Lo que cuesta seguir a Cristo

Lo que cuesta seguir a Cristo

G.K. Chesterton resumió perfectamente este punto cuando dijo:

“No es que el ideal Cristiano ha sido intentado y resulta ser insuficiente, sino que resulta ser difícil y se deja sin intentar.”

En pocas palabras: ¡Seguir a Cristo es difícil!

Desde sacar tiempo para congregarse, y educarse bíblicamente (estudiando la Bíblia y leyendo libros al respecto), hasta sacar tiempo para orar y estar dispuesto a no comprometer tu integridad aunque salgas perdiendo, no es sorpresa que ni siquiera algunos que dicen ser Cristianos no vivan según los estándares requeridos.

El filósofo Mortimer Adler se convirtió a Cristo mientras tenía 80 años, luego de décadas escapando ese compromiso. Durante ese tiempo admitió que convertirse a una fe sería muy difícil. Requeriría un “cambio radical en mi manera de vivir, una alteración a la dirección de mis decisiones diarias, y mis decisiones hacia los últimos objetivos que alcanzaba o eperaba… Simplemente, no quería vivir siendo una persona genuinamente religiosa.” (Philosopher at Large, 316).

En estos casos, el escepticismo no es más que la racionalización de vivir cómodamente. Las personas no quieren la responsabilidad y el compromiso que requiere ser Cristianos – así que el Cristianismo debe ser falso.

El Papa Juan Pablo II notó que esta actitud puede llevar a resentimiento y hasta al odio de la religión:

“La realidad es que alcanzar o entender una verdad mayor requiere más esfuerzo de nuestra voluntad. Por lo tanto, para escapar de este esfuerzo – para excusar nuestro fracaso de obtener esta verdad – minimizamos su importancia; le negamos el respeto que merece y hasta la vemos como malvada de alguna forma.” (Love and Responsibility, 143).

Sin duda, esto explica algunos de los desprecios que hay en contra del Cristianismo.