Cancelado

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Sinopsis
La ferozmente independiente ________________ Camlin, dejó su infancia antes de que terminara. Ha trabajado desde antes de poder conducir y se mudó a su propio apartamento después de su primer año de universidad. Ahora, atendiendo la barra en el Red Door, _________________ no tiene tiempo para nada más, aparte del trabajo y sus clases, hasta que un viaje para ver a su novio se cancela, dejándola con un primer fin de semana libre en casi un año.
Zayn Malik era el rey de la Universidad Estatal del Este, saliendo con sus compañeras antes de incluso de graduarse del instituto. Sus amigos quieren ser como él, y las mujeres querían domarlo, pero después de que un trágico accidente pusiera su mundo de cabeza, Zayn deja el campus para enfrentarse a la aplastante culpa.
Dieciocho meses después, Zayn está viviendo en casa con su padre viudo, y trabaja tiempo completo en el local de tatuajes para ayudar con las cuentas. Justo cuando piensa que su vida está regresando a la normalidad, nota a ____________________ sentada sola en una mesa en el Red.
Siendo la niñera de cuatro hermanos alborotadores, ______________________ cree que no tendrá problema en mantener su amistad con Zayn Malik estrictamente platónica. Pero cuando un chico Malik se enamora, ama para siempre —incluso si ella es la única razón por la que su ya rota familia podría desmoronarse.

Malik Brothers, #1

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Hola, como están? Espero que bien.
Mi nombre es Jacky tengo 15 años y eh decidió subir esta adaptación de unos de los libros hermosos que tiene Jaime McGuire, el libro original es de la historia de Trenton Maddox y Cami Camlin, y quise adaptarlo a Zayn y Rayita.
Esta adaptación la publique en Univision pero no tuvo excito :confused: Espero y aquí si lo tenga y les guste tanto como a mí.
Si hay comentarios subiré el primer capitulo :blush:

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                                        CAPITULO 1.

Sus palabras quedaron flotando allí, en la oscuridad entre nuestras voces. A veces encontraba consuelo en ese espacio, pero en tres meses, sólo había encontrado disturbios. Ese espacio volvió a un lugar conveniente para ocultarse. No por mí, por él. Mis dedos dolían, por lo que les permití relajarse, sin darme cuenta de lo duro que había estado agarrando mi teléfono celular.
Mi compañera de cuarto, Reagan, se sentaba junto a mi maleta, abierta sobre la cama, con las piernas entrecruzadas. Cualquiera que fuese la mirada que estaba en mi cara la impulsó a tomar mi mano. ¿T.J.?, articuló.
Asentí.
—¿Podrías, por favor, decir algo? —preguntó T.J.
—¿Qué quieres que diga? He empacado. Pedí mis vacaciones. Hank ya le ha dado a Jorie mis turnos.
—Me siento como un gran idio**. Ojalá no tuviera que ir, pero te lo advertí. Cuando tengo un proyecto en curso, pueden llamar en cualquier momento. Si necesitas ayuda con el alquiler o cualquier cosa…
—No quiero tu dinero —le dije, frotándome los ojos.
—Pensé que sería un buen fin de semana. Juro por Dios que lo hice.
—Yo pensé que iba a estar abordando un avión mañana por la mañana, y en cambio me estás llamando para decir que no puedo ir. Una vez más.
—Sé que esto parece como un movimiento idio**. Te juro que les dije que tenía planes importantes. Pero cuando las cosas están así, ________________… Tengo que hacer mi trabajo.
Limpié una lágrima de mi mejilla, pero me negué a que me escuchara llorar. Evité que mi voz temblara. —¿Vas a venir a casa para Acción de Gracias, entonces?
Suspiró. —Quiero. Pero no sé si puedo. Depende de si esto estará solucionado. Te extraño. Mucho. No me gusta esto tampoco.
—¿Tu horario puede mejorar? —pregunté. Le llevó más tiempo de lo que debería responder.
—¿Qué si digo que probablemente no?
Levanté las cejas. Esperaba esa respuesta, pero no esperaba que fuera tan… veraz.
—Lo siento —dijo. Me lo imaginé avergonzado—. Acabo de entrar en el aeropuerto. Me tengo que ir.
—Sí, de acuerdo. Hablamos más tarde. —Forcé la voz para que fuese tranquila. No quería sonar molesta. No quería que pensara que era débil o sensible. Él era fuerte y autosuficiente, y hacía lo que había que hacer sin quejarse. Traté de ser eso para él. Quejándome de algo fuera de su control no ayudaría nada.
Suspiró de nuevo. —Sé que no me crees, pero te amo.
—Te creo —le dije, y lo decía en serio.
Presioné el botón rojo en la pantalla y dejé caer el teléfono a la cama.
Reagan ya estaba en modo de control de daños. —¿Fue llamado a trabajar?
Asentí.
—Bueno, entonces, tal vez ustedes solo tengan que ser más espontáneos. Tal vez puedas simplemente aparecer, y lo llamas cuando estés allí, esperando por él.
Cuando vuelva, lo tomas donde lo dejaron.
—Tal vez.
Me apretó la mano. —¿O quizá es un idio** que debería dejar de escoger entre su trabajo y tú?
Negué con la cabeza. —Ha trabajado muy duro por este puesto.
—Ni siquiera sabe en qué posición está.
—Te lo dije. Está utilizando su título. Se ha especializado en el análisis estadístico y reconfiguración de datos, sea lo que sea.
Me lanzó una mirada dudosa. —Sí, también me dijiste que debe mantener todo en secreto. Lo que me hace pensar que no está siendo totalmente honesto contigo.
Me levanté y deshice la maleta, dejando que todo el contenido se derramara sobre el edredón. Por lo general sólo hacía mi cama cuando hacía las maletas, así que ahora podía ver la tela de color azul claro del edredón con algunos tentáculos de pulpo azul marino esparcidos en ella. T.J. lo odiaba, pero me hacía sentir como si me abrazaran mientras dormía. Mi habitación estaba hecha de cosas extrañas, al azar, pero yo también.
Reagan rebuscó entre el montón de ropa y levantó un top negro con los hombros y la parte delantera estratégicamente rasgados. —Las dos tenemos la noche libre. Debemos salir. Que nos sirvan los tragos por una vez.
Agarré la camisa de sus manos y la examiné mientras reflexionaba sobre la sugerencia de Reagan. —Tienes razón. Deberíamos. ¿Vamos en tu coche o en el Pitufo?
Reagan se encogió de hombros. —El tanque está casi vacío y no me pagan hasta mañana.
—Parece que en el Pitufo, entonces.
Después de una estruendosa sesión en el baño, Reagan y yo saltamos dentro de mi Jeep azul claro modificado. No estaba en su mejor forma, pero una vez alguien tuvo la suficiente visión y el amor para moldearla en un híbrido Jeep/camión. El desertor mimado de la universidad que era dueño del Pitufo antes que yo no lo amó tanto. Los cojines de cuero de los asientos estaban rasgados, la alfombra tenía agujeros de cigarrillos y manchas, y el techo necesitaba ser reemplazado, pero que estuviera descuidado significaba que yo podía pagar por él en su totalidad, y un pago completo por un vehíc.ulo era la mejor clase de propiedad.
Me abroché el cinturón de seguridad y hundí la llave en el contacto.
—¿Debo rezar? —preguntó Reagan.
Giré la llave y el Pitufo hizo un zumbido enfermizo. El motor farfulló, luego ronroneó y las dos aplaudimos. Mis padres criaron a cuatro niños con el sueldo de un trabajador de fábrica. No le compraron un vehíc.ulo a ninguno de mis hermanos, a pesar de sus recursos, así que lo correcto era ni siquiera molestarme en pedir uno. Conseguí un trabajo en la tienda de helados local cuando tenía quince años, y ahorré $557.11. El Pitufo no era el vehíc.ulo que soñé cuando era pequeña, pero 550 dólares me compró la independencia, y eso no tenía precio.
Veinte minutos más tarde, Reagan y yo nos hallábamos en el lado opuesto de la ciudad, pavoneándonos por el aparcamiento de grava de Red Door, lentamente y al unísono, como si estuviéramos siendo filmadas mientras caminábamos con una banda sonora de chicas rudas.
Kody estaba de pie en la entrada, sus enormes brazos probablemente del mismo tamaño que mi cabeza. Nos miró cuando nos acercamos. —Identificaciones. —¡Vete a la mie***! —gruñó Reagan—. Trabajamos aquí. Sabes la edad que tenemos.

