#DiariodeunaFan para #Sexenio - Luis Miguel... Clemencia en mi dolor

Luis Miguel… Clemencia en mi dolor

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Este último tiempo ha sido difícil para la humanidad por los desastres naturales que afectaron a varias regiones, pero también por los atentados que arrebataron la vida de muchísimas personas. De nueva cuenta, en sus sitios oficiales, Luis Miguel se solidarizó con otro suceso ocurrido, esta vez en Las Vegas, publicando la imagen de aquella imponente ciudad junto al mensaje “Nunca se apaga”. Deseo desde lo más profundo de mi corazón que esta ola de tragedias cese, pues ya no soportamos un sufrimiento más. Desde mi humilde lugar aprovecho para enviar mucha fortaleza a quienes han perdido a sus seres queridos.

Cuando nos toca transitar situaciones difíciles, penas o preocupaciones que ejercen una presión sumamente fuerte en el pecho, la respiración se dificulta, y por ende se torna prioritario contar con una válvula de escape que nos ayude a canalizar todo aquello que nos perturba. Una y otra vez, en este espacio, hemos sido testigos del pilar fundamental que significa Luis Miguel en nuestras vidas. Sin siquiera imaginarlo, su voz nos da la fortaleza que tantas veces necesitamos para afrontar tiempos adversos, alivia el corazón devastado, y su presencia es suficiente para adormecer el más intenso de los dolores.

Debo confesarles que en la actualidad estoy atravesando tiempos de tempestades, días en los que la angustia gana terreno y se lleva mis energías, pero les aseguro que me bastó con leer una publicación en Internet, cuyas palabras renovó mis esperanzas de ver o escuchar en un futuro cercano a Luis Miguel, para que de inmediato recobrara las fuerzas que necesito para batallar y sentirme confiada de que todo mejorará. Y así como siempre está presente en mi vida, para compartir mis alegrías y darme el aliento que necesito en las adversidades, está en la de cada uno de sus fans. No dejo de preguntarme si Miky será capaz de dimensionar cuánto nos ayuda a salir adelante, y que sin él nuestra vida ya no sería la misma. Basta con descubrir la historia que a continuación quiero compartirles, para confirmar que Luis Miguel obra en todos por igual:

Me llamo Cecilia, tengo 39 años, estoy casada hace 2 décadas y tengo dos hijas, Danisa y Candelaria.

Mi historia con Luis Miguel comenzó cuando cursaba mis 6 años, lo escuché por primera vez en un programa de televisión muy exitoso de mi país, Argentina, cuya conducción estaba a cargo del prestigioso Leonardo Simons. Recuerdo haber estado acomodando mi cama cuando sentí una voz que cual fecha atravesó mi alma, entonces de inmediato me acerqué al televisor para descubrir a su dueño.

Sonaba “Palabra de honor”, y aquella interpretación había tocado mis fibras más íntimas como nadie nunca antes lo había hecho. Su cara angelical y sus ojos verdes, sinceros, iluminaron el lugar. Mi corta edad no fue un obstáculo para darme cuenta que este amor iba durar para siempre.

Cómo olvidar que mi mamá me compró, en una feria de la plaza, un colgante con una pequeña foto de Luis Miguel, y que lloré de emoción cuando me la obsequió. Desde ese momento me acompañó cada uno de mis días, hasta que el paso del tiempo la envejeció y terminó cortándose.

Mi gran familia, conformada por mis padres y seis hermanos, siempre fue de clase media, gracias a Dios nunca nos faltó lo esencial y, lo más importante, el amor sobraba por todos lados. Mi mamá fue quien siempre me consintió, y sabía que este amor por Luis Miguel era un sentimiento mucho más fuerte de lo que aparentaba. Debo confesarles que mis padres nunca tuvieron la posibilidad de pagarme la entrada para asistir a un concierto, razón por la cual siento que lo idolatro más. Por supuesto que no me perdí ninguna de sus apariciones en la pantalla chica cada vez que visitó Buenos Aires, ese día la familia recibía mi pedido especial: gozar del único televisor de la casa. Aquel momento era único e irrepetible para mí porque no sabía cuándo Luis Miguel regresaría a mi país, así que ponía la silla enfrente al televisor, y créanme que ahí transcurría dos largas horas gritando y llorando de felicidad. Me metía en su mundo, mi mundo, en el que solo existíamos nosotros dos. En cada una de sus visitas hacía el mismo ritual, y muchas veces lloraba de impotencia ante la imposibilidad de comprar las revistas de actualidad en las que aparecía, y sus trabajos discográficos. ¡Lo necesitaba tanto!, aunque él no lo supiera

Siempre le decía a mamá que sabía a qué había venido a esta vida, y ella reía cuando provista de mucha seguridad le decía: “Vine a ser hija, madre y a cuidar a Luis Miguel”. ¡Qué loco, ¿no?!

Fui a la primaria y conformé el libro de oro de la escuela por ser la mejor alumna de primero a séptimo grado, luego empecé la secundaria, pero nunca dejó de costarme aquella separación de mamá por tantas horas… ¡Es que siempre le tuve un amor en demasía!

Cuando me enfermé y estuve con fiebre unos 20 días -jamás supimos la razón de ese malestar-, aquello originó que me quedara libre en la escuela, así que aproveché para decirle a papá que no quería estudiar, y que mi único deseo era quedarme en casa. Él con tristeza me dijo: “Tenés al alcance todas las posibilidades para ser lo que quieras ser”, pero insistí diciéndole que sabía y que optaba por quedarme junto a mi mamá. Él respetó mi decisión y así fue.

