monseÑor romero obispo mÁrtir

El 24 de marzo de 1990 se dio inicio a la causa de canonización de monseñor Romero.
En 1994 se presentó formalmente la solicitud para su canonización a su sucesor Arturo Rivera y Damas.
A partir de este proceso, monseñor Romero ha recibido el título de Siervo de Dios.

El 3 de febrero de 2015 fue reconocido como mártir “por odio a la fe” por parte de la Iglesia católica, al ser aprobado por el papa Francisco el decreto de martirio correspondiente y promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos.
En América Latina algunos se refieren a él como San Romero de América.

Fuera de la Iglesia católica, es honrado por otras denominaciones religiosas de la cristiandad, incluyendo a la Comunión anglicana la cual lo ha incluido en su santoral.
Es uno de los diez mártires del siglo XX representados en las estatuas de la abadía de Westminster, en Londres, y fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 1979.

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A través de sus homilías, a finales de los años 70, Romero realizó llamados de conciliación social en un período tenso de la historia salvadoreña, marcado por dictaduras militares, frecuentes golpes de Estado y la inminencia de una guerra civil.

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Romero nació en Ciudad Barrios, en el oriental departamento de San Miguel, el 15 de agosto de 1917, siendo el segundo de ocho hermanos en el modesto hogar que formaron Santos Romero y Guadalupe Galdámez.

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Con 14 años de edad, ingresó en el Seminario Menor de San Miguel, donde estudió durante seis años. Tres años más tarde, en 1937, ingresó en el Seminario Mayor de San José de la Montaña en San Salvador, y siete meses más tarde fue enviado a Roma para dar seguimiento a sus estudios de Teología.

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Fue en la capital italiana donde recibe la orden del sacerdocio, el 4 de abril de 1942 y continuó en la capital italiana para hacer su tesis doctoral. Sin embargo, en 1943 tuvo que volver a El Salvador debido a la Segunda Guerra Mundial.

Al regresar al país, trabaja en Anamorós, departamento de La Unión, para luego ser llamado a la ciudad de San Miguel, donde realizó labor pastoral por 20 años.

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En 1966 fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador, y el 21 de junio de 1970 es ordenado como obispo, para auxiliar al entonces arzobispo de San Salvador, monseñor Luis Chávez y González, labor que compartió con Arturo Rivera y Damas, quien después de su asesinato en 1980, sería su sucesor.

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Monseñor Jesús Delgado, actual vicario general de la Arquidiócesis de San Salvador, y quien fuera el secretario personal de Monseñor Romero, recuerdo que en los primeros años de la década de los 70, el Clero no veía con buenos ojos al por entonces obispo, debido a sus posiciones conservadoras.

En momentos en que la situación política y social de El Salvador se tornaba más conflictiva, Romero fue nombrado arzobispo de la capital salvadoreña, el 23 de febrero de 1977, con la venia de la Santa Sede.

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Fue entonces que Jesús Delgado recuerda que Romero le pide ser su secretario personal, en reconocimiento de sus marcadas diferencias con el Clero. Delgado era para ese entonces, un joven sacerdote y catedrático en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

Pocas semanas después de que Romero fuese ordenado arzobispo, el 12 de marzo de 1977, fue asesinado el sacerdote Rutilio Grande, párroco del municipio de El Paisnal, al norte de San Salvador, y alguien a quien Romero consideraba como “su mejor pastor”.

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Dicho crimen causa un gran impacto al arzobispo Romero, e influyó en su actitud ante el ambiente conflictivo que vivía el país.

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Durante su gestión, Romero creó una Oficina de Derechos Humanos en el Arzobispado de San Salvador y sus homilías dominicales se caracterizaron por las constantes denuncias de los abusos de los militares contra campesinos y otros sectores sociales desprotegidos.

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Quienes lo conocieron consideran que Romero abogaba para que no estallase un conflicto armado interno en El Salvador.

El 24 de marzo de 1980 Romero fue asesinado por un francotirador, hasta ahora desconocido, que le disparó desde un automóvil estacionado frente a la puerta principal de la capilla del hospital Divina Providencia, mientras oficiaba una misa.

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Las investigaciones locales e internacionales, contenidas en el Informe de la Comisión de la Verdad, de las Naciones Unidas (ONU), conocido a los pocos meses de la firma de los Acuerdos de Paz que el 16 de enero de 1992 pusieron fin a doce años de guerra civil en el país, apuntan a que quien dio la orden de matar a Monseñor Romero fue el ex mayor de inteligencia Roberto d’Aubuisson Arrieta, fundador del partido ARENA.

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Sin embargo, el asesinato de Romero nunca fue investigado por instancias judiciales salvadoreñas y sigue en la impunidad, al igual que otros crímenes cometidos antes y durante la guerra civil.

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La Arquidiócesis de San Salvador postuló el 24 de marzo de 1994 en el Vaticano la causa para la canonización de Romero, la cual empezó a estudiarse en 1997 y que estuvo estancada hasta que en el 2013 el papa Francisco la desbloqueó.

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Romero está sepultado en la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador, sitio que fue visitado en dos ocasiones por el Papa Juan Pablo II durante sus viajes de El Salvador en 1983 y 1996.

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Otros líderes prominentes que han visitado la tumba de Monseñor Romero son el presidente de Estados Unidos, Barack Obama; el de la República de Irlanda, Michael Higgins; y más recientemente el secretario de la Organización de Naciones Unidas, (ONU), Ban Ki-moon.

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