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                                        CAPITULO 1 (2).

Él se encogió de hombros. —Todavía tengo que ver las ID.
Le fruncí el ceño a Reagan y ella puso los ojos en blanco, hurgando en su bolsillo trasero. —Si no sabes la edad que tengo en este momento, tenemos problemas.
—Vamos, Reagan. Deja de reventarme las pelotas y déjame ver la maldita cosa.
—La última vez que te dejé ver algo, no me llamaste por tres días.
Él se encogió. —Nunca va a superar eso, ¿verdad?
Le aventó su ID a Kody y él la atrapó contra su pecho. La miró y luego se la devolvió, me miró expectante. Le entregué mi licencia de conducir.
—Pensé que te ibas de la ciudad —dijo, bajando la mirada antes de regresarme la tarjeta de plástico fino.
—Larga historia —le dije, metiendo mi licencia en el bolsillo de atrás. Mis pantalones eran tan apretados que me sorprendió que pudiera caber cualquier cosa
allí además de mi cu.lo.
Kodi abrió la puerta roja de gran tamaño, y Reagan le sonrió dulcemente. — Gracias, cariño.
—Te quiero. Sé buena.
—Siempre soy buena —le dijo, guiñando un ojo.
—¿Nos vemos cuando salga del trabajo?
—Sip. —Ella me empujó por la puerta.
—Ustedes son la pareja más extraña —le dije sobre el ruido. Vibraba dentro de mi pecho, y estaba bastante segura de que cada latido hacía que mis huesos temblaran.
—Sip —dijo Reagan nuevo.
La pista de baile ya se encontraba llena de sudor y de universitarios borrachos. El semestre de otoño estaba en pleno apogeo. Reagan se acercó a la barra y se quedó al final. Jorie le guiñó un ojo.
—¿Quieres que te despeje un par de asientos? —preguntó.
Reagan negó con la cabeza. — ¡Sólo te estás ofreciendo porque quieres mis consejos desde ayer por la noche!
Jorie rió. Su cabello largo y rubio platino caía en ondas sueltas por los hombros, con algunos mechones negros por aquí y por allá. Llevaba un minivestido negro y botas de combate, y presionaba los botones en la caja registradora para cobrarle a alguien mientras hablaba con nosotros. Todos habíamos aprendido a realizar múltiples tareas y a movernos como si cada propina fuese un billete de cien dólares. Si podías servir las copas lo suficientemente rápido, tenías una oportunidad de trabajar en este bar, y las propinas de hecho podrían pagar el valor de un mes de las facturas en un fin de semana.
Ahí era donde yo había estado atendiendo el bar durante un año, hace sólo tres meses fui contratada en Red Door. Reagan trabajaba a mi lado, y juntas hemos mantenido esta máquina engrasada como una stripper en una piscina de plástico llena de aceite para bebé. Jorie y el otro barman, Blia, trabajan en la barra al sur de la entrada. Era básicamente un quiosco, y les encantaba cuando Reagan o yo estábamos fuera de la ciudad.
— ¿Entonces? ¿Qué quieren de beber? —preguntó Jorie.
Reagan me miró, y luego otra vez a Jorie. —El whisky amargo.
Hice una mueca. —Menos el amargo, por favor.
Una vez que Jorie nos pasó nuestras bebidas, Reagan y yo encontramos una mesa vacía y nos sentamos, conmocionadas por nuestra suerte. En los fines de semana siempre estaban lleno, y una mesa disponible a las 10:30 no era común.
Sostuve un paquete nuevo de cigarrillos en la mano y golpeé el final del mismo contra la palma de mi mano para empaquetarlos, y luego arranqué el plástico, volteando la parte superior. A pesar de que en el bar había mucho humo, que solo con estar sentada allí me hacía sentir como si estuviera fumando un paquete entero de cigarrillos, era agradable sentarse en una mesa y relajarse. Cuando trabajaba, por lo general tenía tiempo para una calada y el resto se quemaba solo, sin fumarlo.
Reagan me vio encenderlo. —Yo quiero uno.
—No, no quieres.
—Sí, sí quiero.
—No has fumado en dos meses, Reagan. Me culparás mañana por arruinar tu racha.
Hizo un gesto hacia la habitación. — ¡Estoy fumando! ¡Ahora mismo!
Entrecerré los ojos hacia ella. Reagan era una exótica belleza, de cabello largo y castaño, piel bronceada y ojos marrón miel. Su nariz era perfectamente pequeña, no demasiado redonda o demasiado puntiaguda, y su piel la hacía parecer como recién salida de un anuncio de Neutrogena. Nos conocimos en la escuela primaria, y yo estuve inmediatamente atraída por su brutal honestidad. Reagan podía ser muy intimidante, incluso para Kody, quien, con un metro noventa, era más de treinta centímetros más alto que ella. Su personalidad era encantadora para aquellos a los que amaba, y un repelente para los que no quería.
Yo era lo opuesto a exótica. Mi enmarañado cabello castaño y mi abundante flequillo era fácil de mantener, pero no muchos hombres lo encontraban sexy. No muchos hombres me encontraban atractiva en general. Yo era la chica de al lado, la mejor amiga de su hermano. Crecer con tres hermanos y nuestro primo Colin podría haberme hecho un Oops! si mis curvas, sutiles pero aún presentes, no me hubiesen expulsado del club social a los catorce años.
—No seas esa chica —le dije—. Si quieres uno, ve a comprarte el tuyo.
Se cruzó de brazos, haciendo un mohín. —Por eso lo dejé. Están jodidamente caros.
Me quedé mirando el papel ardiendo y el tabaco clavado entre mis dedos. —Eso es un hecho, mi Oops! en bancarrota continúa notándolo.
La canción pasó de algo que todos querían bailar, a una canción que nadie quería bailar, y decenas de personas comenzaron a hacer su camino fuera de la pista de baile. Dos chicas se acercaron a nuestra mesa e intercambiaron miradas.
—Esa es nuestra mesa —dijo la rubia.
Reagan apenas las notó.
—Disculpa, perra, ella está hablando contigo —dijo la morena, dejando su cerveza en la mesa.
—Reagan —le advertí.
Reagan me miró con una cara en blanco, y luego a la chica con la misma expresión. —Fue su mesa. Ahora es la nuestra.
—Nosotros llegamos primero —dijo la rubia entre dientes.
—Y ahora ya no —dijo Reagan. Cogió la botella de cerveza no invitada y la arrojó por el suelo. Se derramó sobre la alfombra oscura—. Ve a buscarla.
La morena vio rodar su cerveza por el suelo, y luego dio un paso hacia Reagan, pero su amiga le agarró ambos brazos. Reagan le ofreció una risa poco impresionada, y luego volvió su mirada hacia la pista de baile. La morena finalmente siguió a su amiga a la barra.
Tomé una calada de mi cigarrillo. —Pensé que íbamos a pasar un buen rato esta noche.
—Eso fue divertido, ¿verdad?
Negué con la cabeza, sofocando una sonrisa. Reagan era una gran amiga, pero no me metería con ella. Crecer con tantos niños en la casa me había dado suficientes peleas para toda la vida. No me trataban como a un bebé. Si no me defendía, solo peleaba sucio hasta que conseguía lo que quería. Y yo siempre lo hacía.
Reagan no tenía una excusa. No era más que una perra rudimentaria. —Oh, mira. Megan está aquí —dijo, señalando a la belleza de ojos azules y cabello oscuro en la pista de baile. Negué con la cabeza. Ella se encontraba allí con Travis Malik, básicamente siendo follada delante de todos en la pista de baile.
—Oh, esos chicos Malik —dijo Reagan.
—Sí —dije, tragando mi whisky—. Esta fue una mala idea. No me siento muy de club esta noche.
—Oh, detente. —Reagan bebió su whiskey amargo y luego se puso de pie—. Las perras quejumbrosas todavía están mirando esta mesa. Iré a conseguir otra
ronda. Tú sabes que la noche apenas comienza.
Ella tomó mi copa y la suya y me dejó para ir a la barra.
Me volví, viendo a las chicas mirándome, esperando claramente a que me alejara de la mesa. Yo no iba a levantarme. Reagan obtendría la mesa de regreso si ellas trataban de tomarla, y eso sólo causaría problemas.
Cuando me di la vuelta, un chico se encontraba sentado en la silla de Reagan. Al principio pensé que Travis se había abierto paso de alguna manera, pero cuando me di cuenta de mi error, sonreí. Zayn Malik se inclinaba hacia mí, con los brazos tatuados cruzados, con los codos apoyados en la mesa frente a mí. Se frotó la barba de varios días que salpicaba su mandíbula cuadrada con los dedos, con los músculos de los hombros abultados a través de su camiseta. Tenía tanta barba en su cara como cabello arriba de su cabeza, excepto por la ausencia de pelo de una pequeña cicatriz cerca de su sien izquierda.
—Luces familiar.
Levanté una ceja. — ¿En serio? Caminaste hasta aquí y te sientas, ¿y eso es lo mejor que tienes?
Hizo un espectác-ulo recorriendo sus ojos sobre cada parte de mí. —No tienes ningún tatuaje que yo pueda ver. Supongo que no nos hemos encontrado en la tienda.

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                                     CAPITULO 1 (3).

