Florece donde estás plantada

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Florecerá y se regocijará: ¡gritará de alegría! Se le dará la gloria del Líbano, y el esplendor del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.Isaias 35:2

Podemos florecer en medio de las circunstancias menos agradables para nosotras, con belleza, frescura y lozanía. Las plantas dan alegría y fragancia; adornan los lugares más descoloridos y hasta brindan consuelo.

Muchas veces nos encontramos en lugares que son tan secos como el desierto; lugares áridos y tristes; lugares dificultosos donde solo hay pobreza y destrucción. En medio de cualquier circunstancia, Dios quiere vernos florecer. Lógicamente, no lo vamos a poder hacer solas. Él nos dará de las aguas vivas, de su calor. Él nos va a sustentar.

Así como una flor ofrece su fragancia y color, nosotras podemos dar alegría, amor y consuelo. Si no lo hacemos, ¿quién lo hará? Solo llegaremos a ser parte
de ese desierto donde estamos.

Una pequeña flor solitaria, plantada en un desierto árido, puede soñar con adornar un bello jardín exótico; pero si ella no florece en el lugar en el que brotó, ¿quién alegrará el paso de un cansado caminante en esos lugares secos e inhóspitos?

Floreciendo llegamos a dar hermosura, aun en medio de la destrucción. Con la ayuda de Dios podemos demostrar amor y compasión donde hay maldad; podemos llevar luz y calor donde solo hay tinieblas. Seamos hoy aquella flor que alegra la pesada senda de un cansado caminante.

Florece donde estás plantada y verás
manifestada la gloria del Señor en tu vida