En su infancia 'Tuca' soñaba ser militar

Alejandra Benítez México, Cd. de México

Ricardo Ferretti es un virtuoso con la pelota, su potente cañón y su técnica le valieron para salir de Brasil a los 17 años.

Sólo que aquel jovencito de espigada figura, cabello negro y ensortijado, no soñaba con ser futbolista. Mientras el resto corría detrás de un balón, la verdadera pasión del “Tuca” era la milicia, desde pequeño sintió una atracción particular hacia la carrera de las armas y no lo ocultó a su familia, de origen italiano que llegó a Sudamérica huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Para su padre, Vittorino Ferretti, era extraño ver la inclinación de su hijo hacia la carrera de las armas, cuando en Brasil todos los chiquillos andan con un balón entre las piernas, para sembrar las calles de goles y jugadas de fantasía.

Pero al ahora técnico de la Selección Nacional se le enchinaba la piel cada vez que veía a un militar o izaban la bandera de su país, en medio de honores, tenía una gran devoción por todo lo que implicara un respeto hacia la patria.

Cuando el joven Ferretti tenía 10 años de edad, la dictadura militar se impuso en Brasil hasta 1985. El mariscal Humberto de Alencar Castelo Branco asumió el poder luego de que el gobierno del presidente Joao Goulart terminara sucumbiendo en medio de graves problemas económicos y políticos.

“Un militar para mí representa las fuerzas del honor, del morir por tu patria, nunca pensar en ti, siempre es para los demás”, confesó a CANCHA.

“Me inicié en el futbol a los 12 años, yo quería ser militar, no quería ser futbolista porque me gusta mucho la disciplina, la puntualidad, el defender al país”.

Sin embargo, el destino de Ricardo estaba trazado, pues a pesar de que tenía dotes para ser un futbolista de carrera, aplicó para la escuela militar, buscando hacer carrera.

“Hice examen para la escuela militar a los 10 años, mi calificación fue de 8.5, escogieron a los mejores y yo no entré”, reveló.

Su padre lo encaminó hacia el futbol. Don Vittorino vio los dotes no sólo de él, sino también de sus hermanos, y los convenció para que abrazaran esta profesión.

En Brasil jugó para el Botafogo. Llegó a México en 1977, a los 23 años, para defender los colores del Atlas. Después pasó a Pumas, donde formó parte de una era dorada, militó en Neza, Monterrey y Toluca, y finalizó la etapa de jugador en 1991 con los auriazules, dándoles el título de la temporada 90-91, con aquel golazo de tiro libre que cimbro Ciudad Universitaria y al América, el odiado rival deportivo.

En su país natal dejó sin concluir la carrera de contador público, le faltaban 45 días para recibir su título, pero como en México ya lo esperaban, tuvo que salir sin poder cerrar esa página.

De cinco hermano, cuatro fueron futbolistas, cada uno hizo su propia historia, al igual que él, que desde muy joven aprendió a amar a este País, aunque nunca perfeccionó el idioma.

“De cinco hermanos, cuatro fuimos futbolistas. Uno jugó en Arabia, tengo un hermano, Fernando, que jugó en el Santos con Pelé, en el Botafogo, en el Vasco, fue seleccionado brasileño en los Juegos Olímpicos de 1968, ése sí es famoso”, señaló.

Sin embargo, el “Tuca” Ferretti, quien recibió ese apodo desde pequeño porque fue la primera palabra que dijo, negó que le guste imponer una disciplina militar en sus equipos, pues lo que se vive en el futbol no es nada comparado al día a día de los hombres que se decantan por esta carrera.

En lo que sí es obsesivo es en el orden, tanto en la vida, como en el futbol.

Es un hombre que duerme poco, se acuesta pasada la media noche y siempre se levanta a las 6 de la mañana, cuando pone horarios de entrenamiento, comida, charlas, etc., exige que todo el plantel los cumpla de manera estricta, no hay excusas para nadie.

Incluso fuera de la cancha, es siempre formal y puntual, nunca llega antes ni después de la hora que señala.

Alguna vez, trabajando con Pumas en su segunda época, tuvo una indisposición estomacal y no pudo abordar el camión a las 8:30, que los conduciría al campo de golf. La unidad partió sin él y tuvo que tomar un taxi para alcanzarlos después.

“Las reglas… son reglas para todos, nada de que yo me las salto por ser el entrenador”, recordó.

A pesar de su gesto adusto, de hablar a gritos y ser un hombre con poca paciencia, ha sabido hacer amigos dentro y fuera del futbol; de hecho, es gracias a ellos y a la claridad que le dieron, que se animó a tomar la Selección, aunque fuera de manera interina.

A sus 61 años, todavía luce fuerte y con un físico bien trabado.

“Dicen que me mantengo de corajes”, aseguró antes de soltar la carcajada.

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Buena nota , gracias pepe

Ahora todo tiene sentido :sweat_smile::sweat_smile:

Buena nota :v::v:

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