—¿La tienda?
—La tienda de tatuajes donde trabajo.
—¿Eres tatuador ahora?
Sonrió, un hoyuelo profundo apareció en el centro de su mejilla izquierda. —Sabía que nos habíamos visto antes.
—No lo hemos hecho. —Me volví para ver a las mujeres en la pista de baile, riendo, sonriendo y mirando a Travis y Megan jodiendo de pie. Pero la segunda canción terminó, él se fue y se dirigió directamente a la rubia que reclamó la propiedad sobre la mesa. A pesar de que había visto a Travis pasando sus manos por toda la piel sudorosa de Megan dos segundos antes, ella sonreía como una idio**, esperando ser la siguiente.
Zayn rió una vez. —Ese es mi hermano pequeño.
—Yo no lo discutiría —dije, sacudiendo la cabeza.
—¿Fuimos juntos a la escuela? —preguntó.
—No me acuerdo.
—¿Recuerdas si fuiste a Eakins en cualquier momento entre el preescolar hasta el duodécimo grado?
—Lo hice.
El hoyuelo izquierdo de Zayn se hundió en cuanto sonrió. —Entonces, nos conocemos.
—No necesariamente.
Zayn rió de nuevo. —¿Quieres un trago?
—Tengo uno en camino.
—¿Quieres bailar?
—Nop.
Un grupo de chicas pasaron, y los ojos de Trenton se centraron en una. — ¿Esa es Shannon de Economía Doméstica? Maldita sea —dijo, girando ciento ochenta grados en su asiento.
—De hecho, sí es. Deberías ir y recordar el pasado.
Zayn negó con la cabeza. —Nosotros recordamos la escuela secundaria.
—Recuerdo. Estoy bastante segura de que aún te odia.
Zayn negó con la cabeza, sonrió, y luego, antes de tomar otro trago, dijo: —Siempre lo hacen.
—Es una ciudad pequeña. No deberías haber quemado tantos puentes.
Bajó la barbilla, su famoso encanto subiendo a un nivel experto. —Hay algunos que no he encendido a fuego lento. Aún.
Puse los ojos en blanco, y él se rió entre dientes.
Reagan regresó, curvando sus largos dedos alrededor de cuatro vasos estándar y dos vasos de chupito. —Mi whisky amargo, tu whisky en las rocas y un pezón de mantequilla para cada una.
—¿Qué pasa con las bebidas dulces esta noche, Ray? —le dije, arrugando la nariz.
Zayn tomó uno de los vasos de chupito y lo tocó con sus labios, echando la cabeza hacia atrás. Golpeó sobre la mesa y me guiñó un ojo. —No te preocupes, nena. Yo me encargaré de eso. —Se puso de pie y se alejó.
No me di cuenta de que mi boca estaba abierta hasta que mis ojos se encontraron con los de Reagan y la cerré de golpe.
—¿Acaba de beberse tu trago? ¿Eso realmente ocurrió?
—¿Quién hace eso? —dije, volteando a ver a dónde iba. Él ya había desaparecido entre la multitud.
—Un chico Malik.
Di un trago a mi whisky doble y tomé otra calada de mi cigarrillo. Todo el mundo sabía que Zayn Malik era una mala noticia, pero eso no parecía impedir que las mujeres trataran de domarlo. Observándolo desde la escuela primaria, me prometí que nunca sería una muesca más en su cinturón, si los rumores eran ciertos y él tenía tantas muescas, pero no tenía intención de averiguarlo.
—¿Vas a dejar que se salga con la suya? —preguntó Reagan.
Apagué el humo desde el lado de mi boca, molesta. No me encontraba con estado de ánimo para divertirme, o para hacer frente a coqueteos desagradables, o quejarme porque Zayn Malik se había bebido una bebida dulce que yo no quería. Pero antes de que pudiera responderle a mi amiga, quería terminar el whiskey que me estaba tomando.
—Oh, no.
—¿Qué? —dijo Reagan, moviendo de un tirón en su silla. Inmediatamente se enderezó en la silla, encogiéndose.
Mis hermanos y nuestro primo Colin caminaban hacia nuestra mesa.
Colin, el mayor y el único que tiene un ID legítimo, fue el primero en hablar. —¿Qué demonios, _____________? Pensé que estabas fuera de la ciudad esta noche.
—Mis planes cambiaron —le espeté.
Chase habló en segundo lugar, como yo esperaba que lo hiciera. Era el mayor de mis hermanos, y le gustaba fingir que era mayor que yo, también. —¿Por qué estás tan cabreada? ¿Te sientes regañada o algo así?
—¿En serio? —dijo Reagan, bajando la barbilla y alzando las cejas—. Estamos en público. Madura.
—¿Así que te canceló? —preguntó Clark. A diferencia de los otros, Clark parecía verdaderamente preocupado.
Antes de que pudiera responder, el más joven de los tres habló. —Espera, ¿ese pedazo de mier** sin valor te canceló? —dijo Coby. Los chicos estaban todos a tan sólo once meses de diferencia, por lo que Coby tenía tan sólo dieciocho años. Mis compañeros de trabajo sabían que mis hermanos mostraban identificaciones falsas y pensaban que me hacían un favor al hacerse la vista gorda, pero la mayoría de las veces me hubiera gustado que no lo hicieran. Coby en particular, todavía se comportaba como un niño de doce años de edad, no muy seguro de qué hacer con su testosterona. Se inclinaba por detrás de los otros, dejando que ellos lo detuvieran de una pelea que no existía.
