Karla, una sobreviviente de trata y prostitución

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Una historia que indudablemente no podíamos dejar a un lado. Te presentamos a Karla Jacinto, una compatriota que pasó de ser una esclava de trata de blancas a una de las portavoces en contra de dicho ejercicio a nivel internacional. Su historia comienza a ser escuchada por varios lugares, desde el papa Francisco hasta al Congreso de Estados Unidos. Su desgarradora historia refleja una problemática muy común en México y que hasta la fecha ha pasado desapercibida por los altos mandatarios. Un mundo de irregularidades y violaciones a los derechos humanos que a estas alturas pareciera ser un cuento de horror pero que lamentablemente es una realidad para gran número de habitantes.

Karla Jacinto detalló que fue abusada aproximadamente 43,200 veces en el transcurso de 4 años -30 personas diario, sin días de descanso-. Con tan sólo 12 años de edad fue el blanco de un traficante que prácticamente la secuestró a base de engaños prometiéndole una vida de lujos que por su situación económica e ingenuidad Karla no pudo rechazar.

Por 4 años fue vendida en diversos estados de la república, ella detalló que comenzó en Guadalajara pero que a partir de allí comenzó a viajar a diversos burdeles del país en donde fue conociendo a muchas mujeres más en su misma situación, en su mayoría niñas entre los 10 y 16 años de edad.

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Ella explica que su situación económica y familiar fueron los principales factores que la llevaron a este ejercicio:

“Yo venía de una familia disfuncional. Fui abusada sexualmente y maltratada desde los cinco años de edad por un pariente. “

Estos factores ayudaron a que huyera con su secuestrador, el cual a base de engaños le dijo que él también había sido abusado de pequeño, lo que hizo que Karla se sintiera identificada con él. Le prometió una vida con autos, casa, ropa y demás lujos que no pudo rechazar.

“Cuando vi que llegó en un coche, después de conocernos, no lo podía creer. Me quedé muy impresionada por un coche tan grande. Fue muy emocionante para mí. Me pidió subirme e ir a varios lugares con él. Viví con él durante tres meses, durante los cuales me trató muy bien. Él me amó, me compró ropa, zapatos, flores, chocolates; todo era hermoso. “

Después de los tres meses su pesadilla empezó, se le obligó a venderse en diversos burdeles y casas de citas.

“Unos días más tarde empezó a contarme todo lo que tenía que hacer; las posiciones, cuánto tenía que cobrar, las cosas que tenía que hacer con el cliente y por cuánto tiempo. Me dijo que si cumplía con todo me darían más dinero. Algunos hombres se reían de mí porque yo lloraba. Tuve que cerrar los ojos para tratar de imaginarme otras cosas, fue mi escapatoria.”

Uno de los aspectos más desgarradores de su historia fue cuando se encontraba en un hotel que se dedicaba exclusivamente a la prostitución donde llegó una caravana de oficiales que desalojó a todos los clientes. Ella creía que estaban siendo rescatadas, pero por desgracia no fue así, los agentes abusaron de ellas, grabándolas para posteriormente amenazarlas. En esa ocasión Karla quedó embaraza con tan sólo 15 años de edad.

“Pensé que era asqueroso. Ellos sabían que éramos menores de edad, ni siquiera nos desarrollábamos aún. Nos llevamos una decepción, tuvimos caras tristes. Había chicas con tan solo diez años de edad. Muchas lloraban y eran golpeadas y amenazadas. Les dijimos a los agentes que eran menores de edad y nunca prestaron atención.”

Fue hasta el 2008 que finalmente fue rescatada a través de un operativo contra la trata de blancas, ella tenía 16 años. Hoy, a sus 23 años, lleva su historia a diversos eventos públicos y conferencias para dar el mensaje, principalmente, a la comunidad infantil de que no caigan en la misma trampa. Mostrar cómo estos hechos son una violación a los derechos humanos, una privación que se vive hoy en día en México.

Un estudio realizado en el 2010 por la Universidad de Tlaxcala (estado de donde es Karla) detalla que el 20% de la población infantil de esa ciudad aspira a ser proxeneta a temprana edad, y que dos tercios de la población conocen, mínimo, una persona que trabaja como traficante o “chulo”.
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Fuente
CNN/Daily Mail