeldía y desobediencia que presentan en su diario vivir.

Lo que muchos padres de familia deben tener en cuenta, es que la falta de autoridad con sus hijos es muchas veces construida por ellos mismos; al desautorizar o desaprobar las acciones de tu pareja con respecto a tu hijo, es importante expresar tu punto de vista en privado, y, en donde se llegue a un acuerdo mutuo. Al hacerlo delante de ellos, se expone la falta de confianza y respeto que existe entre los padres, y, sin darse cuenta, contribuye a la conducta irrespetuosa y desafiante de su hijo.

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Para un niño, su familia es un equipo; al ver a dos de sus miembros en constantes discusiones y discordias, no va a existir un respeto hacia ellos. Si por lo contrario, un niño es testigo del compañerismo y de la complicidad que existe entre sus padres, se fomenta el respeto y la obediencia.

En algún momento dado, se darán discusiones delante de los niños, pero si las hay, el niño debería observar que se resuelven dentro de ciertos límites de respeto y confianza.

Al no estar de acuerdo con la acción que toma su pareja con respecto a su hijo, no lo contradiga ni lo desautorice delante de ellos. Si llega a intervenir, es importante hacerlo de forma serena, prudente, y exponiendo las consecuencias que piensa que generaría las acciones de su pareja.

Las actitudes violentas, las agresiones, y la incapacidad de auto-controlarse en las discusiones, son perjudiciales para el bienestar de su hijo; ante los ojos de un niño, ver pelear a las dos personas que más ama lo desorienta y al mismo tiempo le genera ansiedad.

En conclusión, no existe ningún acto que justifique la desautorización de un padre hacia el otro; por lo contrario, dicha acción solo logrará hacerlos perder autoridad, llenarse de resentimientos con su pareja, y, contribuir a que el niño adopte una conducta manipuladora en donde tomará un lado de acuerdo a la situación que le convenga.

Un hijo es siempre reflejo del ambiente familiar en el que vive; si vive en un ambiente sereno, tranquilo y respetuoso, es más probable que no llegue a presentar conductas inadaptativas. La unión y la forma de relacionarse de los padres, son siempre pilares en los que se basa el niño a la hora de vincularse, y, de establecer futuros patrones de relación y conducta.

Por María Lourdes Dávila
Twitter: @MLOUDAVILA
Consultorio: 3738372

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Me gusto el tema Javier … saluditos

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SALUDOS PARA TI …MARILU, ASI COMO TAMBIEN UN LINDO SABADO…MARAVILLOSO…

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Muy buen tema, Gracias Mil

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GRACIAS A TI BONES POR SU VISITA PARA NOSOTROS, QUIENES LA APRECIAMOS Y LA QUEREMOS, UN ABRAZO…