—¿Qué estás haciendo, Coby? —le pregunté—. ¡Ni siquiera está aquí!
—Tienes razón, no lo está —dijo Coby. Se relajó, crujiendo su cuello—. Cancelarle a mi hermanita. Le romperé la Oops! cara. —Pensé en Coby y T.J. entrando en una pelea, e hizo que mi corazón se acelerara. T.J. era intimidante cuando era más joven, y letal como un adulto. Nadie jodía con él, y Coby lo sabía.
Un ruido de disgusto salió de mi garganta, y rodé mis ojos. —Sólo… encuentren otra mesa.
Los cuatro muchachos empujaron sillas alrededor de Reagan y yo. Colin tenía el pelo de color marrón claro, pero mis hermanos eran todos los pelirrojos. Colin y Chase tenían ojos azules. Clark y Coby los tenían verdes. Algunos hombres pelirrojos no tienen el mejor aspecto, pero mis hermanos eran altos, cincelados, y protectores. Clark era el único con pecas, y aun así de alguna manera se veían bien en él. Yo era la paria, la única con el pelo castaño claro y ojos grandes, redondos, azul claro. Más de una vez los chicos trataron de convencerme de que había sido adoptada. Si yo no fuese la versión femenina de mi padre, me lo habría creído.
Toqué la frente con la mesa y gemí. —No puedo creerlo, pero el día de hoy ha empeorado.
—Oh, vamos, _______________. Sabes que nos amas —dijo Clark, empujándome con el hombro. Cuando no respondí, se inclinó para susurrarme al oído—: ¿Estás segura de que te encuentras bien?
Mantuve la cabeza abajo, pero asentí con la cabeza. Clark me dio unas palmaditas en la espalda un par de veces, y luego la mesa quedó en silencio.
Levanté la cabeza. Todo el mundo miraba detrás de mí, así que me di la vuelta. Zayn Malik se encontraba allí de pie, sosteniendo dos vasos de chupito y otro vaso de algo que parecía decididamente menos dulce.
—Esta se fiesta se volvió más concurrida —dijo Zayn con una sonrisa sorprendida pero encantadora.
Chase entrecerró los ojos a Zayn. — ¿Ese es él? —preguntó, asintiendo.
—¿Qué? —preguntó Zayn.
La rodilla de Coby comenzó a rebotar, y se inclinó hacia delante en su silla.
—Ese es él. El pto le canceló y luego se presenta aquí.
—Espera. Coby, no —dije, levantando las manos.
Coby se puso de pie. — ¿Estás jugando con nuestra hermana?
— ¿Hermana? —dijo Trenton, sus ojos rebotando entre mí y los jengibres volátiles que se sentaban a cada lado de mí.
—Oh, Dios —dije, cerrando los ojos—. Colin, dile a Coby que pare. No es él.
— ¿Quién no soy yo? —dijo Zayn —. ¿Tenemos un problema aquí?
Travis apareció al lado de su hermano. Llevaba la misma expresión divertida que Zayn, tanto como los intermitentes hoyuelos juguetones del lado izquierdo. Podrían haber sido el segundo par de gemelos de la madre. Sólo las diferencias sutiles los distinguían entre ellos, como el hecho de que Travis era dos o tal vez un centímetro más alto que Zayn.
Travis cruzó los brazos sobre el pecho, haciendo notar su ya considerable abultamiento de bíceps. La única cosa que me mantuvo de explotar en la silla era que sus hombros estaban relajados. No estaba preparado para luchar. Aún.
—Buenas noches —dijo Travis.
Los Malik podían sentir los problemas. Al menos eso parecía, porque cada vez que había una pelea, la iniciaban o terminaban. Por lo general, ambos.
—Coby, siéntate —ordené a través de los dientes.
—No, no estoy sentado. Este imbe
** insultó a mi hermana, no estoy jodidamente sentándome.
Reagan se inclinó hacia Chase. —Ese es Zayn y Travis Malik.
— ¿Malik? —preguntó Clark.
—Sí. ¿Aún tienes algo que decir? —dijo Travis.
Coby movió la cabeza lentamente y sonrió. —Puedo hablar toda la noche, hijo de…
Me puse de pie. — ¡Coby! ¡Sienta tu cu.lo ahora! —le dije, señalando su silla. Lo hizo—. Dije que no era él, ¡y lo decía en serio! ¡Ahora, todo el mundo cálmese de una pta vez! He tenido un mal día, y estoy aquí para beber, relajarme, ¡y pasar un buen maldito rato! Ahora bien, si eso es un problema para ti, ¡vete a la mie** de mi mesa! —Cerré los ojos y grité la última parte, pareciendo completamente loca. La gente alrededor de nosotros nos miraba.
Respirando con dificultad, eché un vistazo a Zayn, quien me entregó una copa.
Una esquina de su boca se elevó. —Creo que me voy a quedar.

