Alquila el apartartamento de su amigo en su ausencia

Lo primero que pensó es que unos juerguistas habían asaltado su apartamento para correrse una fiesta. Pero cuando abrió la puerta de la habitación principal y encontró a una pareja de jóvenes durmiendo desnudos, directamente entró en pánico.

¿Quiénes eran esos okupas? ¿Qué hacían en su casa? ¿Dónde estaba su compañero de piso, que se supone iba a cuidar de la casa cuando él no estuviera? Tras despertar e interrogar a los indeseados inquilinos, Robert descubrió la insospechada verdad: alguien había puesto su piso en Airbnb y los jóvenes simplemente lo alquilaron.

Según le explicaron, el compañero de apartamento de Robert les había entregado las llaves y les había explicado el funcionamiento de los electrodomésticos. Vamos, como habría hecho cualquier casero.

Roberto no se lo creía. Su amigo había alquilado su habitación para ganar dinero durante las semanas que él no iba a estar, y eso que el había pagado el alquiler religiosamente. Pero lo peor no era la traición. Lo peor es que la casa estaba siendo utilizada como una especie de picadero y ‘speakeasy’: los inquilinos la utilizaban para hacer fiestas.

A pesar de que Robert Corwin ha reclamado a Airbnb, la compañía se ha lavado las manos asegurando que poco puede hacer en su caso, ya que “no controla ni regenta las viviendas que están en alquiler, ni tampoco puede entrometerse en contratos entre particulares”. Así que lo único que puede hacer Robert es limpiar su casa a fondo y cambiar de compañero de apartamento.

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