A los 19 años me casé y con 23 años ya tenía a mis dos hijas. Me dediqué de lleno a ellas, y la música de Luis Miguel siempre me acompañó porque influía positivamente en mis estados de ánimos. Decidí grabarme todos sus discos porque era la única oportunidad que tenía de escucharlos, ya que continuaba sin poder adquirirlos debido a mi situación económica. Escuchar su voz era todo lo que necesitaba para ser completamente feliz. Por supuesto que siempre lo defendí de los detractores, e incluso me he dejado de hablar con gente cercana porque me decían cosas feas de él, y mucho menos he creído en la prensa amarilla porque sencillamente me dejo guiar por la autenticidad de su mirada, esa misma que me brinda confianza y paz.

Cómo olvidar aquel momento mágico cuando una amiga asistió a uno de sus conciertos y me llamó para que pudiera escucharlo. Fue una mezcla de sensaciones porque lloré de emoción e impotencia por no haber podido estar junto a ella, pero les juro que nunca perdí las esperanzas.

En el año 2013 mi mamá se enfermó, y a partir de ese momento estuve solo para ella. Había que curarla y no podía perderla porque era mi ser más amado, les juro que no imaginaba la vida sin ella. Por lo tanto me hice cargo de su enfermedad, la que por cierto tardamos dos años para conocer el diagnóstico. Transitamos un camino largo y duro, y quien estuvo más presente fui yo, ya que era la única hija que no trabajaba. Así fue como decidí dejar de estar tiempo completo con mi familia para avocarme 100% a mi madre. Gracias a Dios mi marido y mis hijas no solo que lo entendieron sino que me acompañaron en este difícil momento. Ese alejamiento circunstancial me costó muchísimo porque nunca antes había dejado mi hogar en casi 20 años, pero mi mamá debía ser internada en Capital Federal (a unos 170 kilómetros de mi ciudad) y allí partí con ella.

El 28 de noviembre de 2015 Luis Miguel se presentaba en concierto en GEBA, y ésa iba a ser mi primera vez. Recuerdo que mi mamá quería pagarme la entrada y le dije: “Mamá, vos te operas el 25 y yo tengo que estar acá con vos”. Obviamente iba a decidir resignar mi sueño de verlo en vivo y en directo, ella me necesitaba a su lado y ése era mi lugar todos los días de mi vida. El 24 de noviembre fuimos a internarla en un hospital de Capital Federal, para que al día siguiente entrara en cirugía. Ese tumor de páncreas la había hecho bajar 20 kilos y ya no era la misma, y aquella intervención era lo único que podíamos hacer, no había otra opción. A las 7:30 hs. la ingresaron al quirófano, afuera me quedé esperando con dos de mis hermanos. Antes de eso procedí a despedirme y le dije entre lágrimas “Mamá te amo”, y su respuesta fue: “yo también hija, sos el ángel que Dios me dio para acompañarme en esta vida. Gracias por todo lo que hiciste y haces siempre por mí”. A sus palabras repliqué: “No me agradezcas nada mamá, solo quiero curarte y que volvamos a casa”. Al verla partir no supe que esa había sido nuestra última vez juntas. Después de 12 horas de cirugía nos avisaron que estaba grave, que tenía cáncer y que ya tenía el baso comprometido. Más tarde falleció de un paro cardíaco, y así fue como regresé con las manos vacías, sin mi persona favorita, mi compañera de vida… ¡Mi todo!

A partir de ese día sigo en pausa, la muerte de mi mamá literalmente me devastó, porque ella me enseñó todo en esta vida pero no cómo seguir sin su presencia. No dejo de pensar que apenas tenía 67 años, y le faltaba tanto por vivir.

Estoy con antidepresivos, psicóloga, y el apoyo de mis hijas, hermanos, papá y marido, pero no es suficiente… ¡La necesito para vivir! Pero tengo un sustento que me ayuda a paliar lo que estoy sintiendo, y ese pilar se llama Luis Miguel. Él calma mis días cuando lo escucho, es el mejor bálsamo para el dolor, y su voz es mi mejor medicina. Les cuento que con un corazón destrozado es muy difícil conciliar el sueño, pero gracias a él encontré la fórmula perfecta, solo necesito apropiarme de unos auriculares para que su voz se encargue de llevarme directo a los brazos de Morfeo.

Dios, mis hijas y vos, mi querido Luis Miguel, me sostienen de pie. Haces tanto por mí sin que lo sepas, por eso quiero decirte que claro que valió la pena entregar tu vida a esta carrera si sanas hasta el corazón más desolado… no hay palabras suficientes que puedan expresar tal agradecimiento. Nunca dejes de cantar ojitos verdes, porque apagarías la luz de mi alma y la de tantos seres en el mundo. No pierdo las esperanzas de conocerte, hoy es mi único sueño, pero si eso no pasa quiero que sepas que no me hace falta hacerlo para amarte, porque te conozco desde siempre, dentro mío, y a lo mejor de otra vida. Ojalá leas mi historia, es un deseo desde lo más profundo de mi alma.

Miky, te amaré eternamente y por siempre seré tu fan incondicional.

Cecilia