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Bueno eso es lo que subiré hasta ahora, espero y hallan comentarios porque la verdad no me gustaría cancelarla.

Besos, Jacky :kissing_heart: :hand:

ESTA FANTASTICA! INVITA A LA GENTE DEL FORO DE UNIVISION PARA QUE VENGAN AL FORO

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Tienes que seguirla, en serio… es fantastica y se ve divertida xD
Espero la sigas pronto!!!

Hola Sarahi, la seguiré ahora mismo, estaba esperando un comentario así como el tuyo que me impulsara a seguirla y eso es todo la seguiré ahora mismo, espero y la sigas leyendo se que te encantara :heart_eyes:

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                                      CAPITULO 2  (1)

Mi teléfono sonó por tercera vez. Lo tomé de la mesita de noche para darle un vistazo. Era un mensaje de texto de Zayn.
Levántate, perezosa. Sí, estoy hablando contigo.
— ¡Apaga el teléfono, idiota! ¡Algunos tenemos resaca! —gritó Reagan desde su dormitorio.
Hice clic para ponerlo en silencio y lo devolví a la mesa para cargarlo. Maldita sea. ¿Qué pensaba al darle mi número de teléfono?
Kody se movió pesadamente por el pasillo y se asomó, sus ojos todavía medio cerrados. — ¿Qué hora es?
—Ni siquiera las ocho.
— ¿Quién está haciendo estallar tu teléfono?
—No es asunto tuyo —dije, dando vuelta sobre el costado. Kody se rió entre dientes, y luego comenzó a sacar ollas y sartenes de la cocina, probablemente preparándose para alimentar a su monstruoso ego.
— ¡Odio a todo el mundo! —gritó Reagan de nuevo.
Me senté, dejando que mis piernas colgaran a un lado de la cama. Tenía todo el fin de semana libre, algo que no ocurría desde el último fin de semana pasado que iba a ver a TJ —y él cancelaba. En aquel entonces, había limpiado el apartamento hasta que mis dedos estuvieron en carne viva, y luego lavé, sequé y doblé toda mi ropa sucia y la de Reagan.
Sin embargo, esta vez no iba a andar deprimida por el apartamento. Miré hacia las fotos de mis hermanos y yo en mi pared, junto a una foto de mis padres y algunos de los dibujos que yo había intentado en la escuela secundaria. Los marcos negros eran un marcado contraste contra las paredes blancas en todo el apartamento. Había estado trabajando en hacerlo que se viera más habitable, comprando un juego de cortinas con cada cheque de pago. Los padres de Reagan le dieron una tarjeta de regalo de Pottery Barn para Navidad, por lo que ahora teníamos un bonito juego de vajilla y una mesa de centro rústica de caoba manchada. Pero el apartamento mayormente parecía como si acabáramos de mudarnos, a pesar de que he vivido allí casi tres años y Reagan más de uno. No era la propiedad más bonita de la ciudad, pero al menos el vecindario tenía más familias jóvenes y profesionales solteros que niños ruidosos y desagradables del colegio, y estaba lo suficientemente lejos de la universidad que no teníamos que lidiar con una gran cantidad de tráfico el día del partido.
No era mucho, pero era un hogar.
Mi teléfono sonó. Puse los ojos en blanco, pensando que era Zayn, y me incliné para comprobar la pantalla. Era T. J.
Te extraño. Deberíamos estar acurrucándonos en mi cama en vez de lo que estoy haciendo ahora mismo.
_________________ no puede hablar ahora. Tiene resaca. Deje un mensaje después de la señal. BIIP.
¿Saliste anoche?
¿Esperabas que me quedara en casa y llorara hasta quedarme dormida?
Bien. No me siento tan mal ahora. 19
No, sigue sintiéndote mal. Está realmente bien.
Quiero oír tu voz, pero no puedo llamarte ahora. Voy a tratar de llamarte esta noche.
Bien.
¿Bien? Me parece un desperdicio de mensaje de texto.
Trabajar parece un desperdicio de fin de semana.
Touché.
Supongo que hablaremos más tarde.
No te preocupes, la humillación será suficiente.
Eso espero.
Era difícil estar enojada con T.J., pero era imposible acercársele. Por supuesto, sólo habíamos estado saliendo durante seis meses. Los tres primeros fueron increíbles, y luego T.J. fue asignado para dirigir este crítico proyecto. Me advirtió lo que podría pasar cuando decidimos tratar de hacer que esto funcionara a distancia. Era la primera vez que era puesto a cargo de un proyecto completo, y era a la vez un perfeccionista y una persona destacada. Pero el proyecto era el más grande en el que había trabajado, y T.J. quería asegurarse de que no se le pasara nada. Eso —lo que fuera que eso era— era importante. Tanto que, si terminaba bien, conseguiría un gran ascenso. Mencionó una noche tardía que tal vez podría conseguir un departamento más grande, y que podíamos discutir la posibilidad de mudarme allí el año que viene.
Prefiero estar en otro sitio que aquí. Vivir en una pequeña ciudad universitaria donde exactamente no estás en la universidad no es tan genial. No había nada de malo con la universidad. La Universidad Estatal del Eastern era pintoresca y hermosa. Quise asistir allí desde que podía recordar, pero después de un año en los dormitorios, tenía que mudarme a un apartamento por mi cuenta. Incluso si proporcionaba un refugio seguro lejos de la ridícula vida de los dormitorios, la independencia venía con sus propias dificultades. Estaba con sólo unas pocas clases al semestre, y en vez de graduarme este año, sólo era un estudiante de segundo año.
Los muchos sacrificios que tuve que hacer para mantener la independencia que necesitaba era exactamente la razón por la cual no podía estar resentida con T.J. por hacer sacrificios para sí mismo —incluso si yo era el sacrificio.
La cama se hundió detrás de mí, y la colcha se elevó. Una pequeña mano helada tocó mi piel, y salté. 20
— ¡Maldita sea, Ray! ¡Quita tus frías y desagradables manos de mí!
Se rio y me abrazó con más fuerza. — ¡Ya se ha desvanecido su frío mañanero! Kody está batiendo su docena o más de huevos, ¡y mi cama es como hielo ahora!
—Dios, come como un caballo.
—Es del tamaño de un caballo. En todas partes.
—Asco —dije, tapándome los oídos—. No necesito esa imagen tan temprano en la mañana. O nunca.
—Entonces, ¿quién está haciendo estallar tu teléfono? ¿Zayn?
Me di la vuelta para ver su expresión. —¿Zayn?
—¡Oh, no te hagas la tímida conmigo, ________________ Renee! Vi la expresión en tu cara cuando te entregó esa bebida.
—No hubo ninguna cara.
— ¡Definitivamente hubo una cara!
Me deslicé de vuelta hacia el borde de la cama, empujando a Reagan hasta que se dio cuenta de lo que yo estaba haciendo y gritó mientras caía al suelo con un ruido sordo.
— ¡Eres un ser humano malo y horrible!
— ¿Soy mala?—le dije, inclinándome sobre el borde de la cama—. ¡No le tiré la cerveza a una chica sólo porque quería su mesa de regreso!
Reagan se sentó con las piernas entrecruzadas, y suspiró. —Tienes razón. Me porté como una gran perra. La próxima vez, me comprometo a ponerle una tapa antes de tirarla.
Me caí hacia atrás contra mi almohada y me quedé mirando al techo. —No tienes remedio.
— ¡El desayuno!—gritó Kody desde la cocina.
Ambas nos apresuramos a salir de la habitación, riendo mientras luchábamos para ser la primera en salir por la puerta.
Reagan se sentó en el taburete detrás de la barra del desayuno por aproximadamente medio segundo antes de que yo la pateara. Aterrizó sobre sus pies, pero su boca estaba abierta.
— ¡Lo estás pidiendo hoy! 21
Tomé el primer bocado del panecillo de canela y pasas con mantequilla de manzana, y tarareaba mientras la bondad calorífica se derretía en mi boca. Kody había pasado bastantes noches aquí, así que sabía que yo despreciaba los huevos, pero como me hacía un desayuno alternativo, le perdonaba el olor a huevo podrido que llenaba nuestro apartamento cada vez que él pasaba la noche.
—Entonces —dijo Kody mientras masticaba—,Zayn Malik.
Negué con la cabeza. —No. Ni siquiera empieces.
—Parece que ya lo hiciste —dijo Kody con una sonrisa irónica.
—Ambos están actuando como si hubiera estado encima de él. Solo hablamos.
—Te compró cuatro bebidas. Y lo permitiste —dijo Reagan.

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                                  CAPITULO 2  (2)

