La presión que viene de fuera

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La presión que viene de fuera

Vivimos en una sociedad que constantemente nos está exigiendo, pidiendo de nosotros mismos que demos el 120% (como mínimo…), creando modelos de lo que debemos ser, de lo que pensamos que los demás esperan que seamos…

A veces nos encontramos superados por la circunstancia hasta el punto de generarnos una gran ansiedad ante la impotencia de no poder, o no ser capaces de ver la salida a la situación que se nos plantea.

Nos preguntamos “por qué narices estoy aquí”

o “por qué estoy haciendo ésto”…

Otras veces nos encontrarnos con responsabilidades o demandas que nos puedan superar, y por ello, a veces, hay que saber y ser capaz de decir No.

Decir No, es natural, debe ser una opción… y no defrauda más que a nuestro propio ego o a aquellos que no merecen nuestro aprecio.

Decir Sí está bien, siempre que se pueda y no seamos esclavos de él.

El problema comienza cuando se posa en nosotros la oscura nube de la frustración… y ésta se vuelve más y más densa cuando esta situación se repite, y la norma se vuelve apatía, hastío, indecisión, falta de energía vital y del ánimo necesario tan siquiera para mirar a un horizonte lleno de incertidumbre que se nos torna cada vez más difuso e ingrato, porque nos encontramos víctimas de una situación que no deseamos o no entendemos; que muchas veces sentimos que no merecemos y de la que nos cuesta salir

Gabriel García Márquez dijo:

“Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no.”