Ali al Nimr puede ser decapitado y crucificado en Riad

En cualquier momento el joven saudí Ali al Nimr puede ser decapitado sable y posteriormente crucificado en Riad, según han advertido los expertos judiciales de la ONU.

El joven fue condenado en el año 2012 por haber participado en las manifestaciones de la primavera árabe en Qatif, ciudad de predominante población chií en las provincias orientales de Arabia Saudí, ricas en yacimientos petrolíferos. Al Nimr tenía entonces 17 años y estudiaba en un instituto.
En el reino de los Saud fue escaso el contagio de las primaveras árabes. No vivió las jornadas de entusiasmo popular como en Túnez, Bengasi, El Cairo, Damasco o Sana. La represión policial y el talante sumiso de sus habitantes impidió aquella quimera revolucionaria. Además, el anterior rey Abdulah echó mano rápidamente de sus caudales para satisfacer algunas de las urgencias materiales de sus súbditos.

Al Nimr, torturado en los interrogatorios, condenado a la pena de muerte, fue acusado de pertenecer a una organización terrorista, empuñar armas y haber atacado a las patrullas de la policía con cócteles molotov. En su juicio, el joven no contó con un adecuado abogado defensor. Ahora, agotados todos los recursos de la ley, sus familiares y organizaciones de defensa de derechos humanos temen por su inminente decapitación.

Si se consumase, coincidiría paradójicamente con el nombramiento del embajador saudí en la sede de las Naciones Unidas de Ginebra para un puesto en su Comisión de los Derechos Humanos. El Reino de la Casa de los Saud, gran protegido de Estados Unidos desde que en 1945 el presidente Franklin Delano Roosevelt y el rey Iban Saud firmasen su pacto en el buque Quincy de la armada estadounidense, ha ejecutado entre 1985 y 2015 a un total de 2.880 personas, entre ellas menores de edad, extranjeros y ­discapacitados mentales. En lo que va de año han sido condenados a la pena capital 134 personas, 44 más que el año pasado.

En el trasfondo del caso de Al Nimr yace la suerte de la minoría musulmana chií que habita en la región oriental del reino, cerca del archipiélago de Bahrein, pequeño reino donde la revuelta de la mayoría chií contra la monarquía suní fue aplastada por los carros de combate saudíes y no contó con el apoyo y la propaganda de Al Yazira.

Al Nimr es sobrino del destacado jeque chií Bakr al Nimr , también condenado a muerte por sus inflamadas prédicas contra el trono de los Saud.

En la ciudad de Qatif, con sus pobres suburbios chiíes, la hostilidad entre la clase dominante suní y esta minoría discriminada se remonta, sobre todo, a 1979, tras la revolución jomeinista del Irán. Con frecuencia los gobernantes de Riad les acusan de subversivos y de cooperar con fuerzas extranjeras.