—Y te acompañó hasta el coche —dijo Kody.
—E intercambiaron números de teléfono —dijo Reagan.
—Tengo novio —dije, un poco mojigata y tal vez fingiendo no saber de qué hablaban. Tenerlos conspirando contra mí me hacía actuar extraña.
—A quién no has visto en casi tres meses, y que te canceló dos veces —dijo Reagan.
—Por lo tanto, ¿es egoísta porque está dedicado a su trabajo y quiere ascender?—pregunté, en realidad no queriendo oír la respuesta—. Todos sabíamos que esto iba a suceder. T.J. fue honesto desde el principio acerca de lo exigente que podría ser su trabajo. ¿Por qué soy la única que no está sorprendida?
Kody y Reagan intercambiaron miradas y luego continuaron comiendo sus repugnantes fetos de pollo.
— ¿Qué harán hoy?—pregunté.
—Voy ir a comer a casa de mis padres —dijo Reagan—. También Kody.
Hice una pausa a mitad del bocado, y me quité el panecillo de la boca. — ¿En serio? Ese es un gran paso —dije con una sonrisa.
Kody sonrió. —Ya me advirtió acerca de su padre. No estoy nervioso.
— ¿No lo estás?—pregunté, con incredulidad.
Negó con la cabeza, pero parecía menos confiado. — ¿Por qué?
—Es un ex marine, y Reagan no es sólo su hija. Es su única hija. Es un hombre que ha luchado por la perfección y ha presionado sus propios límites toda su vida. ¿Crees que vas a entrar por la puerta, amenazando con quitarle su tiempo y atención con Reagan, y sólo va a darte la bienvenida a la familia? 22
Kody se quedó sin habla. Reagan me entrecerró los ojos. —Gracias, amiga. —Palmeó la mano de Kody—. No le agrada nadie al principio.
—Excepto yo —dije, levantando la mano.
—Excepto ______________. Pero ella no cuenta. No es una amenaza para la virginidad de su hija.
Kody hizo una mueca. — ¿No fue ese Jason Brasil hace como cuatro años?
—Sí. Pero papá no lo sabe —dijo Reagan, un poco molesta de que Kody mencionara El Nombre Que No Debemos Decir.
Jason Brasil no era un mal tipo, sólo fingimos que lo era. Fuimos todos juntos a la secundaria, pero Jason era un año más joven. Decidieron sellar el trato antes de que ella fuera a la universidad, con la esperanza de que ayudaría a consolidar su relación. Pensé que se cansaría de tener un novio que todavía asistía a la escuela secundaria, pero Reagan fue dedicada, y pasaron la mayor parte de su tiempo juntos. No mucho tiempo después de que Jason comenzó su primer año en la UEE, las maravillas de la universidad, unirse a una fraternidad, y ser la estrella de primer año del equipo de fútbol del Estado de Eastern lo mantuvo ocupado, y el cambio dio lugar a discusiones nocturnas. Respetuosamente la terminó, y nunca dijo una mala palabra sobre ella. Pero tomó la virginidad de Reagan y luego no cumplió su parte del trato: pasar el resto de su vida con ella. Y por eso sería siempre el enemigo de esta casa.
Kody terminó sus huevos y después comenzó a lavar los platos.
—Tú cocinaste. Voy a hacer eso —dije, empujándolo lejos del lavavajillas.
— ¿Qué vas a hacer hoy?—preguntó Reagan.
—Estudiar. Escribir ese trabajo que debo entregar el lunes. Puedo o no ducharme. Definitivamente no ir a casa de mamá y papá para explicarles por qué no dejé la ciudad como estaba previsto.
—Comprensible —dijo Reagan. Sabía la verdadera razón. Ya les había dicho a mis padres que iría a ver a T.J., y querrían saber por qué me había cancelado de nuevo. No lo aprobaban, y no tenía ningún interés en perpetuar el ciclo disfuncional de hostilidad que se creaba cuando más de uno de nosotros estábamos en la misma habitación. Papá estaría en un estado de ánimo hostil como siempre lo estaba, y alguien diría demasiado, como siempre lo hacemos, y papá gritaría. Mamá le pediría que parara. Y de alguna forma, de alguna manera, siempre terminaría siendo mi culpa.
Eres una estúpida por confiar en él, _____________. Guarda secretos, había dicho mi padre. No confío en él. Observa todo con ojos sentenciosos.
Pero esa era una de las razones por las que me enamoré de él. Me hizo sentir tan segura. Como que no importaba a donde fuéramos o lo que pasara, él me protegería.
— ¿Sabe T.J. que saliste anoche?
—Sí.
— ¿Sabe lo de Zayn?
—No preguntó.
—Nunca pregunta acerca de tus salidas nocturnas. Si Zayn no fuera la gran cosa, pensaría que lo mencionarías —dijo Reagan con una sonrisa.
—Cállate. Ve a casa de tus padres y deja que tu papá torture a Kody.
