Las Aventuras de Tom Sawyer un clásico

Este fue mi primer libro, con el practiqué la concentración al leer, la emoción de cada una de las aventuras de este personaje. Mi padre me ponía a leer en voz alta y voy a sincerarme con ustedes, en ocasiones yo no tenía ganas de leer y cuando me ponía mi padre amado a leer, yo lo hacía sin concentrar mi atención en la lectura, mis labios se movían y mi pensamiento estaba en otro lado, el inteligente de mi padre me decía “detente, detente, ya no sigas leyendo, ahora explícame lo que acabas de leer”, y como no podía explicarle NADA!!! me pedía que volviera a leer el texto que no le había podido discernir.

Gracias por leerme!!!

Fuerzangel

Haa gran mostracion de la inteligencia de tu padre,

image

image

La tía lo atrapó in fraganti. El castigo era insalvable. El sábado tendría que pintar de blanco la barda del frente de la casa, una tarea pesada y aburrida: 28 metros de largo y casi tres metros de alto. Tom Sawyer tomó la cubeta de pintura y se resignó. Le dio un brochazo a una de las tablas de madera y volvió a repetir la operación. Era una mancha insignificante en comparación con todo lo que faltaba por hacer. ¡Qué manera de perder un día libre!

Cuando se asomó la tía a verlo, Tom se puso a blanquear la barda con vigor. La mujer se retiró con una sensación de triunfo. El muchacho en seguida dejó de pintar. Una sombra pasó por su mente. Sus amigos se iban a burlar de él. ¿Podría intercambiar sus escasos tesoros para que le ayudaran a terminar el trabajo? Hizo un rápido cálculo: unos cuantos juguetes, unas canicas, unos restos encontrados en el basurero. No le alcanzaría ni para media hora de libertad. Definitivamente, no podría comprar a sus amigos.

Entonces se le ocurrió una idea brillante. Tomó la brocha y se puso a trabajar con toda tranquilidad. El escritor Mark Twain no lo dice, pero incluso podemos ver cómo Tom Sawyer chifla mientras se entrega con todo placer a pintar la barda. Justamente en ese momento pasa Ben Rogers, el muchacho por el que más temía ser visto. Tom no se la va a acabar. Con ironía, Ben mordisquea una manzana. Sin embargo, Tom no le hace caso. En vez de sentirse herido, revisa con ojos de artista la última pincelada de la brocha, da un retoque. Vuelve a examinar el resultado.

Ben le dice que él se va a ir a nadar mientras que a Tom le toca quedarse a trabajar. Tom sigue haciendo lo suyo. Su respuesta: ¿Al placer de pintar se le llama trabajar? Ben piensa, que después de todo, pintar una barda de ese tamaño es un trabajo enorme que a nadie le puede gustar. Tom no se inmuta. Sigue pintando. Le dice a Ben que no todos los días se tiene la oportunidad de blanquear una barda. Tom lo hace con tanto gusto que Ben de pronto se oye diciendo: ¿Me dejas pintar un poquito?

Tom está a punto de conceder, pero se detiene. Esto es algo muy especial que le pidió su tía. No cualquiera lo puede hacer.

Las ganas de pintar de Ben aumentan. Casi le ruega a Tom que lo deje blanquear la barda. Le ofrece su manzana. Con aparente indiferencia Tom acepta.

Después de un rato, los amigos se acercan y hacen cola para obtener la oportunidad de pintar. Le ofrecen a Tom a cambio sus pequeños tesoros. Después de varias horas, la barda tiene tres capas de pintura. Tom Sawyer no estuvo a solas. Logró lo que necesitaba hacer y obtuvo mucho más.

Mark Twain sonríe entre líneas. En el libro Las aventuras de Tom Sawyer revela un secreto de las leyes de las acciones humanas: “Para que un hombre o un muchacho codicien algo, tan solo es necesario hacer que lo deseen a pesar de los obstáculos. Si (Tom) hubiera sido un gran filósofo sabio, como el escritor de este libro, ya habría comprendido que el Trabajo consiste en cualquier cosa que un cuerpo es obligado a hacer, mientras que el Juego consiste en cualquier cosa que un cuerpo no es obligado a hacer.”

Lo que Twain propone podría traducirse en la psicología actual con el nombre de reframing: colocar la experiencia de una persona o situación en un nuevo marco, en un nuevo contexto. Estas habilidades son muy poderosas para transformar el tono de lo que vivimos. Un ejemplo conmovedor me lo dio una amiga doctora experta en aliviar el dolor. Un hombre viejo solía visitar su consultorio. Después de unas semanas notó que el hombre se veía totalmente vencido. Mi amiga se acercó a preguntarle qué le pasaba. El hombre le dijo que su esposa recién había fallecido y que él había fallado. Le había prometido que él moriría antes que ella. Mi amiga se quedó pensativa, entonces le dijo: “¿Se da usted cuenta que usted se sacrificó amorosamente por ella para evitarle el sufrimiento de quedarse sola?”. El hombre entendió inmediatamente. Mi amiga me cuenta que en unas semanas se había operado un cambio mágico.

¿Se puede resolver todo de esta manera? Creo que no, pero de vez en vez permite liberar nuestra energía para saber que si no podemos cambiar de país, podemos por lo menos cambiar de tema o reenmarcar nuestros problemas con soluciones inesperadas y eficaces.