Las cejas de Kody se juntaron, y Reagan negó con la cabeza, acariciando su enorme hombro mientras caminaban hacia su dormitorio. —Está bromeando.
Cuando Reagan y Kody se fueron un par de horas más tarde, abrí los libros, el portátil y comencé a escribir mi trabajo sobre las ventajas de crecer con una computadora personal. — ¿A quién se le ocurre esta mie.rda?—gemí.
Cuando el documento fue escrito e impreso, comencé a estudiar para el examen de psicología que tenía el viernes. Todavía quedaba una buena semana de distancia, pero la experiencia me había enseñado que si esperaba hasta el último minuto, algo inevitablemente se presentaría. No era como si pudiera estudiar en el trabajo, y este examen sería particularmente difícil.
Mi celular sonó. Era Zayn de nuevo.

Esto es nuevo. Nunca he tenido a una chica que me dé su número y después me ignore.

Me reí, cogí el teléfono con ambas manos y tecleé una respuesta.

No te estoy ignorando. Estoy estudiando.

¿Necesitas un descanso?

No hasta que termine.

Está bien, ¿y después podremos comer? Me muero de hambre.

¿Hicimos planes para comer?

¿No comes?

¿… sí?

Bien, entonces. Planeas comer. Planeo comer. Vamos a comer.

Tengo que estudiar.

Está bien… DESPUÉS, ¿podemos comer?

No tienes que esperarme. Ve y hazlo.

Sé que no tengo. Pero quiero.

Pero no puedo. Así que ve.

Está bien.

Puse el teléfono en silencio, y lo deslicé bajo mi almohada. Su persistencia era tan admirable como molesta. Por supuesto, sabía quién era Zayn. Éramos de la misma generación que se graduó en Eakins High. Lo había visto convertirse del niño sucio y mocoso que comía crayones y pegamento al hombre alto, tatuado y excesivamente encantador que era ahora. Desde el momento que obtuvo su licencia de conducir, labró su camino entre sus compañeras de clase en el instituto y alumnas de Eastern State, y juro que yo nunca he sido una de ellas. No es que él lo hubiera intentado antes. Hasta ahora. No quería estar halagada, pero era difícil no estarlo después de ser una de las pocas chicas con la que Zayn y Travis Malik nunca habían intentado dormir. Supongo que esto demostraba que no tenía un aspecto tan lamentable. T.J. era bello en calidad de revista, y ahora Zayn me enviaba mensajes de texto. No estaba segura de qué era diferente en mí entre la escuela secundaria y la universidad, que captó la atención de Zayn, pero sabía lo que era diferente en él.
Menos de dos años atrás, la vida de Zayn cambió. Viajaba en el asiento del pasajero en el Jeep Liberty de Mackenzie Davis, se dirigían a una fiesta de vacaciones de primavera. El Jeep quedó apenas reconocible cuando fue arrastrado de vuelta a la ciudad en un remolque al día siguiente, al igual que Zayn cuando regresó a Eastern. Tragado por la culpa de la muerte de Mackenzie, Zayn no podía concentrarse en clase, y para mediados de abril, decidió regresar a casa de su padre y dejar todas sus clases. Travis había mencionado pequeñas cosas sobre su hermano en noches de poca actividad en el Red, pero no había oído hablar mucho más sobre Trenton.
Después de otra media hora de estudiar y de masticar mis apenas uñas, mi estómago empezó a gruñir. Caminé hacia la cocina y abrí el refrigerador. Aderezo
Ranch. Cilantro. ¿Por qué diablos está la pimienta negra en la nevera? Huevos… ew. Yogur sin grasa. Peor aún. Abrí el congelador. Genial. Burritos congelados. 25
Justo antes de apretar los botones del microondas, llamaron a la puerta. — ¡Reagan! ¡Deja de olvidar tus malditas llaves! —Mis pies descalzos caminaron alrededor de la barra del desayuno y por la alfombra beige. Después de girar la cerradura del pestillo, tiré de la pesada puerta de metal, y al instante crucé los brazos sobre mi pecho. Sólo vestía una camiseta blanca y bóxers, sin sostén. Zayn Malik estaba en la puerta, sosteniendo dos bolsas de papel blancas.
—Almuerzo —dijo con una sonrisa.
Durante medio segundo, mi boca reflejó la suya, pero luego desapareció rápidamente. — ¿Cómo supiste dónde vivo?
—Pregunté por ahí —dijo, pasándome. Colocó las bolsas en la barra de desayuno, y empezó a sacar los contenedores de comida—. Del Golden Chick. Su puré de papas y salsa me recuerdan al de mi mamá. No estoy realmente seguro de por qué. No la recuerdo cocinando.

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                                  CAPITULO 2  (3)

La muerte de Dianne Malik había sacudido a nuestra ciudad. Estaba involucrada en la Asociación de Padres y Maestros, la Liga Junior Welfare, y entrenó al equipo de fútbol de Taylor y Tyler durante tres años antes de que fuera diagnosticada con cáncer. Me tomó por sorpresa que la mencionara tan a la ligera, aunque supongo que no debería de hacerlo.
— ¿Siempre atacas por sorpresa el apartamento de una chica con comida?
—No, pero ya era hora.
— ¿Hora para qué?
Me miró, inexpresivo. —Para el almuerzo. —Entró en la cocina y empezó a abrir los armarios.
— ¿Qué estás haciendo ahora?
— ¿Platos?—preguntó.
Señalé el gabinete correcto y sacó dos, los colocó en el bar, y luego comenzó a servir patatas, salsa, maíz y a dividir el pollo. Y luego se fue.
Me quedé parada junto a la barra, en mi pequeño y tranquilo apartamento, con los olores de pollo y salsa flotando por el aire. Esto nunca me había pasado antes, y no estaba segura de cómo reaccionar.
De repente la puerta se abrió de golpe, y Zayn regresó, pateando la
puerta para cerrarla detrás de él. Tenía en la mano dos grandes vasos de plástico con popotes saliendo del borde.
—Espero que te guste el refresco de cereza, muñeca, o no podemos ser amigos. —Puso las bebidas al lado de cada plato, y luego se sentó. Levantó la vista hacia mí—. ¿Y bien? ¿Te vas a sentar o qué?
Me senté.
Zayn metió el primer trozo de comida en su boca, y, después de algunas vacilaciones, hice lo mismo. Era como una pequeña bola de paraíso en mi lengua, y una vez que empecé, la comida en mi plato como que desapareció.
Trenton levantó un DVD de Spaceballs. —Sé que dijiste que estabas estudiando, así que si no puedes, no puedes, pero Thomas me la prestó la última vez que estuvo en la ciudad, y todavía no la he visto.
— ¿Spaceballs? — pregunté, levantando una de mis cejas. La había visto con T.J. un millón de veces. Era una especie de cosa nuestra. No la vería con Zayn.
— ¿Eso es un sí?
—No. Fue muy amable de tu parte traer el almuerzo, pero tengo que estudiar.
Se encogió de hombros. —Puedo ayudar.
—Tengo novio.
Zayn ni se inmutó. —Entonces no es mucho uno. Nunca lo he visto por ahí.
—Ya no vive aquí. Él… va a la escuela en California.
— ¿Nunca viene a casa de visita?
—Todavía no. Está ocupado.
— ¿Es de aquí?
—No es asunto tuyo.
— ¿Quién es?
—Tampoco es asunto tuyo.
—Bien —dijo, recogiendo la basura y arrojándola al bote de basura en la cocina. Agarró mi plato, después él suyo y los enjuagó en el fregadero—. Tienes un novio imaginario. Lo entiendo.
Abrí la boca para discutir, pero hizo un gesto hacia el lavavajillas. — ¿Están sucios?
Asentí.
— ¿Trabajarás esta noche?—preguntó, llenando el lavavajillas, y luego buscando el jabón. Cuando lo encontró, vertió un poco en el pequeño recipiente y luego cerró la puerta, pulsando el botón de inicio. La habitación se llenó de un sonido ronróneante bajo y calmante.
—No, tengo el fin de semana libre.
—Increíble, también yo. Pasaré más tarde por ti.
— ¿Qué? No, yo…
— ¡Nos vemos a las siete!—La puerta se cerró, y una vez más el apartamento estuvo tranquilo.
¿Qué acaba de pasar? Corrí a mi habitación y cogí mi celular.
No iré a ninguna parte contigo. Te lo dije, tengo novio.
Mmm, bien.
Mi boca se abrió. En serio, no iba a aceptar un no por respuesta. ¿Qué iba a hacer? ¿Dejarlo frente a mi puerta, golpeando hasta que se diera por vencido? Eso sería grosero. ¡Pero también él! ¡Dije que no!
No había ninguna razón para ponerse como loca. Reagan estaría en casa, probablemente con Kody, y le podría decir que salí. Con otra persona. Eso explicaría por qué mi coche estaría todavía en su lugar de estacionamiento.
Yo era muy, muy inteligente. Lo suficientemente inteligente como para haber mantenido mi distancia de Zayn todos estos años. Lo había visto coquetear, seducir y botar desde que éramos niños. No había absolutamente ningún truco que Zayn Malik pudiera jugar conmigo para el cual no estaría lista.

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Listo :ok_hand: Espero lo lean, les guste y comenten :heart:

Jacky.

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Uy!
Quiero mas, quiero mas!!!
Siguela pronto plis!!!

Hey! Una pregunta este es el primer libro de “The Maddox Brothers” cierto?
Bueno solo eh leido lo que es Beautiful Disaster y bueno fue FENOMENAL!
Asi que espero mucho de este libro y bueno la adaptacion se que sera increible… Asi que
S I G U E L A!